26 Melissa
Melissa
Sentada en el coche, le digo a Daniel que todo va a salir bien.
—Pero ¿y si es peligroso? —dice—. Estás hablando de tres asesinatos que tanto tú como Dean creéis que están conectados de algún modo con el Community Center. Y ahora trabajas allí. Eso puede convertirte en un objetivo. No sé qué haría si te perdiera.
Entiendo lo que dice. Los dos somos periodistas de investigación.
Los dos corremos riesgos por nuestro trabajo.
Perseguimos la noticia. Descubrimos la verdad.
Entonces, ¿por qué se está alterando de repente por esto?
No es un riesgo laboral nuevo. —No es distinto de cualquier otro caso que hayamos aceptado.
La verdad es que no. Quiero decir, nos hemos enfrentado a gente poderosa con mucho dinero; esto podría ser parecido.
Suspira. —Pero ¿me harás al menos un favor?
—Claro. Lo que sea.
—Solo mándame un mensaje con los sitios adonde vayas. Infórmame de cualquier reunión que tengas. Tus fuentes. Cualquier dato.
—Claro. Cuando lleguemos a casa, hablamos. Te enseñaré todas las notas que tengo.
—Vale —dice, aunque su tono no suena muy convencido—. Que te vaya bien la clase hoy.
—Gracias, cariño. —Cuelgo la llamada y me quedo un segundo sentada con el móvil aún en la mano. Entiendo su miedo. Es buena idea que alguien sepa quiénes son mis fuentes. No es que tenga ninguna todavía, pero presiento que Baz podría ser una. Dijo que lo investigaría.
¿Podríamos por fin resolver esto? ¿Esclarecer tres asesinatos y, con suerte, evitar que haya más?
Le envío un mensaje a Daniel diciéndole el nombre de quien creo que podría ser una fuente y que voy a entrar ya y que volveré a casa justo después.
Responde al instante con un pulgar hacia arriba.
Guardo el móvil, salgo del coche y me cuelgo el bolso del hombro.
El aire es cálido, pero una ligera brisa me levanta las puntas del pelo mientras cruzo el aparcamiento.
Un par de alumnos están cerca de la entrada.
Bueno, no sé si debería llamarlos alumnos.
Son adolescentes con ropa de baloncesto.
Sonrío y los saludo con la mano. Recibo esa inclinación de cabeza. Como si no pudieran devolver la sonrisa o el saludo, pero son lo bastante educados como para reconocer mi presencia. Me conformo.
Me registro en la recepción y veo a Dean. Se acerca a toda prisa, bajando la voz en cuanto llega a mi lado. —¿Lista para hoy?
—Lo estoy —respondo con un brillo en los ojos.
Espero que entienda que no me refiero solo a dar clase.
Quiero decir que estoy lista para sacarle más información a Baz.
Dean conoce la identidad de mi fuente, o de mi posible fuente, pero ambos creemos que es mejor que solo yo hable con él sobre los asesinatos.
Como si fuera la única que intenta buscar la verdad.
De esa forma, Dean puede mantenerse neutral, lo que le da la oportunidad de oír conversaciones por el centro.
La gente no tendrá tanto cuidado al hablar por los pasillos, o en la cocina, o en los sofás jugando a videojuegos.
Dentro del aula, espero a que llegue la mayoría de los alumnos. Con una gran congoja, miro el último sitio en el que se sentó Brielle. Pienso en la primera vez que nos vimos y no puedo evitar que la tristeza se me instale en el pecho. Quiero hacer todo lo que pueda para averiguar quién la mató.
Minutos después, empieza la clase y el debate es animado. Me alegro de que los chicos parezcan interesados. Participan y hacen preguntas. Me facilitan mucho el trabajo y, cuando se acaba el tiempo, apenas me he dado cuenta de que ha pasado la hora.
Una de las alumnas, Makayla, se me acerca. —Tía, qué guay la clase de hoy —dice—. En plan, si quiero hacer algo antes de la semana que viene para probar este proceso de investigación que tienes, ¿dónde puedo mirar? ¿Puedo entrar en internet y ya?
Sonrío y meto la mano en el bolso. Saco una hoja de papel con una lista de fuentes.
Los diferentes sitios web que uso para buscar información sobre la gente.
Google Maps. Google Earth. Todo lo que se puede hacer para intentar encontrar a personas e información.
Se la entrego. —Empieza con esto. Empezamos por la vía electrónica antes de hablar con la gente.
Así, si hablas con alguien, ya tienes algunas respuestas en la recámara.
Makayla asiente. —Así sabrás si dicen la verdad o no.
—Exacto.
—Gracias, señora Sloane. Nos vemos la semana que viene.
La saludo con la mano mientras sale.
Son unos chicos geniales.
Mientras los demás van saliendo del aula, un alumno se queda. Baz. Se levanta lentamente del sofá y, con su chulería habitual, se acerca. —Hola, señora Sloane.
—Hola, Baz. ¿Te ha gustado la clase de hoy?
—Sí. Muy guay, debo admitirlo. —Se inclina un poco, bajando la voz—. Y oiga, he usado algunas de esas técnicas. Creo que sé lo que pasa. O, al menos, he oído algunas cosas.
Se me acelera el pulso, pero mantengo la cara impasible. —¿Qué has oído?
—Pues, Brielle viene de, o sea, una familia muy, muy mala.
—Suelta aire, como si intentara encontrar las palabras para expresar lo mala que era la familia de Brielle—.
A ver, ella era como una estrella. ¿Sabe a lo que me refiero?
Quiero decir, no aparentaba gran cosa, pero era porque la mayoría de las veces no tenía dinero para comida, y mucho menos para champú para el pelo.
¿Me entiende? Pobres, pero pobres de verdad. Y sus padres traficaban con drogas.
Me quedo callada, dejándole hablar.
—Bueno, el caso es que he estado preguntando por ahí y la gente decía que era muy triste.
Ya sabe, y yo en plan, sí, muy triste. Pero la cosa es que decían que Brielle estaba muy contenta y hablaba de ir a la universidad y conseguir una beca.
Pero unas pocas semanas antes de morir, ya no estaba contenta. Eso parece un poco sorprendente, ¿no?
Me encojo de hombros. —¿Qué parte? ¿Que quisiera ir a la universidad? ¿O lo de la beca? ¿O que estuviera contenta y luego ya no?
—Lo de la beca. Verá, estuve preguntando por la beca porque, ya sabe, a lo mejor quiero ir a la universidad. A lo mejor quiero una beca. Ya sabe que no vengo de una familia con dinero.
Asiento con comprensión.
—Y bueno, el fondo de becas se llamaba Northstar. Así que hablé con el orientador del instituto. Resulta que casi todos los fondos de becas son, no sé, que cualquiera puede solicitarlas y están todas publicadas. Pero la que mencionaba Brielle no estaba en la lista.
—¿Así que crees que quizá no era real?
—Quizá no. Pero, bueno, me metí en internet y busqué Becas Northstar. ¿A que no adivina qué no pude encontrar?
—Becas Northstar.
—Exacto.
Mi mente empieza a funcionar a toda velocidad, intentando sopesar las posibilidades.
Dice: —A lo mejor puede usar todas sus dotes de investigadora para averiguar más sobre Northstar.
—Lo investigaré, sin duda.
—Yo también seguiré preguntando por ahí.
Se lo agradezco, pero espero que no lo ponga en el punto de mira. No sé si la muerte de Brielle está relacionada con la beca Northstar, pero es un cabo del que tirar. —¿Quién te habló de Northstar?
—Su amiga Deandra. Es una chica con la que he estado… —Hace una pausa y luego me dedica una sonrisa presuntuosa—. La invité a salir. Le tiré de la lengua, ¿sabe?
Parece que Baz es un donjuán. O algo por el estilo. Me alegro de que sea capaz de usarlo para conseguir algo de información.
—Ya veo. Te lo agradezco.
—Veré qué más puedo averiguar.
Mi instinto maternal se activa y digo: —Solo si no te pones en peligro.
Baz asiente y sale, dejándome sola en el aula.
Por un momento, me quedo ahí de pie y miro la sala. Parece distinta sin los alumnos. Saco el móvil y le envío un mensaje a Daniel.
Beca Northstar.
Luego me quedo mirando las palabras. Sé que podría no ser nada. Quizá Deandra recordaba mal el nombre y por eso Baz no pudo encontrar el fondo de becas. O quizá no era una beca. Quizá era una empresa que ofrecía becas. Sea como sea, tengo que investigarlo.
Dean entra. Le lanzo una mirada tranquilizadora. —Creo que tengo algo.