Capítulo V
V
A la mañana siguiente apago el despertador casi sin pensar y me quedo unos minutos más en la cama. Me costó dormirme. La cita con Yago me removió más de lo que quiero admitir. Cojo el móvil de la mesita y veo que en la pantalla hay un mensaje suyo, recién enviado.
Buenos días, Cata. Ganas de volver a verte
Lo acompaña un selfi con gesto de shaka y la pulsera visible en su muñeca. Sonrío.
El resto del día intento sumergirme en la rutina, pero la resaca emocional persiste. Por la tarde, mientras los mellizos juegan en el parque, vuelvo a mirar el móvil y le escribo.
Pensando en ti
Adjunto una foto discreta en la que se intuye la pulsera. Contesta casi al instante.
Ufff, esa mirada… Yo también en ti, no he podido sacarte de mi cabeza
Sigo sonriendo hasta que Chloe se acerca llorando con una rascada en la rodilla. Guardo el móvil y nos vamos a casa. Una tirita de princesas lo arregla todo. Luego hacemos pan de plátano para el desayuno de mañana.
Por suerte, los días pasan volando y Yago me escribe con frecuencia. Sus mensajes llegan como si me leyera el pensamiento.
Siempre he tenido la sensación de no encajar del todo en este mundo. Esa incomprensión me acompaña desde pequeña; el arte ha sido mi refugio, la forma de decir lo que no sabía explicar. Con Yago es diferente. Es como si viera el mundo como yo. Como si me viera a mí.
El miércoles me despierto impaciente por verle. Como cada mañana, su mensaje ya está ahí.
Buenos días, Catalina. Hoy me va un poco mal quedar, tengo una reunión con un cliente fuera de Barcelona y acabaré a las mil. Podemos vernos otro día… No sé cómo lo tienes
El mensaje me cae como un jarro de agua fría. La ilusión con la que había despertado se desploma de golpe. Lo entiendo, me digo. Aun así, duele. Me esfuerzo por no dramatizar. Todavía no somos nada. Es normal que pasen estas cosas, cada uno tiene su vida.
Respiro hondo y contesto con la mayor calma que puedo reunir.
No te preocupes, quedamos otro día
Lo siento, Catalina. Tengo muchas ganas de verte. ¿Puedo llamarte esta noche?
A continuación, me manda una foto de sus pies hundidos en la arena, con el mar al fondo.
Faltan los tuyos
Escribe debajo.
Le respondo con un emoticono sonriente, aunque no estoy sonriente. Algo en mí se inquieta; tal vez lo de la reunión no sea cierto. No tengo motivos para desconfiar, me digo, pero el runrún no desaparece.
A las nueve suena el teléfono. Estoy en la cocina terminando mi ensalada cuando veo su nombre en la pantalla. Nada más descolgar, se disculpa por la cancelación y me dice que se muere de ganas de verme. Me recuerda nuestros besos en el Born y, al final, consigue ablandarme.
Propone vernos el fin de semana, pero ya tengo planes con Julieta y Ángela, así que le sugiero el lunes.
—Jo, falta mucho para el lunes —se queja.
Yo también me muero por verle, pero no voy a cambiar mis planes.
—Ya lo sabes, con dos hijos, mi agenda no es muy flexible —le digo.
—OK, lo pillo. Entonces, resérvame el lunes y no lo muevas por nada —dice con esa mezcla suya de insistencia y encanto—. Esta vez no fallaré.
Me acomodo en el sofá mientras su voz me envuelve durante casi una hora. Me confiesa que no puede sacarse de la cabeza mi olor, nuestros besos… Oírselo decir aviva lo que siento por él, aunque no se lo digo. Prefiero escucharle.
Su forma de expresarse, abierta, vulnerable, sin miedo, me fascina. No he conocido muchos hombres así.
—Catalina, cada vez estoy más a gusto contigo. Me gustaría cocinar para ti el lunes, prepararte esa cena pendiente bajo las estrellas. ¿Qué dices?
Me apetece, pero dudo. Subirme a su furgoneta me da vértigo. No quiero parecer desconfiada, pero tampoco una mojigata. Una parte de mí pide calma; otra quiere romper la rutina y dejarse llevar.
Gana la aventura.
—Me encantará —respondo, con un leve temblor en el estómago.
—¡Qué bien! No te vas a arrepentir.
—Eso espero —digo disimulando el nerviosismo.
—Yo me encargo de todo. Tú solo déjate cuidar.
Cuando colgamos, una descarga me recorre el cuerpo. Con Yago me siento muy bien. Su romanticismo me conquista, y seguirá haciéndolo a lo largo de toda nuestra relación.
Ahora estoy segura: quiero pasar la noche con él. Una noche que —aunque yo aún no lo sepa— lo cambiará todo.