Lo que mueve a los muertos Chapter 3 #3
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Chapter 3 #3

He descubierto que las personas que te preguntan estas cosas pueden dividirse en dos grupos.

Las más inusuales, y las más tolerables con mucha diferencia, son las poseídas por una insaciable curiosidad acerca de todo y de todos.

«¡Soldado de jura! ¡No me diga! —exclaman—.

¿Y en qué consiste?». Y, cinco minutos más tarde, cuando alguien menciona que su primo es viticultor, transfieren toda su atención a esa persona y empiezan a interrogarla acerca de los pormenores de la elaboración del vino.

Serví con un hombre así, Will Zellas, a quien lo mismo le fascinaban las estrellas que las hierbas, la zapatería o la cirugía de guerra.

Siempre lamentaré que no estuviera conmigo para escuchar el extraordinario discurso del pastor sobre larvas y pis.

Para entonces, por desgracia, Will se había llevado un tiro en la espinilla y estaba en el hospital.

La última vez que lo vi iba con bastón y me explicó con todo lujo de detalles las técnicas de tallado en madera, el declive del turnspit terrier como raza canina y los métodos de recolección de nenúfares en la India.

De vez en cuando, su mujer lo interrumpía con un «Come, querido», y él no conseguía dar más de tres bocados antes de volver a la carga.

Y luego, cómo no, está el otro grupo. Esos también te preguntan, pero en el fondo lo que quieren saber es lo que tienes entre las piernas y, por extensión, a quién te llevas a la cama.

Daré por hecho que mis nobles lectores pertenecen al primer grupo y lo explicaré, por si nunca os habéis cruzado con un soldado de jura galaciano, o solo habéis leído lo que dicen de nosotros en los más procaces boletines.

Como he dicho antes, la lengua galaciana es…

idiosincrática. La mayoría de los idiomas de Europa tienen palabras como él y ella , y lo y la .

El nuestro también las tiene, aunque decimos ta y tan , y tha y than .

Pero también tenemos va y var ; ka y kan , y unos pocos más que se usan específicamente para las rocas y para Dios.

Va y van los usan las criaturas antes de la pubertad, así como los curas y las monjas, aunque en su caso se usa var en vez de van .

Por supuesto, tenemos los equivalentes de niño , niña y demás, pero referirse a la infancia con ta o tha es terriblemente ofensivo.

(Si estás intentando aprender galaciano y cometes este error, más vale que expreses de inmediato que no hablas bien el idioma y que ha sido sin querer, si no quieres ver cómo las madres se llevan a sus hijos en volandas y te miran como a un pervertido, o pervertida).

Normalmente se nota que el galaciano es la lengua materna de alguien cuando titubea antes de usar él o ella , o he o she , o el equivalente lingüístico que sea, para un menor o un sacerdote.

Así fue como pillaron al menos a uno de nuestros espías durante la guerra.

Y no es inaudito que los hermanos se refieran unos a otros como va durante toda su vida.

Y luego están ka y kan .

Ya he mencionado que éramos un pueblo de feroces guerreros, ¿verdad?

Aunque se nos diera de pena luchar. En cualquier caso, siempre nos hemos sentido orgullosos de nuestros guerreros.

O, al menos, alguien debía de hacerlo, pues este reconocimiento se extiende a la particularidad lingüística de que, cuando eres guerrero, puedes usar ka y kan en lugar de ta y tan .

Basta que te presentes a recibir instrucción básica para que te den un sable y pronombres nuevos.

(Es sumamente maleducado referirse a un soldado como ta .

No te tacharán de pervertido, pero puede que te lleves un puñetazo en la boca).

Todo esto daba igual hasta hace dos o tres guerras.

Por entonces habíamos entablado alianzas con varios países, y de repente otros países empezaron a invadirlos y tuvimos que mandar a nuestros soldados a defenderlos.

Y un día nos empezamos a oler que nos iban a invadir a nosotros también y nos estábamos quedando sin soldados.

Pero entonces, una mujer llamada Marlia Saavendotter se plantó en la base militar e informó a los presentes de que era soldado desde aquel momento.

Pues resulta que en ninguno de los formularios oficiales ponía nada sobre ser hombre o mujer.

Solo ponía ka . Eso no quita que todo el mundo supiera que las mujeres no tenían permitido ser guerreras; siempre había sido así, pero no lo ponía por escrito en ninguno de los impresos, y los ejércitos funcionan a base de burocracia.

No pudieron dar con ningún papel que dijera que no podía alistarse.

Cien años antes, se habrían reído de ka y le habrían echado de las barracas, pero andaban escasos de personal y allí tenían a una persona de aspecto aguerrido que sabía usar un arcabuz.

Así pues, el oficial al cargo decidió que mandarían a Saavendotter por donde había venido, eso por descontado, pero quizás no hasta tener más reclutas para engrosar las filas.

Ocurrió que esos otros reclutas nunca llegaron, y Saavendotter se lo contó a sus amistades.

Total, que, de la noche a la mañana, una tercera parte del ejército nacional galaciano pasó a estar formada por personas a las que nunca habían considerado aptas, pero que ahora eran ka de los pies a la cabeza, y lo siguieron siendo hasta que terminó la guerra.

Llegados a ese punto, habría sido dificilísimo mandar a todo el mundo que se fuera a su casa, aunque no fue porque no lo intentaran.

Hubo unas cuantas broncas sobre el tema, y discursos de lo más dramáticos en las escalinatas del Capitolio, incluido ese tan famoso de «No soy mujer, ¡soy soldado!

», que seguramente os suene haber leído aunque no sepáis nada más sobre la historia de Galacia.

El asunto también afectó a la ley de sucesiones y herencias, no sé muy bien cómo —esa parte no la tengo muy clara— y, tras calmarse las aguas, Galacia tuvo soldados de jura.

Ahora entras por la puerta, juras que eres soldado, te sellan un impreso, te dan una insignia para que la gente sepa que tiene que referirse a ti como ka y, por último, te dan un rifle y te mandan al sargento instructor.

Eso es todo, poco más o menos. Te rapan la cabeza, como a todo el mundo.

El uniforme es el mismo que el de todo el mundo.

(Hubo un brevísimo intento de convertir el uniforme de gala en un vestido.

Salió mal). El sistema sigue teniendo unas cuantas lagunas, y traducir cualquier cosa a otros idiomas es complicado, pero funciona básicamente tan bien como todo lo demás en el ejército; es decir, que funciona a pesar de todo.

La gente se alista por motivos de todo tipo. Hay quienes no quieren ser mujeres de ninguna manera y esa es la mejor opción. Hay quienes quieren huir de las montañas, y el ejército es una forma de asegurarte una cama y comer carne dos días por semana. Y luego estoy yo.

—Bueno —dije, encogiéndome de hombros—. Alguien tenía que mandar dinero a casa. Y mi padre, antes de morir, era soldado, así que lo llevaba en la sangre, supongo.

—Pero la guerra… —dijo Denton—. ¿No pasó miedo?

A veces cuesta saber si alguien te está insultando o simplemente es americano. Por suerte, la puerta se abrió en aquel preciso instante, Roderick entró en la sala y pude darle la vuelta a la pregunta.

—¿Miedo? Oye, Roderick, ¿pasamos miedo en Bélgica?

—Estábamos cagados —contestó Roderick. Había entrado con semblante pensativo, pero la pregunta pareció animarlo—. Menos cuando nos aburríamos, que era casi todo el rato.

—¿Sirvieron juntos, entonces? —inquirió Denton.

Sonreí de oreja a oreja.

—Sí, y Roderick se llevó una sorpresa de narices cuando llegó y se enteró de que lo habían destacado en mi unidad. Aunque lo disimuló bastante bien.

—Pensé en guardarme todos los sórdidos detalles de nuestra juventud para posibles chantajes. Aunque al final no me hicieron falta. —Miró a Denton e inclinó la cabeza—. Solo estuve un par de años. Entonces mi padre murió y tuve que liquidar. Easton se quedó mucho más tiempo.

—Tú fuiste listo —dije. La guerra me había destrozado los pies, las rodillas y la fe en la humanidad.

Pero entonces mi hermana se casó con una buena persona y, como le iban bien las cosas, ya no tuve que mandar dinero a casa, así que vendí mi comisión.

(Cuando te marchas, a todo esto, tú decides cómo quieres que se refieran a ti.

Roderick volvió a usar él . Pero yo, después de quince años de uniforme, ya no era otra cosa que ka )—.

¿Qué me dieron todos esos años de más, salvo un hombro malo y un caballo estupendo?

—¿Te sigue molestando el hombro?

—Bueno… —Me encogí de hombros, después me llevé la mano a la zona con una mueca dramática de dolor y sonreí a Roderick.

Denton frunció el ceño.

—¿Le hirieron en la guerra?

—Denton es médico —dijo Roderick—. En parte, por eso le he pedido que venga.

Denton alzó una mano en señal de protesta.

—A duras penas —respondió—. Llevaba un año en la universidad cuando al Sur le dio por declarar la secesión, y a mí me echaron a la calle con una sierra para huesos y un papel que decía que sabía usarla.

—¿Pasó miedo? —pregunté, con una malicia amistosa.

Volvió los ojos bruscamente hacia mí, reconociendo el tanto, y una sonrisa le movió los bigotes. Me esperaba que replicase, pero su respuesta me sorprendió.

—Sí —dijo—. Constantemente. Teníamos que amputar sin parar, y siempre temía que murieran en la operación. Yo sabía que la mayoría morirían de todas formas, pero presenciarlo era aún peor.

Arrugué el gesto. Aunque nuestros boletines no son tan sensacionalistas como los de allí, sí nos habían llegado historias bastante siniestras de médicos cortando extremidades infectadas, echando whisky en los muñones y mandando que les trajeran al siguiente.

Si lo que había presenciado Denton era una mínima parte de aquello, debía haber vivido un infierno más de una vez.

—No te quites mérito —dijo Roderick—. Me fiaría más de ti que de la mitad de los médicos de París.

—Eso solo lo dices porque le echo licor a todo. —Denton se volvió hacia mí—. ¿Le dispararon en el hombro?

—Una bola de mosquete, ¿cómo lo ve? —respondí—. Alguien que desenterró el mosquete de su abuelo del desván y nos disparó por ver si acertaba cuando pasábamos por delante de su casa. Tuve una suerte del demonio, aunque en aquel momento no lo vi así.

Denton hizo una mueca de dolor.

—¿Le dio en el hueso?

—Lo astilló, pero no llegó a romperlo. Ventajas de que te disparen con una antigualla.

Denton asintió con la cabeza.

—Sí que tuvo suerte. Dentro de la mala suerte que es que le disparen a uno.

Roderick intervino y empezó a contar la historia de un tipo de nuestro regimiento al que dispararon en los cataplines y tuvo tres hijos de todas formas.

Es una buena historia. Denton puso cara de dolor en los momentos apropiados, y los tres bebimos sentados junto al fuego y contamos historias de la guerra como si todo fuera completamente normal y nadie se estuviera muriendo en aquella casa.