Lo que enterraron 28 Natalie
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28 Natalie

Natalie

Kate accede a pasarse conmigo por el despacho de Martina para que podamos presentarle lo que tenemos y pedirle ayuda. Es una maravilla tener amigos en las altas esferas.

Nos sentamos a la mesa de reuniones mientras Martina repasa todas nuestras notas.

Le explicamos todo lo que hemos descubierto.

Nuestras fuentes. Lo que creemos que estaba pasando.

La conexión entre Carmichael, Northstar, Sebastian Black, las becas y el tráfico de drogas.

Después le preguntamos si puede ayudarnos a conseguir que la brigada de casos sin resolver del condado de CoCo dé prioridad a los casos.

Cuando terminamos de exponerlo todo y de responder a todas sus preguntas, Martina se recuesta en su silla. —Desde luego que puedo hacer una llamada.

—Muchas gracias —digo.

Martina posa la mirada en mí y después en Kate. —No creo que tenga que decirle lo peligroso que esto podría llegar a ser —dice—. Y que quizá debería dejar que las fuerzas del orden se encarguen.

Sé que me está hablando a mí y no a Kate.

—Me parece estupendo no correr riesgos y dejar que las fuerzas del orden hagan su trabajo siempre y cuando lo hagan de verdad —respondo—.

Pero no puedo dejarlo pasar sin más. Se trata de mis padres y de cuatro adolescentes que fueron asesinados.

¿Se supone que tengo que decir: «Vale, avísenme cuando lo tengan todo resuelto y todo el mundo esté en la cárcel»?

Martina y Kate intercambian una mirada. Martina me mira con esos empáticos ojos de color ámbar. —No esperaría que lo hiciera —dice—. Y si yo estuviera en su situación, tampoco lo haría. Pero ya se lo dije y se lo repito: le cubro las espaldas. Cualquier ayuda que necesite de mí, la tendrá.

Trago saliva para aliviar la repentina opresión en la garganta.

—Kate, sé que a veces tienes las manos atadas trabajando para la policía —continúa Martina—.

Las mías lo están menos. Si hay algo que pueda hacer para ayudarte a ti y a Natalie, lo haré.

Puedo pedirle a alguien de mi equipo que las ayude con la seguridad.

Puedo ayudar a interrogar a gente. Pero lo más probable es que cuanto más hurguen, más gente se dará cuenta. Y eso las pone en peligro.

Ya no soy una cría asustada. O eso me digo, por lo menos. He dado clases de defensa personal. Llevo un arma y comparto mi ubicación. La gente tiene que dejar de decirme que tenga cuidado y vaya con tiento, como si no hubiera pensado en el peligro. Por supuesto que tendré cuidado.

No disfruté precisamente de estar a punto de morir.

Ni de que me pusieran una pistola en la cabeza.

Lo entiendo. De verdad que lo entiendo. Pero puedo ser precavida y seguir investigando.

—Creo que la clave para desentrañar esto es conseguir que Sebastian hable —explico—.

Todos los indicios apuntan a que él es quien más sabe.

Bueno, él y Dean, pero no sé dónde está Dean.

—¿Tiene el número desde el que la llamó? —pregunta Martina.

Asiento con la cabeza. —Intenté devolver la llamada. Dice que no está operativo.

—Probablemente sea de prepago.

—Es lo que pensaba.

—Podemos intentar rastrearlo —dice Martina—. A ver si al menos podemos averiguar dónde estaba cuando la llamó.

Saco el móvil y le anoto el número.

—Le haré saber si encontramos algo —dice—. Al menos quizá podamos conseguir una ubicación. Puede que ya no esté allí, pero algo es algo.

—Si alguien te está rastreando el móvil, también podría rastrearlo a él —añade Kate.

La miro. —No creo que nadie me esté rastreando. ¿Podrían?

—Quizá. Quizá no —dice Kate—. Probablemente no.

—Probablemente no… todavía —dice Martina con más rotundidad.

Esa última palabra me provoca un escalofrío. Todavía.

—Entonces, ¿qué me dice? —pregunta Martina—. ¿Puedo al menos ofrecer a alguien de mi equipo para que ayude con la seguridad o la ayude a interrogar a gente?

—Esa es la cuestión —explico—. Investigué los antecedentes de todos los miembros de la familia, pero no tengo copias de los expedientes de los casos.

Miro a Kate. Entonces Martina capta la idea.

—Si consigo que la brigada de casos sin resolver les eche un vistazo, puede que compartan detalles conmigo, de manera oficial o extraoficial. Sobre todo si mi bufete se ofrece a ayudar gratuitamente.

Sonrío.

Cuando me enteré de quién era Martina Monroe el año pasado, lo primero que pensé fue si podría ayudarme a averiguar quién mató a mis padres.

Y aquí estamos. Va a ayudarme. Y Kate también.

Las tres juntas, con todos nuestros recursos.

Para ser justos, la mayoría de mis recursos son ellas y sus recursos, pero aun así.

Juntas, estoy convencida de que encontraremos a los responsables de matar a mis padres.

Esto es mucho más grande que yo. Incluso más que mis padres. Puedo sentirlo. Estoy más cerca de la verdad de lo que he estado nunca.

—De acuerdo —dice Martina—. Le avisaré en cuanto tenga más información. Le recomiendo encarecidamente que no vaya a interrogar a nadie por su cuenta. Parece que tiene un par de nuevas fuentes potenciales con Bee y Kelly, y luego está Sebastian. Tenga cuidado con él.

—Sé hacerme la tonta —digo con una sonrisa—. Se me da muy bien.

—Solo tenga cuidado.

—Lo sé.

Martina niega con la cabeza, pero con calidez.

—Lo siento. No quiero que parezca que no sabe lo que hace, Natalie.

Es solo que nos preocupamos por usted. Y odiaría que saliera herida.

Hasta los detectives o investigadores más veteranos pueden meterse en líos.

Créame, yo misma he estado en esa situación.

Estoy segura de que a Kate también le ha pasado.

Pero después de todos mis años en esto, trabajando en casos sin resolver e investigaciones privadas, puedo decirle que ir por su cuenta puede ser peligroso.

Ningún caso ni ninguna historia merece que mueras por él.

—Entendido —digo, y lo digo en serio. Casi.

—Vale —dice Kate—. Avísame cuando tengas algún detalle, Martina.

Y, Natalie, si hay que entrevistar a gente, puedo hacerlo yo o alguien del equipo de Martina.

Nosotras nos encargaremos de lo más peligroso.

Tú puedes centrarte en tu trabajo en el centro y en intentar sacarle más información a Bee y a Kelly.

Asiento. —Vale. Me centraré en Bee y Kelly y en quien sea del centro mientras esté allí.

—En Sebastian no —dice Kate.

Dudo.

Kate me mira entornando los ojos. —Natalie.

—¿Qué?

—En Sebastian no.

—Te he oído.

—Eso no es lo mismo que estar de acuerdo.

Martina sonríe levemente. —Parece que tenemos un plan. Vamos a resolver esto.

—Y espero que a meter a gente en la cárcel —digo.

—Hay que detener a quienquiera que esté detrás de esto —dice Kate.

—Totalmente de acuerdo —dice Martina.

Hablamos un poco más de los detalles. De quién se encarga de qué. De lo que estoy esperando. De lo próximo en lo que voy a trabajar. Por primera vez en días, me siento bien.

Estamos a punto de recoger cuando mi móvil vibra. Echo un vistazo. Es un mensaje de Sebastian.

¿Quieres que quedemos para tomar algo mañana por la noche? Podemos hablar de la clase y conocernos mejor.

Se me encoge el estómago. Levanto la vista hacia Kate, que está charlando amigablemente con Martina sobre casos pasados que les habían absorbido la vida por completo.

Debería decírselo. Sé que debería. Pero si lo hago, Kate lo impedirá antes de que tenga la oportunidad de averiguar lo que sabe Sebastian.

Por ejemplo, ¿era él el informante de mi madre?

Respondo al mensaje, rápida y discretamente.

Claro. Mañana por la noche me viene bien.

La respuesta llega casi al instante.

¿Va de Vi a las 19:00?

Me parece bien.

Nos vemos entonces.

Me quedo mirando las palabras, con el pulso acelerado. Respondo con un emoji del pulgar hacia arriba. Luego me guardo el móvil en el bolsillo. Mi instinto me dice que tengo que acercarme a Sebastian. Y él acaba de darme la oportunidad perfecta. O bien estoy cayendo en una trampa.