LO QUE EL LAGO SABÍA CAPÍTULO 15 CUANDO LA CIUDAD LLAMA #6
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CAPÍTULO 15 CUANDO LA CIUDAD LLAMA #6

—Mateo es una bomba de tiempo en este preciso momento.

Está allá afuera, herido en su orgullo y viendo cómo Pato te hace sonreír a la luz del día.

Si no controlas esto hoy, si no decides qué vas a hacer de una vez por todas...

todo esto va a estallar. Y va a hacer exactamente el daño a nuestras familias que tú y él estaban intentando evitar desde el principio.

Santiago salió primero, frotándose la nuca y exhalando un suspiro que parecía cargar con el peso del mundo. Yo salí detrás de él, con los ojos todavía un poco rojos, intentando componer mi expresión.

Al poner un pie en el patio, el contraste de la escena casi me tumbó.

A mi izquierda, cerca del asador, estaba Pato. Le estaba pasando unas pinzas a mi papá, riéndose de algo que Leo acababa de decir. El sol de mediodía le iluminaba el rostro, haciéndolo ver relajado, brillante, perfecto.

Pros: me da paz, entiende mis crisis, no se asusta de mi éxito.

A mi derecha, sentado en la orilla de la terraza, estaba Mateo. Tenía una cerveza a medio tomar en la mano, la mirada clavada en el piso y los hombros tensos. Cuando escuchó la puerta, levantó la vista y sus ojos chocaron con los míos. Era una tormenta oscura de vulnerabilidad y dolor.

Pros: me conoce en la oscuridad, me hace sentir viva, la pasión es irreal, es mi escape.

Mi cerebro intentó hacer una lista de contras, pero se quedó en blanco.

La presión en el pecho regresó. No podía hacerlo sola.

Saqué el celular del bolsillo trasero de mis jeans, temblando, y abrí el chat grupal.

Olivia:

SOS. La bomba ya explotó. Santiago lo sabe todo. Mateo se lo dijo. Reunión de emergencia en mi cuarto en cinco minutos.

Guardé el celular y pasé por el pasillo lateral, huyendo hacia las escaleras antes de que cualquiera de los dos pudiera hablarme.

SANTIAGO

Caminé directo hacia Victoria, que estaba sirviéndose agua en la barra exterior. La tomé del codo suavemente, pero con una urgencia que ella captó de inmediato, y la guié hacia el muelle, lejos del radar de los adultos y de los dos implicados.

—Oli me acaba de decir que tú lo sabes —solté sin preámbulos, cruzándome de brazos, mirándola como si fuera una extraña—⁠. Sabes todo este desastre.

Victoria suspiró, cerrando los ojos un segundo antes de asentir.

—Sí. Me lo confesó hoy en la mañana. Lo de Mateo lo sé desde hace semanas, y lo de tu amigo me lo soltó hoy.

—Vic, tu hermano me acaba de acorralar en el garaje —me pasé las manos por la cara, la culpa comiéndome vivo—⁠.

Me confesó que Olivia es la chica con la que se desaparece.

Estaba a punto de llorar o de romperme la cara, no estoy seguro.

Y yo... carajo, yo le dije a Oli en la mañana que le diera una oportunidad a Pato.

Le abrí la puerta a mi amigo sin saber que estaba apuñalando a tu hermano por la espalda.

Victoria abrió los ojos de par en par, procesando la magnitud de la catástrofe.

—Mateo está destruido —susurró ella, mirando hacia la terraza, donde su hermano seguía sentado en silencio—⁠. Toda la vida ha sido el protector. Siente que si pierde a Oli, lo pierde todo.

—Por eso tenemos que pararlo —dije, desesperado—⁠. Yo amo a Pato, es mi hermano de la ciudad. Pero Mateo... Mateo la ama en serio. Ocultó todo esto para protegerla de nuestras familias. Creo que deberíamos darle espacio para que hable con ella. Tienen historia, Vic.

Victoria se quedó callada, mirando la punta de sus sandalias. Su mente de abogada estaba separando los hechos de los sentimientos, luchando contra su propia sangre.

—Santi... —empezó, con la voz temblándole ligeramente—⁠. Amo a Mateo. Daría la vida por él. Pero... no creo que sea la opción correcta para ella.

Me eché hacia atrás, parpadeando, incrédulo.

—¿Me estás jodiendo? Es tu hermano. Deberías ser team Mateo a muerte.

—No se trata de bandos, Santiago. No estamos en una película —replicó Victoria en un susurro divertido, acercándose para que nadie los escuchara—⁠.

Mateo le exige a Olivia que apague su cerebro.

Quiere que se esconda en el lago con él y se olvide de todo.

Pato, en cambio, se sentó con ella a las tres de la mañana mientras terminaba un pendiente.

Pato la trata como una igual en intelecto, no como una princesa a la que tiene que rescatar de la torre.

Me quedé sin argumentos.

La lógica de mi novia era aplastante.

—Nos vamos a graduar pronto, Santi —continuó Victoria, con los ojos brillantes por las lágrimas contenidas—⁠.

Yo me voy al bufete en tu ciudad contigo.

Olivia tiene todavía MUCHA carrera por delante, que la va a absorber en cuerpo y alma.

Mateo se va a ir a matar a la universidad por un pase a las grandes ligas.

Sus vidas en la ciudad van a chocar. Mateo la ama en la burbuja del lago, pero Pato demostró que puede amarla en el caos de la ciudad.

Solté un suspiro derrotado y la abracé, escondiendo el rostro en su cabello.

—Mierda. Esto va a terminar en una explosión monumental, ¿verdad?

—Sí —murmuró Victoria contra mi pecho—⁠. Y nosotros vamos a tener que recoger los pedazos de los dos cuando Olivia tome una decisión.

OLIVIA

Apenas me había sentado en el borde de mi cama cuando la puerta se abrió. Caro, Amber y Victoria entraron con caras de funeral. Caro fue directo a mi escritorio, agarró una libreta de notas y una pluma, y se sentó en el piso frente a mí, cruzada de piernas.

—Se acabó el tiempo de llorar y de estar confundida —anunció Caro, destapando la pluma con los dientes—⁠.

Santiago ya está involucrado. Si esto sale del jardín, sus papás se van a enterar y el verano se cancela.

Vamos a hacer esto como las mujeres de ciencia y leyes que somos. Pros y contras. Ahora.

Victoria se sentó a mi lado en la cama, pasándome un brazo por los hombros en señal de apoyo. Amber se recargó en la puerta, haciendo guardia.

—Empezamos por mi hermano —dijo Victoria, tragando saliva, intentando ser lo más objetiva posible—⁠. Pros de Mateo.

—Química nivel explosión nuclear —aportó Amber sin dudarlo—⁠. Además, es tu escape. Sabe cómo calmarte cuando quieres huir de la presión. Te conoce en tu versión más vulnerable y oscura.

—Contras —dijo Caro, anotando rápidamente.

Victoria respiró hondo, como si cada palabra le costara.

—Es celoso, territorial y todo esto es un maldito secreto que te está consumiendo. Además, se va a ir a jugar a la universidad para buscar el pase a grandes ligas. Su mundo es el deporte extremo y la intensidad. El tuyo es un hospital. Sus futuros en la ciudad chocan.

Caro terminó de escribir y levantó la pluma.

—Siguiente. Patricio Villarreal. Pros.

—Te trajo un sándwich a las tres de la mañana mientras terminabas un protocolo de investigación y no se quejó de que no le hicieras caso —dijo Victoria, con una sonrisa triste—⁠.

Te dio tu lugar frente a toda la familia en la emergencia de Mika.

No le asusta tu cerebro. Sabe cómo ayudarte sin preguntar estupideces.

—Contras de Pato —pidió Caro, levantando la vista.

El cuarto se quedó en silencio.

Las tres me miraron. Yo miré mis manos entrelazadas sobre mi regazo.

—Si no funciona... —murmuré, con la voz apenas como un hilo—perdería una posibilidad.

Algo que podría ser bonito. Pero no perdería mi centro.

Él y Santi seguirían siendo amigos, y yo tendría que buscar otra forma de moverme, de ir a los partidos los domingos, de no sentir raro cada vez que lo vea. Eso es lo único que perdería.

La frase salió de mi boca y me dio miedo. Porque no dolía tanto como debería. Caro terminó de escribir, arrancó la hoja de la libreta y me la puso en las manos.

Miré el papel.

Las palabras escritas en tinta negra eran irrefutables. La columna de Mateo estaba llena de pasión, adrenalina y dolor. La columna de Pato estaba llena de futuro, paz y luz.

El beso de la camioneta volvió a mi mente, junto con la forma en que entrelazó sus dedos con los míos.

Pato no quería esconderme. Quería caminar a mi lado.

Tomé una respiración profunda, sintiendo que el peso en mi pecho comenzaba a ceder.

La decisión estaba tomada.

—Mañana en la mañana —dije en voz alta, con una firmeza que nos sorprendió a todas—⁠. Voy a hablar con ambos. Les voy a decir que esto terminó por el bien de la humanidad.

Las chicas abrieron los ojos por completo.

—¿Segura que quieres dejar ir a ambos, Oli? —preguntó Amber.

—Jamás había estado tan segura en mi vida —respondí, limpiándome una lágrima con la manga de la sudadera—⁠. No se merecen esto. Ni ellos ni nadie. Se acabó. Me escojo a mí, a mi salud mental y a lo que resta de mi verano.

Esa noche, cuando las chicas se fueron y me quedé sola en la oscuridad de mi cuarto, dormí como no lo había hecho en semanas.

El cerebro de estudiante había ganado. La lógica dictaba que era lo correcto. Lo sano.

Me iba a escoger a mí.

A mi paz. A lo que quedaba de mi verano. Quise creer que estaba segura.

Quise creer que tenía la respuesta.