Capítulo 24
POV: Sara
Las semanas posteriores al viaje a Robledal transcurren en una especie de calma que casi me asusta por lo desconocida que resulta.
Nico y yo pasamos prácticamente todo nuestro tiempo libre juntos, integrando gradualmente nuestras vidas universitarias de una manera que hace apenas un mes me habría parecido completamente imposible de imaginar.
Pero una noche, mientras Clara y yo cenamos juntas en nuestro piso compartido, mi amiga formula una pregunta que se me queda clavada mucho más profundamente de lo que esperaba.
—¿No te preocupa —dice, mientras remueve distraídamente la pasta en su plato— que Nico esté contigo en parte porque le ayuda a procesar el duelo de su hermano? Es decir, tú eres literalmente el vínculo más directo que le queda con Álvaro ahora mismo.
La pregunta me golpea con una fuerza inesperada, precisamente porque toca un miedo que llevaba días rondándome la cabeza sin que me atreviera a formularlo abiertamente ni siquiera para mí misma.
—No lo había pensado de esa manera exactamente —miento, porque en realidad sí lo he pensado, muchas noches, tumbada en la cama sin poder dormir.
—No digo que sea así necesariamente —añade Clara rápidamente, notando mi expresión—. Solo digo que es una pregunta razonable que quizás deberías hacerte, o hacerle directamente a él.
Esa noche, incapaz de conciliar el sueño, le doy vueltas obsesivamente a la idea.
¿Y si Clara tiene razón? ¿Y si lo que Nico siente por mí no es amor genuino, sino una manera inconsciente de mantener viva la conexión con su hermano perdido?
¿Y si en el fondo, cuando me mira, está viendo parcialmente a Álvaro reflejado en mí, en nuestros recuerdos compartidos, en las historias que solo nosotros dos podemos contar juntos?
La duda se instala en mi pecho como una piedra pesada, y durante los días siguientes, sin poder evitarlo, empiezo a comportarme de manera distinta con Nico: más distante, más cautelosa, analizando cada palabra suya en busca de pistas que confirmen o desmientan mi temor.
—¿Va todo bien? —me pregunta él, una tarde en la biblioteca, notando evidentemente el cambio en mi actitud—. Llevas días rarísima conmigo, Sara.
—Estoy bien, de verdad.
—No me mientas, por favor. Ya tuvimos suficientes mentiras entre los dos como para durar varias vidas enteras.
Su comentario, aunque dicho sin ninguna mala intención, me golpea directamente en el punto más sensible de mi inseguridad actual. Respiro hondo, decidiendo que la honestidad, por dolorosa que resulte, es siempre mejor que el silencio acumulado.
—¿Alguna vez te has preguntado si lo que sientes por mí es amor real, o simplemente una forma de mantener vivo el recuerdo de Álvaro? —suelto de golpe, sin poder contenerme más.
Nico se queda completamente inmóvil, procesando visiblemente la pregunta.
—¿De dónde ha salido eso exactamente?
—Es una pregunta válida, Nico. Yo soy literalmente el último vínculo directo que te queda con él. Compartimos recuerdos que nadie más puede compartir contigo de la misma manera. Es razonable preguntarse si...
—Para —me interrumpe, con firmeza pero sin dureza—.
Escúchame bien, Sara. Quiero a Álvaro, lo querré siempre, y hablar de él contigo me ayuda enormemente a procesar su pérdida, eso es cierto.
Pero eso es completamente independiente de lo que siento por ti como persona individual, no como vínculo con mi hermano.
—¿Cómo puedes estar tan seguro de eso?
—Porque llevo queriéndote desde mucho antes de que Álvaro muriera, Sara.
Desde aquel verano en el cobertizo, ¿recuerdas?
Eso no tiene nada que ver con él, tiene que ver exclusivamente contigo, con quien eres, con cómo me haces sentir cuando estoy a tu lado.
El hecho de que también compartamos el dolor de su pérdida no invalida ni contamina lo que siento por ti individualmente.
Sus palabras, pronunciadas con tanta convicción y claridad, empiezan a deshacer el nudo de inseguridad que se había instalado en mi pecho durante los últimos días. Pero todavía queda un resto de duda que necesito expresar.
—Tengo miedo, Nico. Miedo de que algún día te des cuenta de que confundiste el duelo con el amor, y entonces me pierdas de la misma manera que ya te perdí una vez.
Nico me coge ambas manos entre las suyas, mirándome directamente a los ojos con una intensidad que no deja lugar a dudas.
—Eso no va a pasar. Y entiendo tu miedo, de verdad lo entiendo, pero necesito que confíes en mí cuando te digo que lo que siento es real, completamente independiente de cualquier otra cosa.
Nos quedamos en silencio un momento, ambos procesando la intensidad de la conversación que acabamos de tener. Finalmente, decido compartir con él algo que llevo pensando desde la conversación con Clara.
—Creo que necesito hablar de esto con mi propia terapeuta, si vuelvo a retomar las sesiones. Este tipo de miedos irracionales probablemente merecen atención profesional, no solo tranquilizarme mutuamente entre nosotros.
—Me parece una idea excelente, sinceramente. Y quiero que sepas que apoyo completamente que retomes la terapia, no como una crítica hacia ti, sino porque creo genuinamente que te ayudaría a procesar todo lo que has vivido de una manera más estructurada.
Su apoyo incondicional, lejos de sentirse como un rechazo o una señal de que hay algo "roto" en mí que necesita arreglo, se siente como el gesto de alguien que verdaderamente se preocupa por mi bienestar a largo plazo, no solo por mantener la paz en nuestra relación reciente.
—Gracias por entenderlo así, Nico. Significa muchísimo.
—Estamos juntos en esto, Sara. En todo. Eso incluye apoyarnos mutuamente para sanar de la mejor manera posible, aunque eso signifique buscar ayuda externa cuando la necesitemos.
Esa noche, de vuelta en mi habitación, investigo varias opciones de terapeutas especializados en duelo y trauma disponibles en Valencia, sintiendo por primera vez en semanas que estoy tomando medidas activas para cuidar de mi propia salud mental, en lugar de simplemente reaccionar pasivamente a los miedos que surgen inesperadamente.
Clara entra en mi habitación justo cuando cierro el portátil, con dos tazas de té recién hechas.
—¿Cómo ha ido la conversación con Nico? —pregunta, sentándose en el borde de mi cama.
—Mejor de lo que esperaba, la verdad. Me ha ayudado a ver que quizás estaba proyectando miedos que no tenían tanto fundamento real como pensaba.
—Me alegro muchísimo, Sara. Aunque también quiero decirte algo: está bien tener dudas de vez en cuando. No significa que la relación esté mal, solo significa que eres humana y que has vivido cosas muy difíciles que naturalmente afectan cómo procesas la confianza en los demás.
Sus palabras, pronunciadas con esa sabiduría pragmática tan característica de ella, me ayudan a relajar los hombros considerablemente.
Terminamos el té conversando sobre temas más triviales, sobre los exámenes finales que se acercan, sobre los planes de Clara para las vacaciones de Navidad, y por primera vez en varios días, consigo sentirme completamente presente en la conversación sin que la ansiedad de fondo interfiera constantemente con mi capacidad de disfrutar simplemente del momento compartido con mi mejor amiga en Valencia.
Los días siguientes transcurren con una calma renovada entre Nico y yo, sin que ninguno de los dos vuelva a mencionar directamente la conversación sobre el duelo y el amor, aunque ambos sabemos que ha quedado resuelta satisfactoriamente entre nosotros.
El viernes, mientras estudiamos juntos para el examen final de Sociología, Nico menciona casualmente algo que me sorprende gratamente.
—He estado pensando en pedirle a mi madre las cartas antiguas que Álvaro me escribía cuando yo pasé aquel verano estudiando inglés en Irlanda. Creo que me gustaría releerlas contigo, si te parece bien.
—Me encantaría, Nico. De verdad.
Su disposición a compartir conmigo recuerdos tan íntimos de su hermano, en lugar de guardárselos exclusivamente para sí mismo como llevaba haciendo durante cuatro años enteros, me confirma una vez más que lo que estamos construyendo juntos va mucho más allá de simplemente procesar un duelo compartido: es una relación genuina, basada en la confianza mutua y en el deseo sincero de conocer completamente a la otra persona, con todas sus heridas y toda su historia incluidas.