Lo que enterramos antes de tiempo (Fractura 1) Capítulo 23 #3
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Capítulo 23 #3

—¿Eso significa que la nicotina no estuvo en el apartamento?

—No. Significa que no se detectó en lo que se analizó.

—Entonces, ¿puede decirnos dónde ingirieron las víctimas esa nicotina?

—No. —Thorne se quitó las gafas y se frotó la nariz—. Sé que la ingirieron. No sé cómo ni dónde.

—Gracias, doctor. No tengo más preguntas.

Josh regresó a su sitio. Elías, sin mirarlo, deslizó los dedos sobre el borde de la mesa. Era el gesto que hacía con el filo de un cuchillo. En el banco, el hombre de las gafas de pasta había dejado de escribir y miraba el techo, como si estuviera contando.

Sterling se puso en pie para el segundo turno de preguntas. Se tomó su tiempo.

—Doctor Thorne. El señor Tisdale le preguntó por las muestras del apartamento. Un resultado negativo, ¿descarta que la sustancia estuviera en un alimento o en una bebida?

—No. Depende de lo que quedara, de cuándo se recogió la muestra y de si se manipuló o se limpió. Un negativo no permite afirmar que no estuvo.

—Gracias. Nada más.

Josh esperó a que Vance preguntara si había más. No se levantó. Anotó en el margen de su cuaderno dos palabras: ¿quién limpió? Sterling acababa de dar por hecho algo que nadie había probado.

—El doctor puede retirarse —dijo Vance.

Thorne bajó del estrado, recogió su carpeta y salió por el pasillo central con el paso de quien llega tarde a otra autopsia.

El tercer día de juicio, Sterling llamó al detective Erik Martinsson.

Martinsson cruzó la sala con el paso lento de quien lleva veintidós años cruzando salas como aquella.

Era un hombre ancho, de mandíbula cuadrada y cuello grueso, con una corbata que parecía quedarle pequeña.

Juró sin pestañear. Cuando se sentó en el estrado ajustó el micrófono con una mano callosa y esperó la primera pregunta mirando al frente.

Sterling lo condujo con comodidad por lo que ya estaba en los papeles: la llamada de Peter Maco, el nombre de la empresa de catering, la identificación del chef.

Preguntó cómo habían dado con él y Martinsson contó cómo lo habían localizado y lo habían citado a una entrevista voluntaria en la comisaría de Astoria, después de interceptarlo cerca de su portal, a las doce y cuarenta de la madrugada del veintiocho de noviembre, al regresar de otro servicio.

—Detective, ¿cómo describiría usted la actitud del señor Finch durante esa entrevista?

Martinsson se inclinó hacia delante, en el gesto de quien comparte una confidencia.

—Defensiva. Desde el primer minuto. Le dijimos de qué se trataba y se puso tenso. Subió la voz. Sus manos temblaban. Era la actitud de un hombre al que le acaban de quitar el control de la situación.

Elías no se movió. Josh sí: apuntó una palabra, temblaban, y debajo de ella, ver DD5.

—¿Y su versión de los hechos?

—Cambió. En el registro de su domicilio encontramos restos de lejía concentrada en el desagüe de la cocina y del baño. Cuando le preguntamos, nos dio tres explicaciones distintas.

—¿Hubo algún testigo que situara al acusado saliendo del edificio?

—Sí. Un vecino, que prefiere mantener el anonimato por miedo, lo vio salir por el pasillo de servicio hacia la escalera de emergencia. Corría. Llevaba la capucha puesta y evitaba que le vieran la cara.

—Gracias, detective. Su testigo.

Josh se levantó, cogió una carpeta con tres hojas grapadas y fue al atril. Esta vez sí lo usó. Lo colocó a un lado, de modo que el jurado pudiera ver las dos caras a la vez: la suya y la de Martinsson.

—Detective, buenas tardes. ¿Cuántos años lleva usted en el cuerpo?

—Veintidós.

—¿Y cuántos informes de entrevista ha redactado en ese tiempo?

—Cientos.

—Entonces conoce bien el formulario DD5. El informe de seguimiento. Lo escribe el investigador después de cada entrevista y lo firma.

—Sí.

—¿Redactó usted el informe de la entrevista al señor Finch?

—Sí.

—¿Cuándo?

—Esa misma madrugada.

—¿A las seis y diez de la mañana, según consta aquí?

—Si usted lo dice.

Josh le tendió una copia a Vance y otra a Sterling. Sterling la leyó de pie, con atención. Después levantó los ojos hacia Martinsson, apenas un segundo.

—Voy a leer una frase de ese documento, detective. Es el párrafo tres. «El sujeto se mostró cooperativo y sereno durante toda la entrevista. No alzó la voz en ningún momento. Respondió con precisión a las preguntas sobre su horario y su itinerario». ¿Lo escribió usted?

—Es un resumen. No recoge todo.

—No le pregunto si lo recoge todo. Le pregunto si lo escribió.

—Lo escribí.

—Y hoy ha dicho a este jurado que el señor Finch subió la voz y que le temblaban las manos. ¿En cuál de las dos versiones debemos creerle?

—Objeción —dijo Sterling, sin demasiada fuerza.

—Se sostiene. —Vance miró a Josh—. Formule la pregunta de otro modo.

—Detective, ¿en el informe que usted firmó esa madrugada figura la palabra «temblaban»?

Martinsson tardó.

—No.

—¿Figura la palabra «agresivo»?

—No.

—Gracias. Hablemos de la lejía. Usted dijo que el señor Finch le dio tres explicaciones distintas. ¿Figuran en el acta del registro?

—Figura una.

—Léamela, por favor.

Martinsson tomó el documento que le tendía Josh y lo leyó con la voz plana de quien lee un parte:

—«El sujeto manifiesta que desinfecta su estación de trabajo a diario con lejía de uso profesional, conforme a la normativa sanitaria».

—¿Y el producto que encontraron?

—Un envase de cinco litros bajo el fregadero.

—¿Junto a otros productos de limpieza?

—Sí.

—¿Cuáles eran las otras dos explicaciones?

—Eran variaciones de la misma.

—Variaciones. —Josh dejó la palabra flotando un segundo—. Pasemos al testigo anónimo. Usted ha dicho que un vecino vio al señor Finch correr con capucha. ¿Dónde está el informe de esa entrevista?

—No se redactó. Era una persona asustada. Pidió que no constara su nombre.

—Entiendo. ¿Hay algún documento, algún acta, una nota de su cuaderno, que recoja lo que ese vecino dijo?

—Fue una conversación informal.

—¿Pero usted la recuerda con claridad?

—Sí.

—¿Capucha, carrera, cara tapada?

—Sí.

Josh abrió la segunda hoja y se la acercó a Vance.

—Este es el único testigo documentado de la salida del señor Finch del edificio. Se llama Julio, y es ayudante de mantenimiento. Fue interrogado en noviembre, pocos días después de los hechos, por usted y por la detective Vega. ¿Es correcto?

Martinsson no contestó enseguida. Aquella declaración estaba en su carpeta desde hacía casi un año.

—Es correcto.

—¿Habló Julio de una capucha?

—No lo recuerdo.

—Lo tiene delante. Si quiere, se lo leo.

—No hace falta. —Martinsson se aclaró la garganta—. No habló de capucha.

—¿Habló de que el hombre corriera?

—Dijo que pasó rápido.

—Pasar rápido no es lo mismo que correr, ¿verdad?

—Es una cuestión de interpretación.

—Claro. —Josh asintió y dejó el papel sobre el atril—. Una última pregunta, detective. Cuando un testigo da una versión a la policía, ¿cuál es el procedimiento? ¿Se documenta en un informe?

—Sí.

—¿Y si la entrevista no se documenta?

—Entonces no consta en el expediente.

—Gracias. No tengo más preguntas.

Josh regresó a su silla. No había elevado la voz, y la sala se había quedado callada. La mujer del jurado que tomaba notas dejó de escribir. En la primera fila, Donnelly miraba el estrado con los labios apretados.

Sterling pidió un receso de cinco minutos para hablar con su testigo. Josh lo vio salir al pasillo con Martinsson y volver solo, dos minutos más tarde, con la cara tensa. Cuando el juez reanudó la sesión, el fiscal se levantó.

—Señoría, el Pueblo llama a un testigo de última hora. El señor Julio Santos.

Josh se puso de pie antes de que terminara de pronunciar el nombre.

—Objeción. El señor Santos no figura en la lista de testigos de la fiscalía.

—Señoría —dijo Sterling—, el señor Santos es el ayudante de mantenimiento que declaró en noviembre.

Entonces no identificó al acusado, y por eso el Pueblo no lo incluyó en su lista.

Ayer por la tarde se presentó voluntariamente en la comisaría y ofreció una versión ampliada, después de ver la fotografía del señor Finch en la prensa.

Hemos entregado a la defensa la nota de esa entrevista hace menos de una hora.

—Una hora, Señoría —dijo Josh—. No me opongo a que declare un testigo que ya conocíamos.

Me opongo a que se me entregue, en pleno juicio, una versión sustancialmente distinta de la que obra en el expediente, sin tiempo para contrastarla.

Pido que se excluya el testimonio nuevo y, subsidiariamente, el tiempo necesario para estudiarlo.

Vance miró a Sterling. Sterling, por primera vez, evitó los ojos de Josh.

—El señor Santos no es un testigo nuevo —dijo Vance—: fue interrogado en noviembre y la defensa tiene esa declaración desde la primera entrega de pruebas.

Lo que ha cambiado es lo que dice, y esa entrega tardía sí perjudica a la defensa.

No lo bastante para excluirlo, pero sí para exigir un remedio.

Quince minutos, señor Tisdale. Y podrá confrontarlo con las dos versiones.

—Se volvió hacia el fiscal—. Señor Sterling, el tribunal espera que quede claro por qué ha cambiado.

En el pasillo, Josh buscó un banco y abrió la carpeta.

La nota de ayer era de dos páginas, firmada por Martinsson, con la fecha y la hora en la cabecera: Se presentó voluntariamente a las 16:40.

Debajo, tres párrafos en los que Julio decía que había visto al acusado salir corriendo, que llevaba capucha y que parecía aterrado.

Josh leyó el primer párrafo, luego cogió el DD5 de noviembre y lo puso al lado.

Pasó un dedo por las dos columnas. Hizo una marca al margen, después otra.

Silas y Markis se acercaron con cara de pregunta. Margaret, detrás, con el tic de siempre.

—En rigor —dijo—, ¿esto es bueno o es muy bueno?

—Es lo que es —respondió Josh—. Dadme diez minutos.