Lo que enterramos antes de tiempo (Fractura 1) Capítulo 6 #3
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Capítulo 6 #3

Ezra balbuceó, con la frustración visible de no poder expresar una idea compleja.

—El… el suelo. Estaba resbaloso. Y… y ella estaba durmiendo. Tenía frío.

—Y el cuchillo, Ezra —intervino Petters, sacando una fotografía forense del arma homicida: un cuchillo de cocina, tirado a pocos metros del cuerpo—. ¿De dónde salió ese cuchillo? ¿Es tuyo?

Ezra miró la foto, luego a su abuela, y otra vez la foto.

—Eso es para cortar. Yo no corto. Corta mi abuela el pan.

La señora Richards no se inmutó.

—Ezra no maneja cuchillos. Ni para el pan.

—Pero tú la sujetabas, Ezra. ¿Por qué la sujetabas? —insistió Genny.

Las lágrimas brotaron de los ojos de Ezra.

—Ella tenía que irse. La gente viene y se va. El ascensor se la lleva. Yo… yo no la dejaba ir. Quería que se quedara. Para que no tuviera frío.

—Ezra, Rachel ha muerto. No volverá —dijo Petters, intentando una dosis de realidad.

Ezra lo miró por primera vez a los ojos y su cara se endureció.

—No. No es verdad.

La señora Richards lo miró furiosa.

—¡No le diga eso! ¡No lo entiende! Ezra, cariño, Rachel está en un sueño profundo, ¿verdad? Y tú fuiste un buen vigilante.

Ezra se iluminó, aliviado por la reformulación.

—¡Sí! Soy un vigilante. Yo la cuido.

El interrogatorio era un callejón sin salida. Ezra no daba un relato coherente, ni negaba ni afirmaba nada, y su abuela lo protegía de cualquier pregunta incriminatoria. Tras otra hora de respuestas circulares, Petters dio la sesión por terminada.

Al salir, la señora Richards retuvo a Genny del brazo en el pasillo.

—Usted le habló como a una persona —dijo en voz baja—. Nadie más lo ha hecho.

Y volvió junto a su nieto antes de que Genny pudiera contestar.

Petters y Genny se dirigieron a la oficina del capitán Stuart Lennon, un hombre corpulento, de voz baja y amable, conocido por su preferencia por la eficiencia sobre la verdad matizada.

El capitán estaba leyendo el informe preliminar de Petters, frunciendo el ceño.

—Bueno, inspector. ¿Qué tenemos? ¿El caso resuelto antes del almuerzo? —preguntó Lennon, sin levantar la vista.

Petters se cuadró.

—Sí, capitán. Tenemos al sospechoso, Ezra Kuzma, detenido en el acto.

Se aferraba al cuerpo con el arma homicida a pocos metros.

Los vecinos lo identifican, vive en el edificio.

El motivo es probablemente una explosión de rabia.

La psicóloga dice que tiene un déficit cognitivo serio y que la evaluación formal tardará, pero eso no altera el hecho físico de que él es el responsable.

Para mí es un caso resuelto que pasa a la Fiscalía, y que ellos decidan entre juicio o internamiento.

Genny sintió que la sangre le subía a la cara.

—Capitán, con el debido respeto, el caso no está resuelto. No tenemos un móvil, no tenemos hora de la muerte y nadie ha comprobado nada: ni los vecinos, ni las cámaras, ni quién estaba en casa esa noche.

Lennon levantó por fin la vista, sin alzar la voz.

—Detective Connor, usted ha visto la escena. Un hombre, con sangre hasta los codos, abrazando a una mujer que ha sido acuchillada salvajemente. ¿Qué otra explicación es más probable que «el hombre que tiene la sangre en las manos es el culpable»?

—Que llegó después. El cuerpo estaba frío, capitán, llevaba horas muerta. Si la hubiera matado él, ¿por qué se queda? ¿Por qué…

—Porque está roto, Genny —la cortó Petters—. Pasa. Se quedan a llorar encima del cadáver.

—…por qué le dice que no se vaya, que tiene frío? Eso no es rabia, es protección. No sabemos si el cuchillo tiene huellas suyas, y la herida es brutal. Un chico que no entiende ni dónde está, ¿es capaz de eso?

—Estás buscando una conspiración, Genny —replicó Petters—.

Un ataque de celos o de rabia a los treinta años, sin importar su coeficiente intelectual, no es raro.

La ley es binaria: culpable o no culpable.

Y este chico estaba en la escena con el arma.

No compliques lo sencillo. Nos esperan los casos serios.

—Esos «casos serios» no merecen que dejemos a un inocente vulnerable en la cárcel, inspector. Puede que lo hiciera él. Pero hoy no lo sabemos. Hay que hablar con los vecinos, revisar las cámaras, verificar coartadas y saber por qué mataron a Rachel Harding. Denme dos días.

Lennon negó despacio con la cabeza.

—Genny, le agradezco el celo. De verdad.

Pero este trimestre ya cerramos con tres homicidios sin resolver y no voy a abrir otro por una intuición.

La evidencia es abrumadora y la Fiscalía acusará en cuanto tengamos el informe forense.

A veces un cuchillo y un cuerpo en el mismo lugar es todo lo que necesitamos.

Y piense en el chico: lo mejor que le puede pasar es un centro del estado donde sepan cuidarlo.

Ezra Kuzma es el culpable. Caso cerrado.

Le dio a Petters una palmada en el hombro.

—Inspector, buen trabajo. Prepare el papeleo para archivar esto. Y usted, detective Connor, no pierda el tiempo persiguiendo fantasmas. Concéntrese en la carga de casos abiertos, no en los cerrados.

Genny se quedó de pie. Para el departamento, el caso había terminado antes de empezar.