Capítulo X
X
Son las seis y media del viernes cuando abro los ojos. Los nervios no me dejan dormir más. Medito unos minutos, estiro el cuerpo con un poco de yoga y me preparo un café, aún en pijama. El móvil rompe la calma.
Es Yago. Hoy escribe antes de lo habitual.
Catalina, deseo muchísimo hacerte el amor. Sentir tu cuerpo, besarte… me sienta increíblemente bien
No es el tipo de mensaje que esperaba a esta hora. Aun así, el juego me gusta.
Lo estoy deseando
Ve pensando en lo que te voy a hacer…
Para ya o no voy a poder trabajar hoy
Quiero besarte y no parar hasta mañana
Sonrío al leerlo y un cosquilleo me recorre la piel. El día promete.
Las horas pasan entre mensajes que avivan la expectativa. No consigo sacarlo de mi cabeza ni dejar de imaginar cómo será la noche.
Para la cita elijo mi vestido verde de seda, ligero, con escote y una abertura sutil.
A las siete llego a la plaza del Born. Dos minutos después, Yago dobla la esquina.
Su mirada se cruza con la mía sin apartarla ni un segundo mientras se acerca hasta quedar a centímetros de mis labios.
Me besa con suavidad, recorre el vestido con los ojos y me susurra al oído:
—¿Sabes dónde quedaría muy bien ese vestido?
Le miro divertida y niego con la cabeza.
—En el suelo de mi furgo —dice guiñándome un ojo.
—Dame un par de horas —digo siguiéndole el juego
Yago coge mi mano y me lleva a una terraza cercana. Pide dos vinos que apenas probamos. La conversación se diluye entre besos largos y sonrisas cómplices. No tardamos en irnos. En el coche, el aire se llena de insinuaciones, caricias y de una expectación que crece con cada semáforo.