Lo que el mar devuelve CAPÍTULO 79
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CAPÍTULO 79

El eco de los pasos en el pasillo principal de la comisaría de Puerto de la Roca ya no sonaba a advertencia ni a urgencia, sino al compás pausado de una rutina recuperada.

Las taquillas del fondo volvían a cerrarse sin portazos y las máquinas de café del descansillo recuperaban su protagonismo habitual en las conversaciones de pasillo entre los agentes de patrulla.

Lidia estaba sentada por fin en su mesa de siempre, la de toda la vida, aquella que había tenido que abandonar temporalmente cuando la tormenta de Bermúdez amenazaba con llevárselo todo por delante.

La superficie de madera estaba despejada de carpetas de investigación y albaranes falsos; solo quedaban a mano un par de atestados rutinarios de faltas menores y una pequeña planta de plástico que alguien había dejado olvidada en un rincón y que ella había decidido conservar para dar algo de color al despacho.

Izan asomó la cabeza por el vano de la puerta, con una carpeta bajo el brazo y una expresión de alivio absoluto en la cara.

—Oye, ¿te enteraste de lo de la nueva asignación de la general de hierro? —preguntó el subinspector, cruzando el umbral y apoyándose contra el marco.

Lidia levantó la vista de la pantalla del ordenador y arqueó una ceja, intrigada.

—¿Bárbara? ¿A dónde la mandan ahora? ¿A revisar las cuentas del ministerio de Fomento? —bromeó ella, dejando escapar una sonrisa.

—Casi. Se va directa a Madrid, a coordinar una fiscalización de contratos europeos en la península —respondió Izan negando con la cabeza, medio incrédulo medio divertido—.

Al parecer, la han reclamado arriba para replicar el "método Puerto de la Roca" en media España.

Dice la leyenda que ya ha pedido los expedientes de tres ministerios antes de subir al AVE.

Lidia soltó una carcajada limpia, apoyando la espalda en el respaldo de la silla.

Era el final perfecto para una mujer que había entrado como un terremoto y había barrido hasta el último rincón de la deshonra.

Ya nadie echaba de menos el viejo compadreo; la comisaría respiraba por fin con pulmones limpios.