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Sebastian
La junta directiva estaba satisfecha con la clase de escritura creativa que Natalie Sloane había propuesto.
Por desgracia, no había completado la comprobación de sus antecedentes antes de presentársela.
Si hubiera sabido entonces lo que sé ahora, simplemente le habría dicho que habían denegado la solicitud y que podría volver a presentarla el año que viene, si quería.
Pero ahora que sé que no solo es una forastera, que no es de nuestra comunidad, sino que además es periodista, me hace cuestionar sus intenciones.
Debería haberme dado cuenta. La había estado observando y parecía muy cómoda, muy natural.
No hizo saltar ninguna alarma, pero debería haberlo hecho. Debo de estar perdiendo el toque.
El momento de su visita, un día después de que encontraran a Tyreek, me hace pensar que no le interesa tanto ser voluntaria como conseguir una historia.
He buscado su trabajo en internet y he descubierto que le gusta incluir muchos detalles sobre las víctimas, no solo los pormenores del crimen.
Con esa información, creo que es más probable que intente recopilar información sobre Tyreek para un artículo y no por motivos altruistas.
Bueno, puede que me haya engañado una vez, pero no lo hará una segunda. Voy a vigilar de cerca a Natalie Sloane.
No solo eso, sino que tengo que asegurarme de que ninguno de los chicos del centro hable con ella sobre Tyreek más allá de los tópicos de siempre: «Era un tío genial» o «Se le echará de menos». Y nada más.
Por mucho que quiera que Natalie Sloane se vaya y no vuelva a poner un pie en el centro, parece que la junta me ha puesto entre la espada y la pared.
Pero, por otro lado, podría equivocarme y que sus intenciones sean puras. Quizá no intente escarbar en nada en lo que no debería. Y quizá los unicornios echen a volar por el cielo.
Una periodista en el centro es lo último que necesito ahora mismo.
Pero aquí estoy. Tengo que asegurarme de mantener a Natalie bajo estricto control.
Tendré que asistir a su clase o pedirle a alguien de confianza que lo haga.
Hacer de niñera de una periodista no es algo que me interese.
Pero no quiero que consiga demasiada información.
—Eh, señor jefe. ¿Cómo va eso?
Levanto la vista. —Bastante bien. ¿Cómo estás hoy, Jake?
—De lujo. Oye, que estábamos pensando en organizar un partido de baloncesto esta tarde. Sé que no hay nada programado, pero ¿te parece bien?
—¿A qué hora habíais pensado?
Jake se encoge de hombros. —A las cuatro.
—Lo apunto en el horario.
Empieza a darse la vuelta, pero lo detengo.
—Oye, ya que te tengo aquí, vamos a empezar una nueva clase. Es de escritura creativa. ¿Te suena interesante?
Jake pone una mueca. —Suena a deberes.
Sonrío, con una sonrisa amable. De las que se ganan la confianza de los chicos. —No habrá deberes. Simplemente vendrá alguien a enseñar a escribir. Como parte de la clase, podréis escribir canciones, poemas, relatos cortos o lo que queráis.
Jake asiente lentamente. —Guay.
—¿Crees que te interesaría apuntarte?
—Supongo, si no tengo nada mejor que hacer.
Jake es un buen chico. Es uno de los más afortunados que visitan el centro.
Tiene padres que se preocupan por él, pero se ven obligados a trabajar mucho, lo que lo deja solo después del colegio, razón por la cual viene al centro a jugar al baloncesto o a los videojuegos con los otros chicos.
—Ese es el tipo de entusiasmo que me gusta oír.
Sonríe. —¿Cuándo empieza la clase?
—Tengo que hablar primero con la profesora. Ya te diré.
—Guay. Nos vemos. Jake me hace el signo de la paz mientras se marcha.
La clase será buena para los chicos. Siempre y cuando Natalie no meta las narices de periodista de sucesos donde no le llaman. Al fin y al cabo, a sus padres no les fue muy bien con eso.