Lo que el mar devuelve CAPÍTULO 69
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CAPÍTULO 69

La salida del comisario Bermúdez, escoltado discretamente por el agente judicial hacia la planta baja, dejó un vacío absoluto en el pasillo principal de la comisaría de Puerto de la Roca.

Los agentes que observaban la escena desde los escritorios y los despachos contiguos permanecían en silencio, asimilando la magnitud del cambio que acababa de producirse en cuestión de minutos.

Lidia cruzó el umbral del despacho principal y dejó escapar un largo suspiro, apoyando las manos sobre la superficie de caoba que hasta hacía unos momentos ocupaba el excomisario Bermúdez.

El espacio olía a tabaco de pipa rancio y a disolvente de oficina, un reflejo exacto de la opacidad con la que se había gestionado la unidad durante años.

—Bueno, parece que el despacho ya no tiene inquilino —comentó Izan, asomándose a la puerta y echando un vistazo al desfile de compañeros que evitaban cruzar la mirada con ellos—.

Aunque me temo que lo más difícil empieza ahora.

Vaciar los cajones de Bermúdez es lo de menos; lo complicado va a ser convencer al resto de la plantilla de que las cosas van a cambiar de verdad.

Lidia asintió lentamente, recorriendo con la vista los grandes ventanales que daban al exterior. Desde allí arriba se divisaban las dársenas del puerto, con los pesqueros amarrados y la actividad comercial recuperando su ritmo habitual bajo la luz de mediodía.

—No hará falta convencer a nadie con discursos, Izan —respondió la inspectora con rotundidad, abriendo la carpeta azul que les había entregado el juez Vidal—.

Las pruebas hablan por sí solas. Los que estuvieran implicados en los chanchullos de la cúpula caerán por su propio peso en cuanto empecemos a auditar las partidas de seguridad y los registros de entrada de mercancías.

Y el resto... el resto solo necesita ver que aquí ya no hay miedo a investigar.

—De acuerdo. ¿Por dónde empezamos entonces? —preguntó el subinspector, acercándose a la mesa y arremangándose la camisa con gesto decidido—. ¿Revisamos las cuentas de las últimas adjudicaciones o convocamos una reunión general con los jefes de sección?

—Primero lo segundo —sentenció Lidia, cogiendo el interfono general de la mesa y pulsando el botón de aviso—. Que se presenten todos los inspectores de sección en la sala de juntas en diez minutos. Es hora de poner las cartas sobre la mesa en Puerto de la Roca.