Lo que el gouda se llevó (Misterios En La Quesería 2) Capítulo quince #2
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Capítulo quince #2

—Pregúntale a Deandra. Fue ella quien encontró la memoria USB en su mesa.

—Ya hablé con ella. Y el viernes por la noche, entre cerveza y cerveza, ¿no te contó Thomas dónde se alojaba Phoebe?

—Esperaba que lo hiciera, pero apareciste tú. —Me fulminó con la mirada.

Eso era cierto. Aunque él no hubiera tomado las fotos, el instinto me decía que sabía algo más sobre ellas. Necesitaba cambiar de estrategia si quería averiguar algo más.

—¿A qué te refieres exactamente con «poner en común nuestros recursos»?

—Me refiero a trabajar juntos. A mí me interesa esta noticia y a ti te interesa ser la Veronica Mars de Yarrow Glen. La de la peli, que es más vieja.

Lo miré con desdén. Si pretendía ganarse mi simpatía, no iba por buen camino.

—¿Y tú quién quieres ser? ¿Qué experiencia tienes tú como investigador?

—Estuve un tiempo trabajando en Los Ángeles.

—¿Y pasaste de Los Angeles Times a La Gaceta de Glen ?

—He dicho que trabajaba en Los Ángeles, no en el Times —masculló—. Era autónomo.

—Ah, no está mal. ¿Y por qué te mudaste a Yarrow Glen? Lo máximo que investígala Gaceta es qué verduras se venderán en el próximo mercado de productores.

—Para ser sincero, me cansé de intentar trepar por encima de todos para conseguir un reportaje. Había un puesto vacante de redactor jefe en La Gaceta y se me ocurrió que aquí podría… —Se encogió de hombros.

—Que aquí podrías ser un pez gordo en un estanque pequeño —acabé la frase.

—Más o menos. Solo tenía previsto quedarme una temporada, lo suficiente como para poner «redactor jefe» en el currículum.

Sin embargo… No sé, esto me gusta. Aquí la gente es agradable y no necesito compartir piso para pagar el alquiler.

¿Sabías que el número de lectores ha aumentado un doce por ciento desde que ocupé el puesto?

—La comunidad andaría perdida sin La Gaceta . Es obvio que has hecho un trabajo fantástico, por eso no entiendo que quieras convertir el periódico en una publicación sobre crímenes reales.

—Se trata del periódico de la comunidad, tú misma lo has dicho.

Y tienes razón: no es frecuente que se produzcan asesinatos en nuestro pueblo, por eso es más importante que nunca que los vecinos sepan lo que sucede.

—En eso tenía razón—. Venga ya. El año pasado hiciste que las cosas se pusieran interesantes cuando investigaste el asesinato de Guy Lippinger.

Trabajemos juntos esta vez. Los dos queremos resolver el caso.

Se me da bien sonsacarle información a la gente y Roman le contó a Chet que eres una tía peleona.

—¿Peleona? —Hice una mueca de desaprobación.

—Creo que lo dijo como un cumplido.

Había un montón de adjetivos con los que me habría gustado que Roman me describiera, pero peleona no era uno de ellos. Por el momento tuve que apartar ese pensamiento. No era mala idea colaborar con A. J., dado que mi lista de sospechosos no me había llevado a ninguna parte.

—De acuerdo. Podemos intentarlo —accedí.

—Estupendo.

—¿Qué has averiguado?

—Espera. ¿Qué me darás a cambio?

Lo pensé bien. El peor golpe contra Archie eran las imágenes de la cámara de vigilancia. Si descubríamos cómo había entrado el asesino a la casa, libraríamos a Archie de toda culpa.

—Conozco la ubicación de la casa —le dije a A.

J. La policía no quería desvelar la dirección para que los paparazzi y los seguidores de Phoebe no acudieran a hacer fotos ni intentaran entrar—.

Está completamente vallada y tiene cámaras de vigilancia: dos en la parte delantera y ninguna en la trasera.

De algún modo, el asesino tuvo que entrar por la puerta de atrás.

—No pensaba decirle nada sobre la aparición de Archie en las imágenes, ya que no quería verlo en La Gaceta como posible sospechoso—.

Anoche, Baz y yo intentamos encontrar un modo de acceder, pero unos agracejos espinosos nos cortaron el paso.

Como estaba muy oscuro y los forenses se encontraban trabajando dentro de la casa, decidimos marcharnos.

—¿Crees que los forenses siguen allí? —preguntó A. J.

—No tengo ni idea. Tampoco pensábamos que estarían allí anoche.

—Podemos volver a echar un vistazo. Tal vez tengamos más suerte a plena luz del día. Si encontramos la manera de entrar, tendré algo valioso que publicar.

—Un momento. ¿Y qué me ofreces tú?

A. J. se quedó pensando unos segundos antes de contestar:

—El conductor de Uber que dejó a Thomas Doolittle en la casa el día que asesinaron a Phoebe no lo esperó para volver.

—¿Se marchó?

—Thomas contó con veinticinco minutos antes de que otro Uber lo recogiera.

Me pregunté si permaneció fuera de cámara todo ese tiempo.

—¿Cómo lo has averiguado? ¿Has hablado con el conductor?

—Ya te he dicho que tengo mis fuentes, pero el conductor no es una de ellas. De hecho, nadie ha conseguido dar con él, ni siquiera la policía.

—¿Y eso?

—Parece que se asustó al enterarse de que la policía lo estaba buscando y huyó. Quizá tuviera antecedentes.

—Eso es estupendo. —Sabía que para Heath lo importante eran las pruebas y ahora había más en contra de Thomas.

—Ya tienes tu información. Ahora quiero la mía. Ven a La Gaceta a las tres. A esa hora ya habrán terminado las reuniones y podremos ir en mi coche hasta la casa.

Dudé. Heath me mataría por meter a A. J.

en eso y seguramente por filtrar información sobre el escenario del crimen a la prensa.

Me planteé la posibilidad de renegociar el trato.

Pero por otra parte, si se corría la voz de que existía una forma de acceder a la casa sin ser visto, las imágenes de las cámaras de vigilancia donde aparecía Archie perderían peso.

Permitir que A. J. hiciera ese trabajo sucio tal vez fuera un movimiento brillante por mi parte.

—¿De acuerdo? —Me tendió la mano.

—De acuerdo. —Se la estreché con la esperanza de no haber hecho un trato con el diablo.