Lo que el gouda se llevó (Misterios En La Quesería 2) Capítulo nueve #3
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Capítulo nueve #3

—¿Y eso cómo lo averiguamos? —preguntó Archie. Nos quedamos en silencio. Estábamos confusos—. Chicos, os agradezco de verdad que intentéis ayudarme, pero no creo que haya mucho que hacer. —Se le hundieron los hombros.

Estaba acostumbrada al Archie optimista, no al abatido. Tenía que convencer al detective Heath de que buscara otro sospechoso. De momento, Thomas y A. J. encabezaban mi lista.

—Acabamos de empezar. Aún quedan varias personas clave con las que hablar. No nos rendiremos. Y todavía no sabemos qué ha descubierto el detective Heath.

—Willa tiene razón. —La señora Schultz tenía tantas ganas como yo de que Archie se sintiera mejor—. No le demos más vueltas, al menos esta noche. Tenemos una carroza que montar.

Todo el mundo le dio palmaditas a Archie en la espalda como gesto de solidaridad y Roman le pasó la bolsa de los tacos sobrantes, cosa que lo animó bastante.

—Oye, ¿no había más trastos ahí la última vez? —Archie señaló la carroza con la cabeza al tiempo que sacaba un taco y lo bañaba con una buena cantidad de queso.

—Sí. Alguien se los ha llevado. Una panda de gamberros, según me han dicho. Y crucemos los dedos para que no lo vuelvan a hacer —dije.

—¿Nunca te has planteado poner una cámara de vigilancia? Podrías instalarla en el porche. No evitará que te roben, o no necesariamente, pero al menos te mostrará quién lo hizo —sugirió Chet.

—Me interesé por esas cámaras cuando abrí la tienda —dije—, pero a tanta distancia las imágenes suelen verse demasiado granuladas, sobre todo con una luz tan mala, a no ser que inviertas una pasta.

Y ahora mismo estoy bastante tiesa después del dineral que me ha costado la presentación de Phoebe, que…

—dejé la frase a la mitad. Aunque era consciente de que todos me miraban, de repente me vino un recuerdo a la cabeza y tardé varios segundos en procesarlo.

—¿Willa? —La voz de Roman me sacó de mis pensamientos.

—La cámara de vigilancia. ¿No había una junto a la verja de la casa de Phoebe? —le pregunté a Archie.

—Cierto. Y había otra junto a la puerta principal —añadió Archie—. Se activaban con el movimiento. Phoebe las comprobó un par de veces desde su teléfono móvil. Ya os dije que estaba paranoica.

Sonreí de oreja a oreja.

—Pues ya estás salvado, Archie. Las imágenes de las cámaras determinarán quién fue la última persona que visitó a Phoebe ese día…, y no serás tú.

Por primera vez, me sentí optimista. Solo teníamos que cruzar los dedos para que las cámaras hubieran grabado a esa persona. Llamé al detective Heath y le dejé un mensaje relacionado con este asunto, aunque estaba segura de que la policía ya lo habría tenido en cuenta.

Archie se zampó los tacos que quedaban y compartió los restos con Cuqui. Había recuperado el apetito, señal de que se sentía mejor.

El sol ya se estaba poniendo en las montañas y empezaba a oscurecer. Trabajamos durante más de una hora bajo la luz de las farolas y de mis lucecitas festivas. Ni siquiera me importaba tener que fabricar un nuevo queso de cartón ahora que sabía que Archie estaba fuera de peligro.

Un turismo bastante voluminoso entró por el callejón de la ferretería y aparcó ocupando varias plazas. Todos nos detuvimos para mirar. Aunque no tenía las luces rojas y azules encendidas, la barra luminosa policial, al otro lado del cristal trasero, delató a su propietario.

—El detective Heath —murmuré antes incluso de que él bajara del coche.

Mi anterior optimismo me hizo pensar que venía para decirle a Archie que no tenía motivos para preocuparse. Sin embargo, una vez que se acercó a nosotros, todavía vestido con el traje azul marino entallado, me di cuenta de que no traía buenas noticias.

Me miró un instante antes de dirigirse a Archie.

—Pensé que te encontraría aquí. Necesito que me acompañes a la comisaría para hacerte unas preguntas.

—¿Has escuchado el mensaje que te he dejado en el móvil? —pregunté.

—Ya estábamos en ello y hemos encontrado lo que necesitamos —dijo impasible.

—Entonces, ¿para qué necesitas a Archie?

—Lo hablaré con él en privado.

—Puedes decirme lo que sea, no tengo nada que esconderles a mis amigos —dijo Archie.

Heath se miró los zapatos y volvió a mirar a Archie. Entrecerró los ojos como si sintiera dolor físico al hablar.

—Según la grabación de las cámaras, nadie más entró en la casa donde se alojaba Phoebe Winston. Parece que tú fuiste la última persona que estuvo con ella. Archie, de manera oficial eres un potencial sospechoso.

Vi que Cuqui intentaba trepar por las espinillas de Archie. Él se agachó para agarrar al perrito y acurrucado entre sus brazos. Deseé poder consolarlo con la misma facilidad. Archie me pasó a Cuqui, recogió su monopatín y comenzó a alejarse con el detective Heath.

—Voy contigo —dijo la señora Schultz—. Al menos hasta que llegue tu madre.

—No podrá estar con nosotros en la sala de interrogatorios, señora Schultz —dijo el detective Heath.

—No me importa. Pero no irá a comisaría solo.

Heath accedió y continuó avanzando hacia el coche acompañado de ambos.

—¡Llamaré a tu madre! —le grité cuando se montaron en el coche.

Los vi alejarse, más decidida que nunca a demostrar la inocencia de Archie.