Capítulo XXIII
XXIII
Cuando regreso a casa son las dos de la madrugada y todos están durmiendo. Encuentro a los mellizos en mi cama. Me enternece verlos y, a la vez, me invade la culpa por no haber pasado más tiempo con ellos hoy.
Me meto en la cama sin despertarlos. La cabeza no se detiene: el viaje imprevisto de Yago, el enfrentamiento con mi padre, el «te quiero» inesperado.
Hay días en los que no pasa nada y otros en los que ya no cabe nada más.
Miro la hora en el móvil. Son las tres y diecisiete.
Lo dejo boca abajo. No sé cuándo cerré los ojos.
A la mañana siguiente me despierto temprano. Mi padre ha salido a comprar el desayuno y los niños siguen dormidos. Mi madre está en el jardín con un café y una revista.
—Buenos días. ¿Ya te ha contado papá lo de ayer?
Ella da un pequeño brinco y suspira.
—Sí. Anoche no hablaba de otra cosa.
—¿Y tú qué le dijiste?
—Lo de siempre, que es tu vida y que, si eres feliz, debemos apoyarte.
—Es que no estoy haciendo nada malo, pero me siento juzgada todo el rato.
—Lo sé, cariño. Pero es su forma de cuidarte.
—¡Ese es el problema, mamá! Y yo ya no puedo más.
—Te entiendo, Cata. Ya sabes cómo es tu padre, no lo vamos a cambiar. Y tú a veces eres un poco radical, ¿no crees?
—Lo único que pido es respeto, ¿eso es ser radical?
—No, pero él no puede verlo. Tu abuelo era igual, amor con mano dura.
—No puede tratarme así, y menos delante de mis hijos. Me hace pequeña, mamá.
Mi madre me abraza.
—Catalina, nadie puede hacer eso porque tú eres enorme. No hagas caso a tu padre, solo necesita tiempo. Ah, y el coche es mío, puedes cogerlo. Ya se lo he dicho a tu padre.
Sonrío y la abrazo con gratitud.
En ese momento aparecen los mellizos, despeinados y medio dormidos.
Los beso y les propongo pasar el día juntos, haciendo lo que ellos quieran.
Vamos a la playa y alquilamos un patín con tobogán.
Lucas explora las cuevas de la cala y Chloe se lanza una y otra vez entre risas.
Les compro un helado y me tumbo al sol. Yago me ha escrito: ha cambiado sus planes y se ha quedado cerca, por si lo necesito.
Por la noche salimos al centro a por unas crêpes . Tres de jamón y queso y una de Nutella para compartir. Los niños se duermen en el coche de vuelta. Mis padres han salido a cenar y yo me acuesto con los mellizos, vencida por el cansancio.