41 Natalie
Natalie
El teléfono vuelve a vibrar y estoy a punto de cogerlo cuando Kate y Martina entran de nuevo en la habitación. Deben de notar la expresión de mi cara, porque Kate se detiene en seco.
—¿Va todo bien?
—No lo sé —digo. Miro la pantalla—. Creo que me está llamando Dean.
—¿Dean Milford? —pregunta Martina.
Asiento con la cabeza.
Algo se refleja en el rostro de Martina. No es sorpresa, exactamente. Más bien reconocimiento.
—Cógelo —dice Kate.
Y lo hago.
Aunque ni Kate ni Martina tienen idea de por qué esto podría ser un problema. No saben que Dean podría estar involucrado con Northstar. Que quizá no era amigo de mi madre en absoluto. Que podría ser él quien la mandó matar. O incluso haberla matado él mismo.
—¿Diga?
—Natalie. Soy Dean.
—De eso me había dado cuenta —digo, un poco más borde de lo que debería.
La mirada de Kate salta a la mía. Martina se cruza de brazos y se queda muy quieta.
—He estado siguiendo lo que está pasando —dice Dean—. Solo quiero advertirte. No puedes fiarte de la policía.
Cierro los ojos e intento contener la rabia que crece dentro de mí. Dean me ha estado ocultando información. Lo noto ahora. Sabe más de lo que ha dicho. Quizá lo sabe todo. Quizá podría haber evitado gran parte de esto: la muerte de mis padres, la muerte de Tyreek, el secuestro de Bee.
En lugar de eso, ha estado enviando mensajes crípticos mientras se escondía en algún lugar, sano y salvo.
—Sé en quién puedo confiar y en quién no.
—No puedes fiarte de la Detective Steele.
—Sí, eso ya lo he pillado. Mi voz sale áspera.
—¿Cómo lo sabes?
—Porque lo sé —aprieto el teléfono con más fuerza—. Porque también sé que quizá tampoco debería fiarme de ti —digo—. Quizá estás montando todo esto. Quizá secuestraste a Bee. Quizá eres la razón por la que mis padres están muertos.
Silencio. Al otro lado de la línea y en la habitación.
La expresión de Kate es la primera en cambiar; frunce el ceño mientras me mira a mí y luego al teléfono.
El rostro de Martina se endurece y toda su calidez desaparece.
Intento lanzarles una mirada, arqueando las cejas ligeramente, esperando que entiendan que está pasando algo más. Algo que aún no saben.
—¿Cómo lo has descubierto? —pregunta Dean.
Se me hiela la sangre.
—¿Cómo he descubierto que eres uno de los criminales que ha estado matando a adolescentes y a mis padres?
—Yo no he hecho nada de eso —dice él rápidamente—. Yo no les he hecho daño. No fui yo.
—No es lo que he oído.
Kate se acerca un paso. Martina entrecierra los ojos, clavados en el teléfono como si intentara sacar a Dean de él por pura fuerza de voluntad.
—Mira —dice Dean—, puedo explicarlo todo. Pero no por teléfono. No si están rastreando tu móvil.
Niego con la cabeza y digo:
—Qué oportuno.
—Queda conmigo y te lo explicaré.
Aparto el teléfono y pongo el altavoz. La mirada de Kate se clava en la mía, pero no me detiene. Martina se inclina ligeramente.
—¿Quedar contigo dónde?
—Hay un aparcamiento en la 24. Un aparcamiento disuasorio cerca de la estación de BART de Lafayette.
—¿Cuándo?
—A las cinco de la tarde. Hoy.
Kate niega con la cabeza una vez, un gesto brusco e inmediato. Martina no se mueve, pero sé que está calculando los riesgos mentalmente. Mirando a Martina y a Kate, digo:
—Allí estaré.
—Ten cuidado —advierte antes de colgar.
A estas alturas, las únicas personas en las que sé que puedo confiar son Kate y Martina. Kate es la primera en hablar.
—Está claro que nos hemos perdido algo. ¿Qué está pasando?
Inspiro con un temblor.
—Kelly me ha contado algo mientras estabais fuera de la habitación.
Martina dice:
—¿Qué te ha contado?
Miro de Martina a Kate.
—Que Sebastian ayuda a reclutar. Y que antes de Sebastian, otra persona tenía ese trabajo en el centro.
El rostro de Kate se queda inmóvil. Martina aprieta la mandíbula.
—Dean —dice Martina.
Asiento con la cabeza.
—Dean.
Kate exhala por la nariz, con un destello de ira en el rostro.
—Y quiere que te reúnas con él a solas.
—No ha dicho a solas.
—No ha hecho falta —dice Kate.
—Voy a ir.
—No —dice Kate de inmediato.
—Bee ha desaparecido.
Kate dice:
—Y Dean podría estar tendiéndote una trampa.
Era posible. Si Dean quería hacerme daño, ¿por qué no hizo que su «vecino» o quienquiera que fuese acabara conmigo cuando estaba husmeando en su casa?
Podría haberme cogido fácilmente y metido en el maletero de un coche.
¿Podía realmente fiarme de Dean? A estas alturas, no creo que tenga otra opción.
—O podría ser la única persona que sabe dónde está Bee.
Kate parece querer discutir, pero no puede. No del todo. Martina da un paso adelante, con expresión tranquila.
—Vamos contigo.
La miro. Kate asiente una vez.
—Por supuesto.
El pánico me atenaza.
—No creo que hable si os ve.
—Entonces no nos verá —dice Martina.
La boca de Kate se curva ligeramente, pero no hay humor en ello.
—Te cubrimos las espaldas.
No sé si Dean es un cobarde, un mentiroso, un asesino o la única persona que podría ayudarnos a encontrar a Bee, pero estaba a punto de descubrirlo.