Lo que el gouda se llevó (Misterios En La Quesería 2) Capítulo uno #3
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Capítulo uno #3

La decoración de la tienda estaba inspirada en la breve temporada que pasé trabajando en una fromagerie de las afueras de Lyon, donde surgió mi pasión por el queso.

Había querido recrear el color, la calidez y la atmósfera romántica de Francia.

La textura rugosa de color oro viejo de las paredes hacía el efecto de un suntuoso papel pintado sobre las boiseries de madera caramelo claro.

El contrapunto cromático lo aportaba el recubrimiento de roble antiguo de la pared de detrás de los dos mostradores (el de degustaciones y el de caja).

Esperaba que la presencia de Phoebe Winston me aportara ingresos suficientes para comprar las alfombras Aubusson color carmesí de las que me había encaprichado, pero que aún no podía permitirme.

De momento, el suelo de madera estaba desnudo.

—Es todo muy… pintoresco —dijo.

No estaba segura de que lo dijera como un cumplido, pero se lo agradecí igualmente.

—Deja que te muestre dónde será la charla de mañana.

La conduje hacia el fondo de la tienda, donde se encontraba nuestra sencilla cocina.

Los armarios color azul pato aportaban un toque de color al mármol blanco de la encimera y a la isla a juego.

La mesa alargada y de estilo rústico, perpendicular a dicha isla, servía para que los alumnos de mis cursos de elaboración de quesos disfrutaran de sus creaciones con los acompañamientos adecuados en cada caso.

Durante el horario comercial se usaba para exponer bonitas tablas de quesos, cuchillos para untar y artículos de regalo originales para los amantes del queso, incluidos los libros de Phoebe.

—Estoy encantada de que eligieras ¿Qué Sería? para promocionar tu nuevo libro —dije al llegar a la cocina.

—La marca Vegueso es uno de los patrocinadores del libro, y tu tienda fue una de las primeras en venderlo. Además, la Escuela de Cocina Sadler se puso en contacto conmigo para que colaborara con su recaudación de fondos, ya que soy su antigua alumna más famosa. Así que tenía sentido hacerlo aquí.

Mi seguridad cayó en picado al saber que la decisión no se basaba en la buena impresión que pudiera causar mi tienda. En cualquier caso, no estaba en disposición de quejarme, ya que podía sacar provecho de la buena ubicación de mi local.

—No me cabe duda de que será una presentación estupenda.

—Agradezco tu confianza, porque parece que tenemos mucho trabajo por delante para convertir este espacio en algo funcional.

—Déjame explicarte primero lo que tengo en mente —dije—.

Podrías elaborar tus recetas aquí, en la isla.

Apartaremos la mesa rústica y la colocaremos junto a la pared del fondo para repartir las sillas plegables delante de ti.

Ya hemos dado varias charlas con una parte del público de pie y siempre han ido genial.

—No quiero que mis seguidores estén de pie, porque tienden a acercarse demasiado. Por eso decidimos que la presentación tuviera lugar fuera del horario comercial, con venta anticipada de entradas, para que todo el mundo pudiera sentarse.

—Ah, bueno. Tengo unas quince sillas plegables en el almacén, más los dos bancos rústicos a juego con la mesa que podemos utilizar para las filas de atrás. —Era consciente de que no eran suficientes asientos, pero a mis clientes nunca les había importado quedarse de pie.

—Willa, tú has leído mi libro, ¿verdad? Entonces sabrás lo que hay que hacer ahora.

—Claro, faltaría más. —A decir verdad, me había saltado toda la monserga sobre intención, integridad y autenticidad, y había ido directa a las recetas con queso vegano.

—Manifestemos nuestra intención y hagámosla realidad. ¡Thomas! —Repitió el chasquido de dedos—. Busca alguna empresa de alquiler de sillas y pásale a Willa su contacto lo antes posible. —A continuación, examinó la isla—. Thomas, ¿qué falta aquí?

El chico levantó la vista de la tableta.

—No hay espejo de demostración. Phoebe necesita que haya un espejo detrás para que el público vea lo que hace —me dijo.

Phoebe sonrió como una maestra después de que su alumno predilecto contestara correctamente una pregunta de la pizarra.

—La gente no puede estar estirando el cuello para poder ver —añadió ella.

—Uy, pues no sé cómo podría instalar algo así y menos con tan poca antelación.

—Para eso está Thomas. ¿Verdad, Tom-Tom?

—Cuenta con ello —dijo.

Tendría que hablar seriamente con «Tom-Tom» más tarde. A no ser que fuera mago, estaba prometiendo cosas por encima de sus posibilidades.

—Hablemos ahora de la comida —dijo Phoebe.

—Recibí las listas que me envió Thomas hace varias semanas. Lo he comprado todo esta misma mañana para que esté fresco. —¡Por fin tenía algo controlado!

Phoebe suspiró y miró de nuevo a su ayudante.

—Luego te mandaré una lista actualizada —dijo Thomas. Phoebe le lanzó una mirada de aprobación que pareció alimentar su alma.

—¿Cómo que una lista actualizada? —pregunté con desazón.

—La comida tiene que concordar con mi energía creativa —respondió ella—. Esas recetas te las enviamos para que te hicieras una idea de lo que solemos preparar, pero yo tengo que sentir la comida. Seguro que lo entiendes. Al ver la tienda, se nota que tú también eres creatividad.

Nunca me fiaría de alguien que utilizara la expresión «ser creatividad» para referirse a una persona. Me daba exactamente igual que sintiera o no la comida, lo único que me preocupaba era comprarla.

Thomas habló mientras tecleaba algo en la tableta:

—Te enviaré los nombres de las recetas para que busques los ingredientes en el nuevo libro. —Phoebe carraspeó, lo cual azuzó a Thomas una vez más—. También tendrás que tenerlo todo medido y preparado antes de que llegue Phoebe.

Mi mente no paraba de pensar en todas las cosas que quedaban por hacer. Había sido muy ingenua al creer que lo tenía todo controlado, pero nunca había organizado nada de esa magnitud. Thomas debió de ver la cara de pánico que sin duda puse en ese momento.

—Algunos de los ingredientes coincidirán —dijo, seguro que con la intención de hacerme sentir mejor.

Phoebe le dio unas palmaditas en el brazo para detener sus palabras de consuelo.

—No me cabe duda de que Willa es más que capaz de gestionar una lista de la compra y medir unos cuantos ingredientes —añadió.

Por supuesto, haría lo que me pidiera. Sabía que solo cubriría los gastos de la presentación si se vendían muchos libros de Phoebe y mucho queso vegano de Vegueso, pero lo que de verdad iba a impulsar mi negocio era la publicidad que me daría su presencia en la tienda.

Por eso, mis planes futuros eran exhibir sus libros en el escaparate junto al anuncio de la presentación, y que Archie añadiera la visita de Phoebe a nuestra página web.

Era una oportunidad que no podíamos desperdiciar.