9 Natalie
Natalie
Chocamos nuestras copas de cóctel y le doy un buen trago a mi vodka tonic.
Es mi bebida preferida en las noches cálidas de verano, fría y con burbujas.
Kate y yo estamos en nuestro sitio favorito.
Desde todo el asunto del secuestro del año pasado, es la única persona con la que he pasado tiempo de verdad, aparte de Martina y su familia.
Mis otros amigos me apoyan, pero no pueden ni empezar a imaginarse por lo que pasé, y me cuesta actuar con normalidad todo el tiempo.
Con Kate es diferente. No solo ha visto cosas horribles en su época como niña de acogida y detective de homicidios, sino que también perdió a sus padres.
Es fácil estar con ella. Entiende cuando tengo un mal día y no se incomoda cuando quiero hablar de mis padres o de haber estado secuestrada por un asesino en serie.
Somos amigas desde hace unos siete años.
Con toda sinceridad, le costó un poco abrirse conmigo.
Pero después de que yo informara de algunos casos en los que ella trabajó, aceptó quedar para tomar algo y pronto se dio cuenta de que teníamos mucho en común.
Cosas tristes y oscuras en común. Somos amigas desde entonces.
Sé que necesito algo más que a Kate en mi vida.
Antes salía con gente. Y me gustaba. Pero desde luego no he salido con nadie desde lo que pasó el año pasado.
Todo el rollo del cautiverio con el tío ese repelente me quitó las ganas de conocer a gente durante una temporada.
No es que fuera a salir con ese tío, obviamente.
Es solo que… supongo que ahora los hombres en general me parecen una amenaza.
Estudio a Kate por encima del borde de mi copa.
—Y bien, ¿qué te ha parecido?
Antes la he llamado y le he explicado que iba a dar clases como voluntaria, y le he enviado el esquema del curso. Quiero su opinión como no escritora, ya que voy a dar clase a un montón de no escritores.
Me mira.
—Me parece genial… y suena a clase interesante —dice mientras le da un sorbo a su bebida—. Pero me sorprende un poco que pienses ser voluntaria tan lejos de casa.
No está tan lejos. Una hora como mucho. Si no hay mucho tráfico.
—Creo que la clase será muy beneficiosa para los chavales.
Ella asiente y dice:
—¿No es donde le gustaba pasar el rato a la víctima del asesinato sobre el que estás informando?
—Sí.
Esboza una sonrisita y deja la copa en la mesa.
—Vas a infiltrarte.
—Al principio ese era el plan, pero ahora veo que es una forma de devolver algo. ¿Sabes?
—Ya —dice con escepticismo.
Dejo mi copa y se lo confieso todo. Mis motivaciones para visitar el Youth Center y cómo todo me está recordando a mis padres. Cómo recuerdo que mi madre también dio una clase, justo antes de morir. Y cómo a Tyreek lo vieron por última vez cerca de donde mataron a mis padres.
La expresión de Kate cambia, frunce el ceño.
—¿Crees que hay alguna conexión?
Pasa un camarero con un plato de patatas fritas para otra mesa. El aire se llena del olor a sal y a grasa. Qué rico.
Cuando el camarero ya no puede oírnos, digo:
—No, la verdad es que no. Simplemente siento que necesito saber más.
—¿Tuviste la sensación de que algo no iba bien en el Youth Center?
Lo que tiene tener una mejor amiga que es detective es que siempre sabe cómo sacar hasta el último detalle, sobre todo los que intento omitir.
—No exactamente. Solo lleva funcionando unos pocos años. Pero está bien, y debe de recibir un montón de financiación. El director de actividades con el que hablé, Sebastian, no me respondió realmente cuando le pregunté de dónde venían los fondos. Pienso investigar más a fondo.
Ella asiente.
—Interesante. ¿Algo más que destaque?
Miro alrededor del bar.
—Cuando me fui, sentí que me estaban observando. Al llegar al aparcamiento, me di la vuelta y, efectivamente, Sebastian me estaba mirando desde la puerta.
Pero incluso mientras lo digo, algo frío me recorre.
Se me ha pasado por la cabeza más de una vez que, sea cual sea el destino que corrió Tyreek, podría haberse basado en algún contacto que hizo en el Youth Center.
Teniendo en cuenta que es de donde lo conocían todos sus amigos, no puedo ignorarlo.
Por eso creo que esta clase podría ayudarme a averiguar qué le pasó a Tyreek.
—¿Qué edad tiene ese tal Sebastian?
—Yo diría que entre treinta y pocos y treinta y tantos.
—¿Es posible que simplemente te estuviera echando el ojo? O sea, ¿que le parezcas guapa?
No había pensado en eso.
—Todo es posible.
—Bueno, si tienes la más mínima sensación de que estás en peligro, avísame de inmediato. Ningún reportaje merece que mueras por él, ¿verdad?
Verdad. ¿Es eso lo que pensaron mis padres también? No puedo evitar sentir que hay demasiadas coincidencias como para dejarlo pasar, pero, por otro lado, quizá solo estoy buscando una conexión. Cambio de tema.
—Entonces, ¿dónde cenamos?
Después de eso, la conversación es más distendida. Ligera y divertida. Creo que Kate intuyó que era lo que necesitaba. Durante todo el rato, no dejo de pensar en el esquema que me espera en el ordenador, y en la excusa que me dará para volver a entrar por las puertas del Youth Center.