CAPÍTULO 74
Las siguientes cuarenta y ocho horas en la comisaría de Puerto de la Roca transcurrieron bajo un régimen de casi extenuación.
La llegada de Bárbara de Guzmán no había supuesto un cambio de aires, sino la irrupción de un ciclón sin contemplaciones que no entendía de turnos de descanso ni de pausas para el café.
A mediodía del segundo día, Lidia y el subinspector Izan revisaban las últimas partidas de los contratos de seguridad en el despacho auxiliar, rodeados de carpetas apiladas como pequeñas murallas de cartón.
—Te lo juro, si esta mujer me vuelve a pedir otro cruce de albaranes de las grúas de levante, me voy a vivir a una boya en medio de la bahía —murmuró Izan con la vista clavada en la pantalla del ordenador, frotándose los ojos con las yemas de los dedos tras horas de lectura continua.
—No te quejes tanto, que gracias a su ritmo frenético ya hemos cazado tres facturas infladas que los antiguos inspectores habían metido por la puerta de atrás —le replicó Lidia con media sonrisa, aunque la ojera morada bajo su ojo izquierdo delataba que estaba igual de exhausta.
Antes de que Izan pudiera contestar, la puerta se abrió de un empujón seco. Bárbara de Guzmán apareció con una tablet en la mano y la gabardina arrojada sobre el brazo izquierdo. No traía buenos modales, pero sí una chispa de triunfo en la mirada que rara vez dejaba asomar.
—Dejen los albaranes —ordenó la comisaria sin preámbulos, deteniéndose frente a la mesa de ambos—. Acaban de llegar los extractos bancarios de las cuentas en paraísos fiscales que el juez Vidal reclamó para la cúpula de la corporación portuaria.
Lidia e Izan se incorporaron de inmediato, dejando caer los bolígrafos sobre el escritorio.
—¿Y bien? —preguntó Lidia, conteniendo el aliento.
—Hay rastro —sentenció Bárbara con una sonrisa fría y afilada como una cuchilla—.
Y no solo aparece la firma del excomisario Bermúdez.
Hay dos nombres más de mandos intermedios de esta misma comisaría que hasta ahora jugaban a hacerse los sorprendidos en las reuniones.
Vengan conmigo a la sala de juntas. Hoy mismo cerramos el círculo.