Lo que no se ve Capítulo IX
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Capítulo IX

IX

Ha pasado casi un mes desde las pruebas y, como ni Yago ni yo hemos vuelto a tener síntomas, cuando la ginecóloga me llama para que acuda a por los resultados doy por hecho que todo fue una falsa alarma.

La doctora, de nuevo la sustituta, mantiene la mirada fija en la pantalla mientras los dedos se mueven rápidamente sobre el teclado. Finalmente, levanta la vista hacia mí.

—Se confirma que es clamidia —dice de forma directa.

Un escalofrío recorre mi cuerpo.

—Pero… si hace más de un mes que no tengo síntomas. ¿Estás segura?

—Sí, es normal si eres asintomática, pero los resultados son claros, Catalina.

Respiro hondo varias veces, intentando encajar la noticia. Nunca había pasado por algo así. Una sensación repugnante invade mi cuerpo y en mi cabeza se agolpan un montón de preguntas que necesito hacer. La primera es inevitable:

—Doctora, ¿cuánto tiempo de incubación tiene el virus? —Nunca he dudado de Yago, pero, aunque me parezca casi imposible, necesito estar segura.

—El periodo de incubación puede variar mucho.

—Pero habrá una media aproximada, ¿no? —insisto.

—Los síntomas pueden aparecer en un rango de entre tres semanas a varios meses desde que contraes el virus.

Por un lado, la información de la doctora me tranquiliza, pero, por otro, sigo teniendo muchas preguntas sin resolver.

—Te recetaré un antibiótico; ambos debéis tomarlo a la vez para que el tratamiento sea efectivo.

Subo al coche con ganas de llorar y una rabia que no sé de dónde me sale. Busco en Google todo sobre la clamidia. Periodo de incubación: tres semanas, aunque no se puede asegurar. Si eres asintomático, puede activarse más adelante.

Visto lo visto, enseguida deshecho la idea de que él haya podido engañarme.

Su obsesión por ser ROCA, su valor de lealtad y su coherencia inquebrantable hacen que me resulte imposible.

Además, somos almas gemelas, tenemos algo único y el mejor sexo del mundo.

No tiene sentido. Me siento mal tan solo de ponerlo en duda.

Le doy la noticia en cuanto descuelga el teléfono. Tampoco se lo esperaba, pero su tono cambia cuando me pregunta cómo estoy. Sabe que necesito respuestas, necesito saber quién fue.

—Cata, solo pudo ser la chica con la que estuve unas semanas antes de conocerte. Me mata hacerte pasar por esto, de verdad que lo siento. Ahora solo quiero hacer el tratamiento y olvidarme del tema, pero te lo compensaré.

Lanzo un suspiro, pero no digo nada más. Siento una mezcla de sensaciones y mucha confusión. Supongo que estas cosas pasan y que nadie tiene la culpa. Solo puedo aceptarlo y olvidar que ha pasado.