34 Natalie
Natalie
Kate y yo quedamos en vernos en mi piso.
Conducimos por separado, cosa que agradezco porque así tengo tiempo para pensar en los acontecimientos de la noche.
La extraña conversación con Sebastian. El tipo siniestro que apareció en el coche oscuro.
Sebastian queriendo hablar conmigo fuera después de que yo intentara esconderme en el restaurante.
¿Intentaba ayudarme? ¿O intentaba que me quedara a solas con él por algún motivo horrible?
Quizá Sebastian solo esté metido en algo turbio. Quizá decirme que no vuelva al centro es su manera de protegerme. O quizá no quiere la atención mediática que conllevaría la aparición de otro cadáver. Y que ese cadáver fuera yo.
La verdad es que ya he salido en los periódicos.
Me secuestró un asesino en serie. Si acabase desaparecida o muerta, sería noticia de primera plana.
Quizá esa es la verdadera razón por la que no quiere que siga escarbando.
Tiene que encargarse de mí para mantenerme callada.
Todo en nombre del instinto de conservación.
No me gusta nada de esto. Y lo peor de todo es que no me gusta la idea de no volver a la clase.
¿Cómo iba a contactar con Bee, o con Kelly, o con cualquiera de los otros alumnos?
¿Y qué fue esa mirada que me echó Sebastian cuando le pregunté quién mató a Brielle, una compañera suya de clase?
Y cuando le pregunté por mis padres, ni siquiera respondió.
Ahora más que nunca, creo que todo está conectado. Dean ya lo confirmó, pero ahora entiendo algo más. Sebastian sabe quién mató a mis padres. ¿Estaba implicado? ¿Mató él a mis padres?
Niego con la cabeza, incrédula. Todo esto es una red de violencia desgarradora. Vidas robadas. ¿Para qué?
¿Qué hacían con esos chicos? ¿Por qué los mataron?
¿Tenían miedo, quienesquiera que fuesen, de que los descubrieran y sintieron que los adolescentes iban a meterlos en líos?
¿Eran simplemente cabos sueltos que había que cortar?
¿No se habían parado a pensar que eran personas? Chicos que solo querían una vida mejor.
No es justo. Sé que la vida no es justa, pero a veces simplemente desearías que lo fuera.
Ojalá mis padres siguieran vivos, y los de Kate también.
Ojalá supiera quién me envió el mensaje de «Sebastian sabe la verdad».
Ojalá esto terminara ya, antes de que alguien más salga herido.
¿Dónde hay una estrella fugaz a la que pedir un deseo cuando necesito una?
Por fin llego a casa, y Kate ha llegado antes que yo.
Es de las que pisan el acelerador, pero seguramente lo ha hecho a propósito para poder inspeccionar la zona antes de que yo llegara.
Es un barrio seguro. Nunca he tenido problemas aquí.
Pero eso también era cierto en mi antiguo piso, antes de que comprometieran su seguridad.
Salgo del coche y me reúno con ella junto al suyo.
—¿Algún problema por el camino? —pregunta Kate.
—No. Todo tranquilo.
—Vale. Entremos.
Subimos a toda prisa a mi piso en el segundo. Kate cierra la puerta detrás de nosotras y echa la llave. Luego comprueba el cerrojo, porque, cómo no, es Kate. Señala el sofá.
—Siéntate.
Lo hago.
—¿Cómo te sientes? —pregunta—. ¿Estás bien?
—No lo sé, Kate —se me quiebra la voz antes de que pueda evitarlo—. Empezó con Tyreek, luego mis padres, pero ahora también están todos estos otros chicos. Y no te he contado esto, pero creo que Sebastian sabe quién mató a mis padres. Creo que lo sabe todo. Creo que es peligroso.
—Puede que tengas razón.
—Pero no estoy segura de que no volver al centro sea lo correcto.
—Si te están advirtiendo que te alejes, puede que quieras hacer caso a la advertencia.
—Pero ¿entonces qué pasa con el caso? ¿Qué pasa con Bee y Kelly? ¿Y si les pasa algo malo?
—Si no estás tú para hablar con ellos, nadie irá a por ellos.
Quizá. Aun así, no estoy convencida.
—Siento que, si no vuelvo, me estoy rindiendo.
—No te estás rindiendo, Natalie. Martina está pidiendo un favor para que revisen los casos sin resolver. He oído que su equipo es excelente y, conociendo a Martina, seguramente se ha ofrecido a ayudar a resolver los casos ella misma.
Con una sonrisa débil, digo:
—Seguramente lo ha hecho.
—Esto se va a resolver. Lo presiento. Pero también percibo que hay un fuerte elemento de peligro, y si te están diciendo que no vuelvas, creo que es mejor que no lo hagas.
—Pero ¿y los alumnos? No aquellos con los que hablé sobre Tyreek, sino los que asisten a la clase. Creo que de verdad podría ayudarlos.
Kate suelta un suspiro. —Si vuelves, no sé cómo mantenerte a salvo.
—¿Y qué se supone que haga? ¿Esperar de brazos cruzados a que los demás resuelvan el caso? ¿El asesinato de mis padres? ¿No hacer nada de nada? ¿Quedarme sentada viendo la tele y horneando galletas?
—Bueno, tienes un trabajo.
—Cierto.
—Y tienes que corregir tu libro, ¿no?
—Sí, tengo que corregir mi libro.
—Mira, esta situación me gusta tan poco como a ti, pero eres mi familia, Natalie. Si te pasara algo, no sé qué haría.
Vaya, ahora me siento culpable. Kate tiene razón. Llevamos los últimos siete años juntas. Vacaciones. Salidas nocturnas. Películas malas. Comida para llevar. También tengo otros amigos, pero no son como Kate. Kate es de la familia.
—Vale —digo, aunque me siento derrotada—. No volveré. Quizá me dejen dar una clase por Zoom o algo. Aunque no es lo mismo. —Bajo la cabeza e intento pensar en alguna manera de que esto no sea un completo asco. Pero lo es.
Kate me pone la mano en el hombro. —Todo irá bien, Natalie. Y cuando la división de casos sin resolver se haga cargo de los casos, quizá te dejen ayudar. Y cuando todo acabe, podrás publicar un artículo final sobre Tyreek.
—¿Un artículo final?
—Dale la magia de Natalie. Haz que no trate solo de Tyreek, sino de todos los chicos como él. Chicos con esperanza y sin suficientes recursos. Chicos que necesitan ayuda y no la reciben. Chicos que lo intentan y luego los defrauda la gente en la que confiaban.
La miro. —La verdad es que es un enfoque muy bueno.
—Lo sé.
—Creo que tienes razón. Voy a hacerlo. Voy a escribir el mejor artículo sobre Tyreek. No caerá en el olvido.
—Bien.
—¿Y ahora qué? —pregunto.
Kate se recuesta en el sofá. —¿Quedan galletas?
Sonrío y asiento. Voy a la cocina y cojo un recipiente lleno de galletas de chocolate y nueces. Las llevo al salón, abro la tapa y le doy una servilleta.
—De chocolate con nueces —digo.
—Qué rico. —Le da un mordisco.
Me siento a su lado, pero he perdido el apetito. Kate se da cuenta. Por supuesto que se da cuenta. Se da cuenta de todo.
—Sé que esto es un asco —dice—. Pero vamos a llegar al fondo de todo esto. Y nadie más va a perder la vida por ello.
—Vale.
Kate me convence de que ponga Netflix y veamos La boda de mi mejor amiga por trigésima vez. Supongo que la risa es nuestra mejor medicina esta noche. Eso y otra botella de vino. Al final, me vuelve el hambre y como galletas y palomitas como si fuera una noche normal.
En algún momento, me quedo dormida en el sofá. Lo siguiente que sé es que estoy despierta. El piso está a oscuras. Kate duerme en el otro extremo del sofá, aún con la ropa y los zapatos puestos. El televisor brilla suavemente.
Kate duerme tan plácidamente, con un brazo bajo la cabeza y la boca ligeramente abierta, que no quiero molestarla.
De verdad que es una buena amiga. Cojo el móvil para mirar la hora.
Y me quedo helada. Tengo varias llamadas perdidas de un número desconocido.
Las llamadas empezaron a las tres de la madrugada y terminaron sobre las tres y media.
Luego se reanudaron sobre las cuatro. Ahora son las seis de la mañana.
El corazón se me acelera. Devuelvo la llamada al número.
Una voz de mujer contesta inmediatamente. —¿Natalie?
—¿Quién es?
—Soy Kelly.
Me incorporo. —¿Kelly?
—He tenido que pedir un teléfono prestado. Alguien se ha llevado a Bee.
El corazón me martillea. —¿Qué quieres decir?
—Bee ha desaparecido.
—Espera. Un momento. ¿Qué quieres decir?
—Estábamos por ahí, pasando el rato en el jardín de la casa de un amigo, ¿sabes? Entonces se acerca un coche y llaman a Bee. Lo siguiente que sé es que se bajan dos tíos y lo meten en el maletero.
Me levanto tan rápido que la habitación da vueltas.
—No sé qué hacer —dice Kelly, con la voz quebrada—. Creo que ha sido la gente que le hizo eso a Tyreek.
—¿Has podido ver la matrícula?
—No.
—¿Cómo era el coche?
—Oscuro. Lunas tintadas.
Mi corazón da un vuelco. —¿Has podido ver a los tíos?
—No muy bien. Grandes. En forma. Uno era blanco. El otro quizá latino. No sé. Todo pasó muy rápido. —Se le quiebra la voz—. Tienes que ayudarlo.
Kate ya está despierta, mirándome en la oscuridad. —Te llamo ahora mismo —le digo a Kelly.
—Natalie...
—Te lo prometo. Te llamo ahora mismo.
Cuelgo. Kate se incorpora. —¿Qué pasa?
La miro fijamente. —Se han llevado a Bee.