Lo que no preguntaste CAPÍTULO 33Siete días #3
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CAPÍTULO 33Siete días #3

Le pregunté entonces por qué respondía hablando de conclusiones policiales en lugar de decirme simplemente que la investigación había demostrado que él no había asesinado a Lily.

Durante unos segundos no hubo más sonido que el murmullo apagado de la oficina detrás del cristal.

Alguien pasó por el corredor, otra persona apareció unos metros más atrás y Daniel esperó hasta que ambos desaparecieron.

Después dijo que estaba preguntándole por la peor noche de su vida en mitad de su jornada de trabajo.

Le respondí que no era eso lo que estaba haciendo.

Le había preguntado si había asesinado a Lily y había dicho que no.

Yo le creía. Precisamente por eso necesitaba entender por qué parecía haber otra parte de la historia que todavía estaba evitando.

Fue entonces cuando pregunté qué no había sabido la policía.

La reacción fue mínima.

Tan mínima que probablemente habría pasado inadvertida una semana antes.

Daniel dejó de mover una mano que había mantenido sobre la mesa durante toda la conversación.

Nada más. Pero durante cinco años había aprendido el lenguaje de sus gestos incluso sin proponérmelo, y aquella inmovilidad repentina me dijo que había acertado antes de que él contestara.

Dijo que no había nada que cambiara lo ocurrido.

La respuesta me produjo un cansancio repentino.

—Eso tampoco fue lo que pregunté.

Daniel pronunció mi nombre otra vez.

No cedí.

Le pregunté exactamente qué había ocurrido aquella noche que la policía nunca llegó a saber.

Esta vez el silencio duró más y no intentó llenarlo con ninguna explicación lateral.

Finalmente admitió que había cosas que no les había contado.

La frase cambió la habitación. No porque demostrara que Daniel hubiera asesinado a Lily.

No lo hacía. Pero por primera vez existía algo concreto debajo de todas aquellas omisiones: una investigación por la muerte de su pareja y una decisión consciente de reservar información.

Le pregunté si aquello que había ocultado tenía que ver directamente con Lily.

Daniel respondió que tenía que ver con esa noche.

Quise saber por qué alguien que estaba siendo investigado por la muerte de una mujer a la que decía haber amado decidiría ocultarle información a la policía.

Daniel cerró los ojos.

Cuando volvió a abrirlos, parecía más cansado.

—Porque contarlo todo habría destruido más de una vida.

La frase me atravesó con una precisión extraña.

Pregunté si hablaba de la suya.

—No.

La respuesta llegó demasiado rápido.

Aquello fue peor que cualquier vacilación.

Si no estaba protegiéndose a sí mismo, entonces había otra persona dentro de la historia. Pregunté quién.

Daniel negó lentamente.

Dijo que no podía decírmelo todavía. Sentí cómo la rabia sustituía al miedo.

No era una explosión; era algo mucho más frío.

Durante años había aceptado que ciertas cosas necesitaran tiempo porque todas parecían tener una razón individual.

Ahora empezaba a verlas juntas, y juntas tenían otra forma.

Le dije que ya no podía hacer eso: no podía contarme que su novia había muerto frente a él, que había sido investigado por asesinarla, que había ocultado información a la policía y después pedirme que esperara para conocer el resto. Daniel respondió que lo sabía.

Le exigí entonces que me dijera qué había pasado.

Me observó durante varios segundos antes de decir que, si contaba todo, yo iba a verlo de otra manera.

—Eso lo decidiré yo.

Daniel negó lentamente.

—No. Ya decidiste hace cinco años.

La frase me hizo callar.

Él continuó antes de que pudiera responder.

Yo había decidido quién era Daniel cuando lo conocí y él me había permitido hacerlo.

Dijo aquello sin orgullo, sin amenaza, casi con tristeza.

Sentí una presión incómoda en el pecho y pregunté qué significaba exactamente.

—Conociste a Daniel después de todo esto. Nunca conociste a Matthias antes de que Lily muriera.

Por un momento no supe qué hacer con la frase.

Había algo evidente en ella y, al mismo tiempo, algo completamente nuevo.

Sí, yo había conocido a Daniel después. Lo sabía desde hacía cinco años. Lo que apenas comenzaba a comprender era que para él esa división podía haber sido intencional. Le pregunté si había dejado de usar Matthias por lo ocurrido con Lily.

Daniel no lo negó.

Dijo que había sido parte de la razón. Otra vez la misma palabra.

Parte.

La odié. Pero esta vez ya no pensé que fuera evasión automática.

Empezaba a sospechar que quizá la vida que había construido como Daniel se sostenía precisamente sobre muchas verdades parciales que, individualmente, podían defenderse.

Su madre realmente prefería Matthias. Realmente había existido otro Daniel en un proyecto.

Realmente había vuelto a utilizar su primer nombre.

Ninguna de aquellas cosas necesitaba ser mentira para esconder el motivo principal. Le pregunté cuál había sido el resto.

Daniel miró la hora.

No pude evitar una risa breve y amarga. Le dije que ni siquiera se le ocurriera terminar aquello porque tuviera una reunión.

Daniel admitió que sí tenía una, pero aseguró que no estaba utilizándola para escapar de la conversación.

Dijo que volvería a llamarme esa noche y que podríamos hablar sin una pared de cristal, compañeros pasando detrás y un reloj recordándole cada pocos minutos dónde estaba. Pregunté si entonces me contaría todo.

Daniel se quedó callado.

No debería haber necesitado pensar la respuesta.

Pero lo hizo.

Finalmente dijo que me contaría lo que pudiera.

Me apoyé en el respaldo de la silla.

—Ese es exactamente el problema.