18 Natalie
Natalie
Eli me responde con un pulgar hacia arriba cuando le escribo que voy a seguir unas cuantas pistas más antes de volver a la oficina.
El encuentro en casa de Dean Milford me ha dejado un poco alterada, pero también confirma algo que ya no puedo seguir ignorando. Sea lo que sea que estoy investigando, es mucho más importante de lo que pensaba en un principio. Es muy posible que esté relacionado con los asesinatos de mis padres.
Sentada en el coche, llamo al Detective Steele. El teléfono suena dos veces antes de que responda.
—Detective Steele.
—Hola, Detective Steele. Soy Natalie.
—¿Qué pasa, Natalie?
—Pues… he estado investigando un poco para mi artículo sobre Tyreek y he encontrado algunas coincidencias extrañas.
—¿Ah, sí?
Agarro el volante con la mano que me queda libre, desviando la mirada hacia la casa de Dean Milford. La calle está tranquila ahora, pero sigo sintiendo que me observan. Como si alguien pudiera estar de pie detrás de una de esas cortinas, esperando a que me marche.
—Hace unos trece años, hubo tres víctimas en Antioch.
Todas eran visitantes frecuentes del Carmichael Community Center.
El centro cerró en 2016 y los tres asesinatos siguen sin resolverse, según los artículos de prensa que he leído.
Y ahora tenemos a Tyreek Masters, otro visitante frecuente de un Youth Center, también muerto.
Se hace el silencio al otro lado de la línea.
Debe de estar pensándoselo. O quizá se dispone a rechazar mi idea con delicadeza, porque cuando por fin habla, su tono es cauto.
—¿Y por qué crees que están conectados?
—Bueno, todos son adolescentes que estaban vinculados a centros comunitarios.
—Pero, Natalie, tienes que saber que muchos chicos van a esos centros y que muchos de ellos llevan un estilo de vida de alto riesgo. Sus amigos son pandilleros, traficantes, y la mayoría provienen de hogares conflictivos.
—No, creo que estos son diferentes. Y el Carmichael Community Center estaba donde ahora se encuentra el Bay Youth Center.
Es solo que… —Hago una pausa y aprieto los labios—.
Tengo la sensación de que están conectados.
—Las palabras suenan débiles al salir de mi boca, pero son ciertas.
Aun así, continúo—: Esperaba que pudieras ayudarme a investigar los tres asesinatos sin resolver.
Trevon Johnson en 2012, Isaiah Walker y Brielle Carter en 2013.
Los artículos que leí apuntan a que todos conducían al Carmichael Community Center.
Por no mencionar que el Carmichael Community Center supuestamente cerró por falta de financiación, pero también encontré a algunos exdirectores que eran personajes turbios.
Nada relacionado con delitos violentos ni nada por el estilo, pero lo suficiente para dar que pensar.
—Cojo aire—. ¿Trabajaste en alguno de esos casos?
—Recuerdo los de Brielle Carter e Isaiah Walker, pero no trabajé en el de Trevon Johnson.
—¿Los recuerdas? —Seguro que el Detective Steele ha trabajado en docenas de homicidios desde entonces. ¿Había algo especial en esos dos casos?
—Destacaron porque no pudimos resolverlos. Nadie quería hablar con nosotros. Y parecía que los chicos eran…
No termina la frase.
—Buenos chicos —digo en voz baja—. Como Tyreek Masters.
No contesta.
—¿Había alguna similitud en sus muertes?
—Son investigaciones abiertas, Natalie. No puedo darte detalles.
—¿Pero?
—Sí, de hecho… —Se interrumpe.
El corazón me late un poco más deprisa.
—Quizá debería echarles un segundo vistazo a estos casos.
Quizá el Detective Steele me ayude a aclarar todo esto. —¿Y qué hay de Trevon Johnson? ¿Sabías algo de él? Fue la primera muerte relacionada con Carmichael.
—Dame un segundo. Voy a ponerte a la espera.
La línea enmudece y me quedo a solas con el silencio. Me remuevo inquieta en el asiento, miro por el vecindario y me pregunto si el hombre con el que me he cruzado me está observando. Parece que se ha marchado hace rato. Tampoco hay nadie más por los alrededores, pero eso no me tranquiliza.
¿Me dirá algo el Detective Steele? ¿O reunirá sus propias pistas y decidirá si existe alguna relación? Si yo no puedo resolver el caso, quizá lo haga él.
Hay un intervalo de trece años entre la última muerte, la de Brielle Carter, y la de Tyreek. Puede que no tengan ninguna relación. O puede que sea el mismo asesino. A lo mejor él, o ellos, se tomaron un descanso. O mejoró a la hora de ocultar a sus víctimas.
O quizá no fuera un único asesino. Quizá fue una organización. A lo mejor mataron a aquellos chicos, hicieron las maletas y se marcharon. Y luego, años más tarde, volvieron a establecerse en el Youth Center de Bay.
La línea crepita.
—¿Natalie?
—Aquí estoy.
—No puedo contarte demasiado —dice el Detective Steele con la voz más baja ahora—. Pero sí. Trevon, Brielle e Isaiah fueron asesinados. Y los torturaron antes de morir.
Un escalofrío me recorre el cuerpo, aunque en el coche hace calor.
—¿Hubo algún sospechoso?
—A la comunidad no le gusta hablar, Natalie. Y desde luego, no hablaron con nosotros sobre esos casos.
—¿Hubo declaraciones de testigos? —insisto—. ¿Son extensos los expedientes? ¿Se siguieron todas las pistas en esos tres asesinatos sin resolver?
—Revisaré los expedientes del caso desde una nueva perspectiva. Hace más de una década que no les echo un vistazo.
—Tienes que ver que podría haber una conexión, ¿no? ¿Cuántos otros casos hay de adolescentes torturados?
—No muchos. Mira, te avisaré si encuentro algo sobre lo que puedas informar.
Se había portado bien conmigo en el pasado, dejándome conseguir la primicia. Pero ¿tendría que esperar a que hubiera detenciones? ¿O podrían usar la publicidad para ayudar a encontrar al asesino?
—Te lo agradezco.
Mientras él hace su parte, yo no voy a quedarme esperando. Sé que el Detective Steele tiene otros casos y otras prioridades. Solo espero que este pase a ser prioritario antes de que más gente pierda la vida.
—¿Qué hay del detective que investigó el asesinato de Trevon Johnson? —pregunto.
—Ya no está en el cuerpo.
—¿Dónde está ahora?
—Se jubiló.
—¿Cómo se llamaba?
La línea se queda en silencio. Luego suspira.
—Detective Albert Barnes —dice, y añade—: Mira, Natalie, sé que crees que podrías haber dado con algo gordo, y ya sabes que voy a investigarlo, pero podría ser solo una coincidencia.
—¿Crees que es una coincidencia que mi madre trabajara en el Carmichael Community Center en la época de esas muertes? ¿Es posible que supiera que estaba pasando algo raro y lo estuviera investigando?
No responde. Y no puedo evitar pensar que ya se le había pasado por la cabeza, o que estaba buscando la forma de decirme que me lo tomara con más calma.
—Natalie —dice por fin—, voy a tener que devolverte la llamada. Acaba de surgir algo.
La llamada termina. Me quedo mirando el móvil en mi mano. ¿De verdad ha surgido algo? ¿O ya se había dado cuenta de la conexión? ¿Lo había sabido todo este tiempo? O, como todos los demás, ¿tenía alguna razón para no poder hablar de ello?
Me quedo sentada un momento más, con el silencio del coche oprimiéndome. Luego bajo la vista hacia las notas de mi móvil.
Trevon Johnson.
Isaiah Walker.
Brielle Carter.
Tres nombres más. Tres víctimas más. Tres grupos de familiares y amigos que puedo intentar encontrar para escuchar lo que tengan que decir. Ha pasado mucho tiempo y solo puedo esperar que quizá ahora alguien esté dispuesto a hablar.