Capítulo XIII
XIII
Llego un poco antes que Julieta y me siento en la terraza, junto a una estufa. Pido un vino blanco y reviso el correo mientras la espero. Llega pocos minutos después, apresurada.
En cuanto le sirven su copa, las palabras se me escapan. Le vomito sin filtro la discusión con Yago por el tema de Nacho, incapaz de seguir sosteniendo el torbellino que llevo dentro desde hace días. Necesito una mirada externa y sé que Julieta me dirá la verdad sin paños calientes.
—Yo creo que es cosa suya. Son sus miedos de toda la vida —afirma Julieta con seguridad.
—Pero los conflictos no surgen de la nada, algo debo de estar haciendo yo para que sienta que no es una prioridad, ¿no? En un conflicto, la responsabilidad es siempre compartida.
—Yo no lo veo —insiste.
—¿Y que Nacho lo invitara a su cumpleaños lo ves tan grave?
—Para nada. Me parece un gesto muy generoso por su parte. Otra cosa es que a Yago no le apetezca ir, pero su reacción fue desproporcionada.
—No sé, pienso que tal vez debería poner más límites con Nacho para que Yago no se sienta invadido.
—A ver, Cata, él está con una mujer que tiene un exmarido y unos hijos. Es parte del paquete, no se puede cambiar. Si quiere estar contigo, tendrá que aceptarlo. Además, Nacho no es nada invasivo.
—Es que siento que no puedo entregarle el cien por cien de mí, pero, en cambio, él me trata como una reina. ¡Eso me hace sentir fatal!
—Cata, no sé por qué dice eso. ¡Si todo tu tiempo libre lo pasas con él! ¿Qué más quiere?
—No lo sé, Julieta. Yo también estoy confundida, pero si lo siente es por algún motivo. Algo debo estar haciendo mal.
—Mira, yo creo que, cuando la cosa se ha puesto seria, le ha entrado el miedo y lo sabotea sin darse cuenta. Te quiere, pero se asusta de lo que siente.
—¿Y qué hago yo con eso?
—Nada, no es tuyo, es suyo. Si de verdad quiere estar contigo, tendrá que enfrentarlo en lugar de liártela con estas cosas.
—Vamos a empezar terapia con Clara Mañas.
—Me parece una gran idea. Espero que le ayude a dejar esa rigidez mental que tiene y a confiar en ti.
Después de hablar con Julieta, me siento más tranquila. Ella tiene el don de dar con la tecla exacta. Al menos, ahora entiendo mejor lo que está pasando.