Lo que no se ve Capítulo XXIV
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Capítulo XXIV

XXIV

La voz de Adriana suena entusiasmada al otro lado del teléfono. Ya tiene dos entrevistas apalabradas en dos de los periódicos más punteros de Cataluña y una de ellas es a doble página en la sección central.

—Y ahora viene lo mejor —me dice—. ¿Preparada?

—¡Suéltalo!

—¡Margot Collado ha dicho que sí! ¡Va a venir a la inauguración de la expo e incluso está dispuesta a hacer un discurso de presentación si tú quieres! —la oigo chillar.

—¿Quééé? ¿En serio?

—Cata, lo vas a petar. En cuanto se lo he explicado, le ha encantado el concepto de violencia invisible. Por lo visto, ya conocía tu obra por Instagram y, bueno, total, que me ha dicho que sí.

—¡Qué puntazo! Gracias, Adriana —exclamo emocionada.

—Solo hay un pequeño inconveniente. El 16 de enero ella está de viaje. Tendríamos que mover la inauguración a la primera semana de febrero. ¿Cómo lo ves? ¿Crees que puedes hablar con tu galerista para que lo retrase un par de semanas?

—¡No creo que haya problema! Y menos si es para que venga Margot Collado. A ella también le interesa, para darse publicidad.

—Genial, pues confírmalo y lo cerramos. Cata, ¡que lo petas! Es una colección brutal y la energía está de nuestra parte. ¡Lo noto!

En cuanto cuelgo con Adriana, llamo a Yago para darle la noticia.

—Guau, amor, cuánto me alegro. Si es que, al final, ¡voy a salir con una famosa! Estoy tan orgulloso de ti —exclama.

—Gracias, cariño, ¡estoy feliz! Por cierto, solo hay un pequeño inconveniente y es que habrá que retrasar la fecha de la inauguración hasta febrero.

—¡Ostras! Cariño, yo tenía pensado irme a Canarias el día después de la expo. Llevo aguantando aquí por ti semanas, no puedo quedarme hasta febrero. Sería retrasarlo demasiado.

—Sí, ya lo sé, pero ¿no puedes esperar dos semanas más? Ya sé que tienes ganas de irte, pero…

—Cata, es que no tengo nada que hacer aquí. Paso los días esperando a empezar mi sueño. Lo siento mucho, en serio. Yo quiero estar, pero no puedo más.

Se me viene el mundo encima al oír la rotundidad de sus palabras.

Me hacía tanta ilusión que Yago viniera a la inauguración…

, pero entiendo que él no está bien, hace semanas que me lo dice y ya se había hecho la idea de irse en enero.

No me puedo creer que se lo vaya a perder y sería egoísta por mi parte pedirle que se quede.

—Bueno, a mí me haría mucha ilusión que estuvieras, pero haz lo que sientas, ¿qué te voy a decir?

—Cata, nada me haría más ilusión que estar allí contigo.

De algún modo, estaré, aunque no sea físicamente.

Pero aquí me voy a volver loco. Los días pasan sin trabajo, sin planes, sin nadie.

Mi familia no me habla y acabo de cerrar una etapa.

He tomado una de las decisiones más importantes de mi vida y ahora mismo estoy en pausa. No puedo más, amor. Necesito irme.

Siento su hartazgo, su angustia y lo perdido que está, y me duele. Necesita urgentemente encontrarse a sí mismo. Si lo mejor para él implica que se pierda mi presentación, pues supongo que tendré que aceptarlo.

En cuanto cuelgo con Yago, llamo a Julieta para desahogarme.

—Cata, entiendo que estés disgustada, pero piensa que él está en un momento crucial de su vida. Plutón le está pasando por el ascendente y esto implica vivir una muerte y un renacimiento. Es duro, pero una parte de él debe morir, simbólicamente, claro. Seguro que no lo está pasando bien.

—¿Cómo lo sabes?

—Porque recuerdo su carta y la energía está muy tensa. A ver, podría quedarse unos días más y no le pasaría nada, pero si quiere irse es porque lo debe necesitar. Tal vez si se queda sea peor.

—Julieta, la semana que viene es el cumpleaños de Yago. ¡Se me acaba de ocurrir que podría regalarle la revolución solar de su próximo año!

—Me parece una idea genial, y además estos días estoy bastante libre, puedo darle cita mañana mismo si quieres.

—¡Gracias! Se lo digo, ahí estará.

Cuando le veo aparecer por la puerta de la cafetería, Yago tiene una expresión de entusiasmo contenido. Intuyo que la sesión con Julieta ha ido bien.

—Cata, Julieta es brutal, estoy impresionado por todo lo que me ha dicho.

—¿Verdad que sí? Es fantástica. ¿Qué te ha dicho? —pregunto impaciente.

—Buf, un montón de cosas, a ver si me acuerdo de todo. Lo primero es que estoy en un punto de inflexión en mi vida. Dice que cuando salga de este proceso de muerte y renacimiento voy a ser una persona totalmente diferente: cambiaré de imagen, de trabajo, de modo de vida, de gente, de amigos…

—Qué fuerte… ¿Y qué más?

—Me ha dicho que ella pasó exactamente por el mismo proceso hace unos pocos años. Que la vida le dio un revés y que se quedó sin nada, sin trabajo, sin pareja, sin salud… Eso hizo que ahora sea una persona nueva.

—Es cierto, salió de un mundo de mucha oscuridad para ser quien es ahora. No fue nada fácil.

—Vale, pues dice que en mi carta ve lo mismo. Me ha insinuado que de donde yo vengo hay mucha oscuridad y que tengo que conectar más con mi esencia y con mi espíritu libre.

—Ostras, pues esto coincide con lo que nos dijo Ángela…

—Sí, recuerdo que mis guías decían que la prueba es ahora, lo mismo que me ha dicho Julieta. Me ha remarcado que se me va a despojar de todo. Y que la vida me pide un acto de valentía.

—Suena potente… Espero que no te despoje también de tu novia —le digo.

—No, amor, ¿sabes lo que me ha dicho? Que tú eres la llave hacia esa nueva vida.

—¿En serio te ha dicho eso? —pregunto emocionada.

—Sí, y que te he encontrado en esta encrucijada de la vida por algún motivo. Nada es casual, y tú eres la que me va a ayudar a pasar al otro lado.

—Guau, me flipa. Si lo dice Julieta, créetelo, porque ella nunca dice las cosas por decir.

—Sin embargo, no va a ser fácil. Me ha dicho que para avanzar necesito dejar de huir, que es lo que he hecho siempre, y hacerme cargo de mi mundo emocional.

—¿Y eso qué significa?

—A ver, no lo sé muy bien. Me ha dicho algo de un encuentro con mi sombra, y que el reto es soltar mis miedos.

Le escucho en silencio, recordando el proceso de Julieta. ¡Yago y ella se parecen tanto! Por eso sé que puede ayudarle.

—Y de tu trabajo como terapeuta o con la masculinidad consciente ¿qué te ha dicho?

—Según ella, lo tengo todo para ser un buen terapeuta. Cree que puedo ayudar a muchos hombres, siempre que haga mi trabajo primero, claro.

—Me alegro mucho de que te haya servido.

—Ha sido genial, Cata. Es el mejor regalo que me han hecho en mucho tiempo. Gracias, de verdad —dice y me besa en los labios.

Su entusiasmo es contagioso y hace que confíe, todavía más, en que todo va a salir bien.