Lo que enterraron 14 Natalie
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14 Natalie

Natalie

Aduras penas respetando el límite de velocidad, conduzco hacia el lugar del atraco al banco. Mis preguntas sobre Dean Milford y todo lo demás tendrán que esperar. Me encanta mi trabajo y no quiero que nada lo ponga en peligro. Por no mencionar que se agradece cobrar.

Localizo el Marina Savings and Loan y cojo el primer aparcamiento libre que hay en la calle. Ya hay un gentío congregado junto a la cinta amarilla. Parece que el crimen es la forma de entretenimiento favorita de todo el mundo.

Aparco, cierro el coche con llave y me apresuro hacia el lugar de los hechos.

Veo al detective de atracos y homicidios que llamó a Eli.

Lo cierto es que The Bay Insider es uno de los pocos medios de comunicación en los que suele confiar la policía local.

Tenemos un historial impecable de no filtrar al público detalles que puedan poner en peligro un caso y no vamos adonde no se nos permite.

Al menos, no andamos pisoteando las escenas del crimen.

Y no vamos detrás de los policías ni les damos la tabarra cuando nos dicen que nos mantengamos a distancia.

Eli me enseñó que se atrapan más moscas con miel que con hiel.

El Detective Langston me saluda con la mano y pasa por debajo de la cinta policial amarilla para caminar hacia mí.

—Hola, Natalie.

—Hola, Detective Langston. ¿Qué tal va todo?

Esboza una sonrisa amable.

—No me puedo quejar.

—¿Qué puedes contarme del atraco?

—Sobre la una, dos sospechosos entraron en el Marina Savings and Loan.

Uno le pasó una nota a la cajera, que obedeció de inmediato mientras activaba la alarma silenciosa.

Uno de los sospechosos se dio cuenta, sacó la pistola y les dijo a todos que se tiraran al suelo mientras la cajera llenaba la bolsa con todo lo que tenía en la caja.

Cuando terminó, los dos salieron corriendo.

—¿Cuánto se han llevado?

—Eso no te lo puedo decir oficialmente.

Asiento con la cabeza.

Se inclina un poco.

—No lo suficiente como para que merezca la pena un cargo de atraco a mano armada, eso te lo aseguro —me guiña un ojo.

El Detective Langston es amable y es fácil trabajar con él.

Es como un abuelo al que le gusta contar historias.

Por supuesto, siempre hay detalles que no me cuenta oficialmente, pero extraoficialmente, me los insinúa.

Eso me facilita las cosas, porque me da un ángulo para enfocar el artículo.

El hecho de que no publique sus detalles extraoficiales implícitos genera confianza entre nosotros.

—¿Han escapado?

—Sí, pero los tenemos grabados y esperamos poder identificarlos. Todavía estamos tomando declaración a los testigos y recogiendo pruebas. Si tenemos un sospechoso, te lo haré saber.

—¿Se cubrieron la cara?

—Ambos llevaban mascarillas de las de la COVID, gorras de béisbol y gafas de sol.

—¿Parecían profesionales experimentados?

Sonríe y se ríe entre dientes.

—Ni de broma. Se hacían los duros, según los testigos y el vídeo de vigilancia, pero su forma de hablar, sus gestos… —Niega con la cabeza—. Yo diría que son adolescentes. Veinteañeros, como mucho. No publiques eso, pero es mi opinión.

—¿Ha habido heridos?

—No, pero algunos necesitarán terapia después de que les hayan puesto una pistola en la cara. A nadie le gusta eso.

Suelto un suspiro.

—Ya te digo.

El Detective Langston se pone serio.

—¿Cómo estás, Natalie?

—Estoy bien. Sé a qué se refiere. A lo del asesino en serie que intentó matarme. La gente parece pensar que no puedo superarlo, pero estoy bien. En general.

O sea, vale, a raíz de aquello me mudé a un piso nuevo más cerca de Kate, ya que el asesino había estado en mi casa y sabía dónde vivía.

Y aunque él no sobrevivió al incidente, seguía siendo un recordatorio de que alguien había llegado hasta mí allí.

Así que ahora tengo un piso nuevo, una terapeuta nueva y un par de amigos nuevos.

Y estoy viva. Al final, todo ha salido bien.

—De hecho —digo—, acabo de terminar mi libro.

—Enhorabuena. Pero ¿lo llevas todo bien? Ya sabes, si alguna vez necesitas hablar…

—Gracias. Estoy bien. Pero te lo agradezco.

—¿Puedes contarme algo más sobre el atraco? —pregunto.

—No, pero espero que pillemos a estos tíos pronto. Nadie quiere atracadores a mano armada sueltos por ahí. Sobre todo si son adolescentes tontos. Sin ofender —dice.

No estoy segura de por qué iba a ofenderme por eso. —Sabes que no soy una adolescente, ¿verdad?

—Comparada conmigo, eres una cría.

Me encojo de hombros y digo: —Me lo tomaré como un cumplido, entonces.

—Deberías —vuelve a mirar hacia el banco—. En fin, tengo que volver a entrar. Te avisaré si conseguimos el nombre de algún sospechoso o si hay alguna novedad en el caso.

—Seguiremos en contacto. Gracias, Detective Langston.

Lo saludo con la mano mientras se agacha para pasar por debajo de la cinta.

Entonces, examino a la multitud con la mirada. Mis ojos se fijan en un par que ya he visto antes. Entrecierro los ojos para verlo mejor y empiezo a caminar hacia él.

Me ve acercarme y se da la vuelta para marcharse. —¡Eh! —lo llamo—. ¡Bee!

Se detiene y se gira. —Hola. ¿Qué pasa?

—Tú eres Bee, ¿verdad? ¿Como una abeja? —Lo digo a modo de recordatorio, pero por su mirada sé que se acuerda de mí—. Eres amigo de Tyreek.

Asiente. —Sí.

—La policía todavía no sabe nada —le digo—. Por lo que tengo entendido, no tiene ningún sospechoso.

No dice nada.

—¿Cómo estás?

Se encoge de hombros.

—Siento lo que le pasó. De verdad. —Dudo un segundo y añado—. Y, oye, voy a dar una clase en el Youth Center, así que a lo mejor nos vemos por allí.

Me lanza una mirada perpleja. —¿Qué vas a enseñar? ¿A ser una cotilla?

Vale, puede que no hayamos empezado con buen pie. Quizá solo está pasando por un mal momento porque han asesinado a su amigo. No dejaré que me afecte. —Voy a dar una clase de escritura creativa.

—¿Eres escritora? Pensaba que eras reportera.

—Bueno, los reporteros escriben. Y, de hecho, acabo de escribir un libro.

Me mira de arriba abajo.

—He hablado con Sebastian —digo—. ¿Conoces a Sebastian, el del centro? Fue él quien se lo propuso a la junta y lo aprobó. Cree que será genial para todos. La escritura creativa tiene muchos beneficios, y además es divertida.

—Vale —dice Bee—. Pues a lo mejor nos vemos por allí.

Me mira casi como si pudiera confiar en mí. Casi. —Bee, ¿vives por aquí?

—No muy lejos.

—¿Viste lo que pasó?

Se encoge de hombros.

—¿Sabes quién ha sido?

Suelta una risa sarcástica. —¿Crees que soy un chivato? ¿Sabes lo que les pasa a los chivatos por aquí?

El corazón se me acelera un poco. —¿Es eso lo que le pasó a Tyreek? —pregunto—. ¿Era un chivato?

—Mira, no voy a decir nada. —Aparta la mirada de mí, hacia el banco, hacia los policías, hacia cualquier otro sitio—. Pareces maja y todo eso, pero no puedo decir nada. A lo mejor nos vemos en el centro.

—Gracias, Bee. Y, oye, toma mi tarjeta por si alguna vez quieres hablar. O por si se te ocurre algo que pueda ayudarnos a averiguar quién hizo daño a Tyreek.

Rebusco en el bolso, la saco y se la tiendo. La mira como si fuera a morderle, pero al final la coge.

Lo saludo con la mano mientras se aleja a toda prisa.

Frunzo el ceño, pensando en la conversación.

Parece un poco arisco, pero es obvio que está afectado por lo de su amigo.

Y ahora está en la escena de un atraco donde los sospechosos pueden ser adolescentes o veinteañeros, y él dice que no es un chivato.

Todo en mi interior me dice que Bee sabe o sospecha quién cometió el atraco.

Y quizá incluso quién mató a Tyreek. Es demasiado joven para saber nada de los otros asesinatos relacionados con el Carmichael Community Center.

Puede que, simplemente, haya cosas de las que él y otra gente de la zona saben que es mejor no hablar.

Entonces caigo en la cuenta. Bee es joven. Sebastian no. Y Sebastian dijo que se había criado en la zona. Tendré que hablar con él cuando vaya al centro a rellenar el papeleo y a dar mi clase. Puedo preguntarle si él solía ir al Carmichael Community Center.

Tras hacer unas cuantas fotos del Marina Savings and Loan, me dirijo a mi coche. Al acercarme, miro al otro lado de la calle de dos carriles. Hay un grupo de adolescentes holgazaneando en la calle. Y me están mirando fijamente.

¿Cómo era esa canción de My Chemical Romance? «Teenagers… scare the heck out of me»? ¿Los adolescentes… me dan un susto de muerte?

Me observan, y ahora es obvio que están hablando de mí.

Abro la puerta del coche y estoy a punto de entrar cuando veo a un hombre que camina hacia el grupo con un balón de baloncesto. Es Sebastian. Echo un vistazo rápido y veo que hay unas pistas de baloncesto un poco más abajo.

Él me ve, y yo lo saludo con una sonrisa aprensiva. Él sonríe y me devuelve el saludo antes de que suba al coche. Justo cuando me alejo del bordillo, el móvil me vibra. Es un mensaje de un número desconocido.

Sebastian sabe la verdad.

¿La verdad sobre qué? ¿Sobre el atraco? ¿Sobre Tyreek? Si sabía quién lo mató, ¿por qué no se lo dijo a nadie? Miro por encima del hombro.

Sebastian sigue observándome.