Lo que el mar devuelve CAPÍTULO 80
100%

CAPÍTULO 80

La luz del atardecer caía sobre las dársenas de Puerto de la Roca tiñendo el agua de un tono cobrizo y tranquilo. El bullicio de los barcos pesqueros regresando a puerto se mezclaba con el goteo constante de la marea contra los muelles de cemento.

Lidia e Izan caminaban despacio por el espigón, con las manos en los bolsillos de las chaquetas y el aire salado del mar despejándoles la cabeza tras la última jornada de trabajo puramente ordinaria.

Ya no había llamadas a medianoche de jueces nerviosos, ni extractos bancarios ocultos en dobles fondos, ni la sombra asfixiante de un mando corrupto vigilando cada movimiento desde el despacho principal.

—Oye, por cierto —dijo Izan de repente, deteniéndose junto a la barandilla y mirando hacia alta mar, donde el sol empezaba a fundirse con el horizonte—.

El fin de semana que viene pensaba sacar el velero a dar una vuelta larga mar adentro.

Si te apetece desconectar de verdad y dejar el asfalto atrás, estás invitada a subir a bordo.

Lidia se paró a su lado, sonriendo con complicidad ante la ocurrencia de su compañero, y aceptó con un gesto afirmativo de cabeza.

—Acepto el barco y la tregua, Izan —respondió ella con una satisfacción serena—. Ya iba siendo hora de cambiar de aires, sobre todo ahora que por fin tendré las tardes libres para sentarme en casa y terminar de una vez esa novela que llevaba meses acumulando polvo en el cajón.

Izan asintió con una sonrisa cómplice, compartiendo la alegría de ver que las cosas volvían a su cauce. La tormenta había quedado atrás, y en Puerto de la Roca, por fin, volvía a reinar la calma.