Capítulo once #2
—Eso, a Archie. Así que pedí un Uber que me dejó en la puerta.
Llamé al telefonillo, pero ella no quiso contestar.
La llamé por teléfono. Le mandé varios mensajes.
Nada. Di la vuelta para ver si había otro modo de acceder, pero no lo encontré y volví a llamar al telefonillo.
No contestó y me volví al hotel. Supuse que se pondría en contacto conmigo cuando estuviera lista.
—¿No tenías el código para abrir la reja?
—Solo lo tenía ella, en el móvil. Como se suponía que yo podía entrar con el mando que estaba en el coche, no lo necesitaba.
—¿Viste a Archie en algún momento?
—No. Al principio pensé que esa era la razón de que no me contestara, pero luego me di cuenta de que el coche no estaba y pensé que se habrían ido juntos a algún sitio…, quizá fuera del pueblo.
—¿Estás diciendo que te fuiste de la casa sin verla ni hablar con ella? —La pregunta de Baz contenía una fuerte dosis de escepticismo.
—¿No me crees? ¿Por qué iba a mentir? ¿Piensas que yo maté a Phoebe? —Thomas se puso otra vez de pie.
—Era una jefa bastante exigente —señaló Baz.
—¿Y qué tiene de malo tener expectativas altas?
—Nada —intervine para intentar tranquilizarlo—. Pero nadie te echaría en cara que te hubieras hartado.
—¿No es posible que te cansaras de que jugara contigo y con tus emociones? Si una chica me tratara así… —Baz dejó la frase sin terminar.
—A mí… a mí no me importaba. No tenéis ni idea de lo que había entre nosotros. —Thomas nos miró de reojo—. ¿Cuál es el verdadero motivo de vuestra visita?
Estaba perdiendo la paciencia con nosotros. Tenía que darme prisa si quería sacarle más información.
—No sabemos qué hacer con Cuqui. Constance nos ha dicho que no puede quedarse contigo en el hotel, así que alguien tendrá que cuidarlo hasta que tú te hagas cargo.
—¿Cómo que hasta que yo me haga cargo?
Hacía tan solo unos minutos se había comportado como si el perro fuera su último salvavidas. Ahora me miraba como si le hubiera pedido que cuidara a mi primogénito.
—Has dicho que Cuqui era tu último vínculo con Phoebe.
—Ya, pero estoy pasando por un momento muy malo y es un perro muy demandante.
Como tampoco parecía que Cuqui quisiera estar con él, no insistí.
—Vale, ¿y conoces a alguien que pueda cuidarlo? ¿Algún familiar de Phoebe, quizás? —sugerí.
—No estaba muy unida a su familia. Ella no querría que ninguno de ellos se quedara con Cuqui.
—¿Y su editor? ¿O quizás algún amigo? Supongo que puedo preguntar…
—A ver, Phoebe pagó dos mil dólares por ese perro. Tampoco es cuestión de regalárselo a cualquiera.
—Pensé que lo había adoptado en un refugio. Lo que dijo sobre el destino y todo eso…
Thomas se estremeció y se golpeó la frente con el cuello de la botella. Era obvio que acababa de meter la pata.
—O sea, que no adoptó al perro en el refugio —apunté.
—A ver, lo de mentir en eso no fue idea suya, que lo sepáis. Se le ocurrió a su ayudante, Jeremy. Yo ni siquiera trabajaba con ella cuando todo eso ocurrió.
—Por qué no nos lo cuentas desde el principio, anda —dije con suavidad.
Él suspiró.
—De acuerdo, pero que no salga de aquí. —Esperó hasta que Haz y yo asentimos. Luego continuó—: Compró el perro con la esperanza de ganar puntos frente al público. Fue después de perder un montón de oportunidades por culpa de su mal comportamiento y de que sus seguidores la despreciaran.
Archie me había hablado de sus rabietas públicas cuando se hizo famosa. Ese comportamiento tal vez le funcionaba en el reality de la tele, pero en la vida real era, lógicamente, inaceptable.
—Phoebe tenía previsto llamar a los periodistas para que le hicieran unas fotos tiernas con Cuqui —continuó—. Pero Jeremy le dijo que al público no le gustaría que hubiera comprado un perro de raza en vez de adoptarlo y que al final resultaría contraproducente. Por eso… —Thomas vaciló.
—¿Por eso…? —insistí.
—Por eso mantuvo a Cuqui escondido hasta que se creó un vínculo entre ellos y luego pagó al refugio de animales para fingir que lo encontraba allí.
—Entonces, ¿el vídeo que se hizo viral era falso?
—Sí. Pero es verdad que quería mucho a Cuqui —se apresuró a añadir—.
¿Qué tiene de malo? En el programa de la tele la convirtieron en una villana y luego la castigaron por actuar de ese mismo modo en la vida real.
Era su oportunidad para reinventarse. La gente quería una historia de redención, ¿sabéis?
, y ella se la dio. Después de aquello se planteó fundar un refugio de animales de compañía, pero como eso suponía demasiado trabajo y dinero, optó por la idea de forjarse una imagen amable.
Fue entonces cuando decidió hacerse vegana.
Enseguida consiguió el trabajo como embajadora de la marca Vegueso y me encontró a mí.
—¿Pero era vegana de verdad?
—Claro que sí.
¿Claro que sí? Me pregunté si su anterior ayudante diría lo mismo.
—¿Jeremy seguía trabajando para ella? —pregunté.
—No. Él dejó el trabajo un par de meses después de que Phoebe me contratara.
—¿Sabes cuál es su apellido o cómo contactar con él?
Thomas sacudió la cabeza.
—Nunca supe su apellido y se marchó sin decírmelo. Intenté llamarlo una vez, después de que se fuera, pero había cambiado de número.
—¿Lo despidieron? —Un antiguo empleado rencoroso podría ser un buen sospechoso.
Thomas sacudió la cabeza.
—Phoebe me dijo que consiguió otro trabajo.
—De manera que cuando desapareció te convertiste en el nuevo número uno de Phoebe. Te vino muy bien —dijo Baz.
—¿Otra vez me estás acusando?
—No te está acusando de nada —le aseguré mientras fulminaba con la mirada a Baz.
—Pues parece que intentas echarme a mí el muerto. Por mi parte, hemos terminado de hablar. Podéis iros. —Se acercó a la puerta y puso la mano en el pomo.
—Oye, te hemos traído una cerveza. —Baz levantó el vaso vacío que aún sujetaba en la mano.
—Fuera —insistió Thomas mientras abría la puerta.
Me di cuenta de que no iba a compartir más información con nosotros. Baz dejó el vaso, agarró a Cuqui y nos dirigimos Inicia la puerta.
—Esperad. —Thomas cerró la puerta antes de que nos diera tiempo a salir. Sus emociones, combinadas con el alcohol, oscilaban como un péndulo—. ¿Qué vais a hacer con Cuqui?
—Buf, pues no sé, Thomas, porque tú tampoco nos has servido de mucha ayuda —dije, ya sin intentar hacerme la simpática.
—Mis manos están atadas. Tú lo has dicho: no puedo quedármelo en el hotel. ¿No crees que tengo ya bastantes asuntos de los que preocuparme? Intenta que te hagan una entrevista de trabajo cuando eres sospechoso del asesinato de tu última jefa.
—En eso tiene razón —dijo Baz. Thomas pareció satisfecho con ese pequeño triunfo, pero Baz añadió—: No queremos que a Cuqui lo cuide alguien que podría ser un asesino.
Thomas agarró de nuevo el pomo de la puerta y volvió a abrir.
—¡Fuera!
Salimos al pasillo murmurando condolencias por Phoebe, aunque era demasiado tarde para poder arreglar el puente que acabábamos de destruir. Thomas cerró con un portazo. Bajamos las escaleras y salimos al aire frío de la noche en dirección a mi coche.
—En fin, por más que comparta apellido con el doctor Doolittle, no se preocupa mucho por los animales —dijo Baz, todavía abrazado a Cuqui.
Puse cara de fastidio.
—Podrías haber sido un poco más amable con él en vez de sacarlo de sus casillas.
—No me cae bien. El primer ayudante de Phoebe desaparece justo cuando él entra en escena y ahora asesinan a su jefa. No irás a decirme que tú le crees —dijo.
—Las cámaras de vigilancia habrán corroborado que no llegó a entrar en la casa.
—Pero reconoció haber buscado una forma alternativa de entrar. ¿Registrarían eso las cámaras? —dijo Baz.
—Archie dijo que solo había cámaras en la verja de acceso delantera y en la puerta principal de la casa. Es posible que entrara por la parte de atrás sin que nadie lo viera.
—La persona que hizo las fotos la noche anterior a su asesinato se las apañó para pasar desapercibida —dijo Baz.
—Ya, pero las fotos las pudieron tomar desde lejos con un teleobjetivo. Ya vimos que, en el bosque de detrás de la casa, alguien podría haber hecho guardia desde un árbol. No es lo mismo que ir a la puerta y encontrar la manera de acceder. —Abrí el coche y entramos.
—Si creen que fue Archie, es que no tienen pruebas de que entraran a la fuerza. O la puerta estaba abierta o Phoebe dejó pasar al asesino.
—Archie dijo que las puertas estaban cerradas y que, además, ella estaba un poco paranoica, por eso dudo que se dejara la puerta abierta así como así. Archie ni siquiera pudo entrar después de sacar a pasear a Cuqui. La única posibilidad es que dejara entrar al asesino porque lo conocía.
—Me pregunto cuánto tiempo permaneció Thomas fuera de cámara. Él ya había estado en esa casa antes, ¿no? —Baz se abrochó el cinturón de seguridad.
—Seguro que sí. Es imposible que ella trasladara sola toda su ropa, los libros y las demás cosas.
Él era su criado. —Yo también me puse el cinturón y arranqué el coche, pero no inicié la marcha, ya que no dejaba de darle vueltas a la posibilidad de que Thomas fuera el asesino—.
Él habría sabido cómo entrar en la casa sin necesidad de que le abrieran la verja.
Quizá llamar al telefonillo solo fue una estratagema para que la cámara lo captara.
¿Tendría la sangre fría de matarla mientras el Uber lo esperaba fuera?
Saqué el coche del aparcamiento del hotel y giré a la izquierda, hacia Main Street, en vez de continuar por Pleasant Avenue. Cuqui permaneció en el regazo de Baz, mirando por la ventanilla y meneando todo el lomo a la vez que la colita.
—¿Dónde vamos? —me preguntó Baz.
—A la casa de alquiler. A ver si entre tú y yo somos capaces de encontrar el modo de acceder al interior.