Lo que el gouda se llevó (Misterios En La Quesería 2) Capítulo veinticuatro
72%

Capítulo veinticuatro

CAPÍTULO VEINTICUATRO

C uando Heath se marchó, me planteé qué hacer a continuación.

No quería admitirlo, pero aún estaba temblorosa por el accidente de coche.

De pronto pensé en Grayson, mi hermano, fallecido en un accidente de tráfico.

Nunca quise enterarme de los detalles de su muerte.

Evité leer y oír nada al respecto, y solo supe la información más general: había salido con sus amigos el fin de semana antes de graduarse en la universidad, el coche volcó y murió.

Sabía que le daría vueltas al asunto, que imaginaría cómo debieron de ser sus últimos momentos.

Siempre quise creer que fue algo instantáneo, pero en ese momento me vi obligada a contemplar una escena distinta.

¿Se descontrolaría el coche en el que iba como le había pasado al de A.

J.? ¿Experimentaría antes de perder la vida el mismo miedo que yo había sentido hacía un rato?

Traté de quitarme esos pensamientos de la cabeza y deseé eliminar también el malestar que en ese momento sentía en el estómago. Necesitaba entretenerme con algo.

Entré en el almacén de ¿Qué Sería? a buscar la caja de herramientas y los materiales necesarios para terminar de decorar la carroza.

Roman aún tenía parte de la decoración. Pensé en escribirle, pero me sentía tan vulnerable que no estaba segura de querer verlo en ese estado.

Decidí no hacerlo y empecé a transportar el material hacia el aparcamiento.

En el tercer y último trayecto, apareció Baz en la camioneta y aparcó en su plaza, junto a mi coche.

Mi humor mejoró. Me vendría muy bien estar con mi mejor amigo.

Se bajó de la camioneta seguido del perrito.

—¡Baz! —grité y le saludé con la mano.

—Hola, Wil.

Como se quedó cerca de la camioneta, me acerqué yo. Saludé a Cuqui rascándole las orejas.

—No te vas a creer lo que ha pasado —comencé.

Antes de que me diera tiempo a resumir mi conato de accidente y la nota que podría haber ido dirigida a mí además de a A. J., la puerta del copiloto se abrió y salió Ginger.

—¡Uy! —Se me escapó—. Hola, Ginger.

—¡Hola! —contestó ella con poco entusiasmo. Estaba concentrada en el móvil que llevaba en la mano.

De espaldas a Ginger, le lancé un gesto de sorpresa a Baz.

—Su casa me pillaba de camino al volver de mi último trabajo. Vamos a la librería para trabajar un poco en la carroza. —Contestó a mi cara de sorpresa con una mirada severa para que actuara con normalidad si no quería vérmelas con él más tarde.

Obedecí.

—Yo también tengo que quedar con mi grupo. No faltan más que unos cuantos días para el desfile.

Ginger levantó la vista del teléfono.

—Si viene Chet, dile que se pase por la librería. Está ignorando mis mensajes.

—No creo que los esté ignorando. Es que… Eh… Está con la policía.

—¿Qué? —Por fin dejó de mirar el teléfono con cara de fastidio y me miró a mí—. ¿Por qué?

—Es una larga historia, pero A. J. ha reconocido haber hecho las fotos de Phoebe comiendo carne.

—Chet no tuvo nada que ver. —Ginger volvió a mirar su teléfono como en busca de respuestas—. ¿Verdad?

—No, no tuvo nada que ver. A. J. les mintió, a él y a Deandra, pero el detective Heath ha querido hablar con ambos de todos modos.

—Debería ir a la comisaría —dijo ella.

Baz pareció decepcionado.

—No te molestes —me apresuré a decir—. No te van a dejar entrar en la sala de interrogatorios.

—Necesito ponerme en contacto con él. Te veo luego en la librería, ¿vale, Baz? Tengo que llamarlo.

—Claro —contestó Baz cuando Ginger ya le daba la espalda y se alejaba con el teléfono en la oreja.

—Muchas gracias, Wil —protestó Baz.

—Lo siento. No te enfades. No está descartada como sospechosa. De hecho, he omitido parte de la historia, porque es posible que ella esté involucrada.

—No es posible. Tienes que abandonar ya esa idea.

—Lou me habló de su relación con Phoebe en el pasado.

—Puede que Lou esté intentando desviar la atención de esos correos electrónicos.

—Puede que sí. Pero Ginger es una de las pocas personas a quien Phoebe habría dejado entrar en su casa ese día.

Soy consciente de que el robo de las recetas no te parece suficiente razón como para cometer un asesinato, y a lo mejor estás en lo cierto.

Pero eran unas recetas familiares que le habían pasado a ella.

Parece que Phoebe adoptó la imagen vegana de Ginger después de convencerla para no abrir juntas la cafetería vegana.

Al menos eso es lo que creo. De todos modos, luego podrías preguntárselo tú.

—Ya te lo he dicho: no pienso interrogar a Ginger.

—Es que hay más. —Todavía no le había contado que Ginger tal vez supiera que yo iba en el coche de A. J. esa tarde y que pudo haber manipulado los frenos.

—Me da igual. No quiero saber nada más del tema —Baz comenzó a alejarse.

—Pensaba que éramos socios en esto —exclamé por detrás de él.

Se detuvo y se dio la vuelta.

—¿Sabes qué? Tienes razón.

—¡Gracias! — Por fin. Ya lo admite .

—Toma. —Me puso a Cuqui en los brazos.

—¿Qué haces?

—Se acabó. —Levantó las manos en señal de rendición.

—¿Cómo que se acabó? —Estaba muy confusa.

Repasó con los dedos sus argumentos.

—La policía ya tiene la confesión de A. J.

sobre las fotos. Archie les dio la foto del acosador y los correos electrónicos indignados de Lou.

La policía ya cuenta con suficiente información para averiguar quién es el asesino.

Personalmente, me lavo las manos de todo este asunto y creo que tú deberías hacer lo mismo.

Casi esperé que esbozara una sonrisa, casi creí que estaba de broma. Nunca había visto a Baz así y menos conmigo.

—¿Lo dices en serio?

—Luego te dejo su comida en el porche.

Baz hizo la señal de la paz con los dedos, se marchó hacia la librería sin decir nada más y nos dejó a Cuqui y a mí mirándonos con cara de asombro.