Lo que el gouda se llevó (Misterios En La Quesería 2) Capítulo trece #2
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Capítulo trece #2

—Bueno, seré sincera yo también. No voy a entrometerme, pero voy a investigar.

Podemos trabajar juntos o por separado, pero no voy a fingir que me quedo de brazos cruzados.

—Una emoción descontrolada me embargó de nuevo al pensar en el problema de Archie—.

Heath, Archie fue a casa de Phoebe por mí.

—Me aclaré la garganta para intentar controlar el temblor de mi voz.

A Heath se le escapó un suspiro audible mientras se acariciaba la mandíbula afilada con aire pensativo. Se levantó, se quitó la chaqueta del traje y la soltó en el sillón vacío. Se aflojó la corbata y se desabrochó el primer botón de la camisa.

Me recliné en el sofá, no porque estuviera incómoda, sino porque la proximidad de Heath —del hombre, no del detective— me desestabilizaba.

No me importaba tratar con él como el detective con quien siempre discutía; sin embargo, no estaba preparada para la aparición de aquel hombre guapo e íntegro del que sabía tan poco.

Sin llamar la atención, me froté las palmas sudorosas de las manos contra los vaqueros.

Tomé un sorbo de agua y bastó que me concentrara en la pistolera que le envolvía los hombros y que terminaba en una funda junto a su costado para volver a pensar en él como detective.

Volvió a sentarse, ajeno, por suerte, a mi confusión interna, y dijo:

—¿Qué sabes?

Dejé a un lado mi sorpresa y permití que volviera la parte cómoda de nuestra relación mientras le contaba la versión que Thomas nos había facilitado esa tarde.

—¿Crees que le pudo dar tiempo a matarla en el intervalo de tiempo en que la cámara no lo captaba?

—Estamos estudiando todas las posibilidades. Tenemos el testimonio del conductor de Uber y la grabación de la cámara de vigilancia —dijo Heath sin pillarse los dedos. No iba a obtener de él la más mínima concesión.

—Vale. ¿Y la foto del seguidor que llegó por correo y que Archie vio? ¿Hay algún modo de averiguar quién es ese chico?

Heath se quedó callado un rato antes de decir:

—Allí no había ninguna foto.

—¿Qué quieres decir? Archie dijo que él mismo abrió las cartas y que alguien había mandado una foto. Phoebe me explicó que no se alojaba en el hotel por los periodistas, pero quizá la verdadera razón fuera que alguien la acosaba.

—Es posible.

—Pero no pareces convencido. ¿Pasa algo?

—Archie no fue capaz de proporcionarnos una descripción del hombre que aparecía en la foto.

—¿Y? ¿Qué insinúas? ¿Crees que ha mentido sobre esa estúpida foto?

—Bueno, eso podría servirle para dirigir las sospechas hacia otra persona… Hacia alguien anónimo, un acosador misterioso.

—¿Lo estás acusando de inventárselo?

—No lo acuso de nada. Pero hay que poner todas las posibilidades sobre la mesa.

Contuve lo que me apetecía contestarle en ese momento y me tragué la rabia.

Recordé que en la anterior investigación por asesinato estuve, durante mucho tiempo, en su lista de sospechosos.

Heath actuaba según las reglas y yo tenía que aceptarlo, sobre todo ahora que se mostraba más comunicativo. Pequeñas concesiones.

—¿Y las otras fotos? ¿Tienes alguna pista sobre quién tomó las imágenes de Phoebe cuando comía carne?

—Todavía no.

—Creo que deben estar conectadas, ¿no te parece? Las fotos y el asesinato.

—Estamos comprobando las coartadas.

—Vi que Thomas y A. J. se marchaban de El Sótano el viernes por la noche. —Volví a inclinarme hacia delante, contenta de contribuir con información útil.

—¿Los viste salir de allí? ¿Juntos o separados?

Casi esperé que Heath sacara su minicuaderno: de nuevo estaba en modo detective.

—Necesitaba que Thomas me diera unas recetas, así que Baz y yo fuimos a buscarlo al hotel. Lo encontramos en El Sótano, pero tenía prisa por irse. A. J. intentó sonsacarle información acerca de Phoebe y salió tras él.

—¿A qué hora fue eso?

—Sobre las seis y media. Creo que Thomas es la persona que buscas.

Vi cómo Phoebe lo despreciaba cuando estuvieron en mi tienda, parecía un comportamiento habitual.

Quizá él se cansó y quiso humillarla para que, por una vez, se volvieran las tornas.

No ha reconocido haber comprado la comida, pero tuvo que ser él.

¿A qué otra persona iba a confiarle semejante tarea Phoebe?

—Reproduje la escena mentalmente—. Thomas le llevó la comida y luego se dirigió a la parte trasera de la casa e hizo las fotos.

O tal vez avisó a A. J. ¿Sabes que fue él quien alquiló la casa?

Esos ventanales tan grandes le vinieron como anillo al dedo, ¿no te parece?

Heath asintió despacio mientras asimilaba lo que acababa de oír.

—No me has dicho nada que no hayamos pensado. Puede que Thomas le tendiera una trampa para humillarla, pero si quería matarla, ¿por qué no lo hizo esa misma noche?

Era una buena pregunta. A lo mejor quería vengarse de alguien más.

—¿Quizá porque quería cargarle las culpas a Archie? No le hizo mucha gracia que Phoebe lo eligiera a él para ayudarla en casa. O tal vez solo pretendía humillarla con las fotos para luego consolarla, pero después la cosa se torció.

—O puede que la persona que sacó las fotos no sea la misma que quien la mató.

—Venga ya, Heath.

—Las teorías están muy bien, Willa, pero nuestra obligación es tener pruebas. No puedo detener a Thomas solo porque pensemos que fue él.

—¿Y qué dice el conductor de Uber? La mataron en la bañera. Cuando Thomas volvió al coche, ¿estaba mojado? ¿Cuál era su estado de ánimo en ese momento?

—Son buenas preguntas. Estamos tomando declaración a todos los implicados.

—Bueno, cuando acabéis, ¿me contarás qué dice el conductor o tendré que hablar yo misma con él?

—¿Estás chantajeando a un detective de la policía?

—Eh…

Apareció su sonrisa, que me pilló tan desprevenida como las pocas veces que lo había visto sonreír antes, y se convirtió de nuevo en un tipo normal. Me sentí aliviada al ver que solo me tomaba el pelo, pero de pronto fui muy consciente de que estábamos solos en su casa.

Me levanté.

—En fin, dejo que te acuestes. Bueno, o lo que fueras a hacer antes de que yo…, ya sabes.

—¿Antes de que me persiguieras?

—Nooo.

Su sonrisa volvió a iluminarse, esta vez acompañada de una carcajada.

—No pasa nada, Willa. Agradezco tu punto de vista en este asunto.

Me acompañó a la puerta.

—Estupendo, porque quiero que sepas que no voy a tirar la toalla —le dije.

—Nosotros tampoco. Encontraremos a la persona que la ha matado.