Capítulo XIV
XIV
Nada más abrir la puerta, entiendo que llegue con media hora de retraso.
Yago se disculpa y me explica que, justo antes de salir, se puso a hablar con un hombre que había dormido en su coche la noche anterior, junto a la furgo.
Sin trabajo, sin dinero, sin familia. La historia le ha conmovido tanto que le ha dado cincuenta euros y algo de comida. Mañana pasará a ver cómo está.
No puedo enfadarme. Su gesto me parece tan noble que casi diría que suma puntos.
En cuanto entra en casa, me da un beso lento y me extiende unos papeles con una sonrisa cómplice.
—¡Todo perfecto! —exclama.
Confundida, echo un vistazo. Es una analítica.
—Como tú ibas a hacerte una, lo justo era hacérmelos yo también. Así los dos estamos tranquilos.
Sonrío y saco el móvil para enseñarle los míos. Sus ojos brillan. Me rodea por la cintura y en un susurro pregunta:
—Cariño, ¿esto significa lo que creo?
—No sé qué estás pensando…
—Que tenemos exclusividad —dice con cautela— y que podemos dar rienda suelta a nuestra pasión sin barreras.
—Bueno, yo ya la tenía…
—Claro, y yo también. Pero es mejor dejarlo claro. No podría estar contigo si supiera que estás con otras personas.
—Ni yo…
—Te quiero solo para mí —añade antes de besarme de nuevo, como sellando un pacto.
Me acerca aún más y la química estalla. Nos entregamos sobre la mesa del comedor, rápido y arrollador.
De fondo, vuelvo a oír ese zumbido persistente, igual que las otras veces.
Esta vez no lo aparto. Abro los ojos un instante y los deslizo por la habitación: la ropa en el suelo, la mesita, el móvil de Yago boca abajo junto a la lámpara.
Nada que justifique ese sonido. Yago no da señales de haberlo notado, o eso parece.
Cierro los ojos y me dejo llevar, pero algo ha cambiado. El zumbido ya no suena igual.
Al acabar el arrebato de pasión, noto que él acaba fuera. Me quedo mirándolo en silencio, extrañada. Yago sostiene mi mirada y habla primero:
—Cata, ¿te molesta que lo hagamos así? Es que, a pesar de la vasectomía, tengo mucha paranoia con el tema de los embarazos.
—No me molesta, pero me ha sorprendido. Hazlo como tú quieras —respondo con una sonrisa.
—Eres un amor. Gracias por entenderme —dice abrazándome con fuerza.