Lo que dejé en Madrid Capítulo 29 #2
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Capítulo 29 #2

Sentí su amor en cada una de ellas.

Cierro los ojos para no pensar en eso. No hay manera de que no duela saber que voy a perder esos iris verdes que tanto me gustan.

Quizás si lo hablo un poco me sienta mejor, ¿no?

—Diana quiere intentarlo —confieso al fin, en un intento de sacar la angustia de mi pecho antes de volver a mi vida—.

Quiere… quiere que volvamos y lo intentemos otra vez.

Y yo… —Tengo que tragar para intentar deshacer el nudo de mi garganta—.

Yo tengo miedo —confieso—. Miedo de caer en lo mismo que en el pasado, miedo de que todo vuelva a irse a la mierda, miedo de hacerle daño y de que ella me lo haga, miedo de sentir exactamente lo que siento.

Y no puedo con ello, Hugo. No puedo ahora mismo.

Hugo se está debatiendo entre hacer de amigo o de psicólogo, es algo que le pasa mucho. Esta vez decide ser amigo y tratarme con mucho cariño aunque no me entienda. ¿Y qué hace un amigo? Intentar que te des cuenta de tus errores por muy cabezota que seas.

—Álex… —dice despacio—. ¿De verdad crees que huir es la solución?

No, no lo es.

Huir no arregló nada en el pasado y no lo va a hacer tampoco ahora.

He tratado de convencerme de que poner un océano entre Diana y yo era suficiente para sanar y lo único que he hecho es ralentizar el sangrado sin llegar a curar del todo esas cicatrices.

¿Qué otra cosa puedo hacer?

—No, no es la solución, Hugo —admito al fin, con un hilo de voz y la mirada perdida en mis propias manos—. Me fui una vez y no sirvió de nada. Y no sé por qué creo que ahora va a ser distinto. Pero… ¿Qué hago, Hugo? ¿Qué mierda hago? No sé cómo enfrentar todo esto. No sé cómo… quedarme.

—Mira, Álex —dice cogiendo mi mano para estrujarla y mostrarme su apoyo—, yo no voy a decirte lo que tienes que hacer.

Esa decisión es tuya y solo tuya. Es tu vida, son tus sentimientos y tus miedos —continúa con un tono de voz muy dulce para no hacerme daño—, lo que sí voy a decirte es que no sirve de nada vivir con miedo.

Créeme. Si yo hubiera vivido así… si hubiera tomado decisiones desde el miedo…

Habría hecho el informe sobre ese paciente sin protestar y me habría desentendido del tema.

Me habría protegido a mí mismo. Y ¿sabes lo que habría pasado?

—¿Qué?

—Pues que ese hombre seguiría suelto y podría hacer daño a más personas.

—Me revuelvo incómoda ante el pensamiento de que la decisión cobarde y cómoda de Hugo implicaría todo lo que me está diciendo—.

Yo habría seguido tranquilo y sin daros disgustos a ninguno, con mi vida, mis consultas…

Y viviría sabiendo que había sido un cobarde. ¿Tú quieres ser eso?

Hugo rara vez habla de sí mismo sin bromear, pero cuando lo hace… es imposible no sentir que te llega hasta lo más profundo y ahora está sabiendo, a la perfección, cómo hacer un símil entre su caso y mi vida amorosa para que entienda mis propios sentimientos.

—Álex… He pasado un tiempo muy duro allí solo —admite apoyando los codos sobre sus rodillas, agotado—.

He pasado miedo, me he aburrido, me he sentido solo y…

No te voy a mentir, ha sido una mierda enorme.

Me he sentido así hasta que me han dicho que le habían detenido y entonces entendí que todo ha merecido la pena y lo volvería a hacer una y otra vez.

—¿Me estás diciendo que merecería la pena aunque me destroce en el camino? —suspiro.

—Estoy diciendo que siempre estaré en el equipo de enfrentarse al miedo y luchar por lo que uno cree y quiere en esta vida, Álex —continúa mi amigo y reconozco que empiezo a entender su punto—. Porque si sale bien… Buah, lo que sientes es inigualable y yo quiero que tú sientas eso con Diana.

—Ojalá alguien me dijera que va a salir bien y no me diera tanto vértigo esta decisión.

—Nadie puede decirte eso —dice apoyando su mano en mi hombro para animarme—.

Sí que te puedo decir que no tengo duda de que sois el amor de la otra, pero tenéis que verlo vosotras mismas.

Ella quiere jugársela contigo a pesar de saber que estás al otro lado del mundo…

¿No te dice nada de lo mucho que quiere esto?

—Yo sé que ella me quiere, me lo ha dejado claro y yo a ella también, es solo que…

Ni siquiera puedo terminar la frase.

—Mira, yo no te puedo decir qué hacer o qué no hacer. —Pues ojalá pudieras, Hugo, así al menos tendría alguien más a quien culpar de esta mierda de decisión que tengo que tomar—. Sí te digo que ya sabes que huir no arregló nada, así que quizá es hora de preguntarte qué sí podría hacerlo.

Las lágrimas están volviendo a humedecer mis ojos y ya dudo de ser capaz de controlarlas. ¿Qué te digo, Hugo? Necesito pensar un poquito más antes de tomar esta decisión, así que, porfa, déjame… Un poco de piedad con esta chica perdida que no sabe gestionar sus sentimientos.

—Hugo… No quiero hablar más.

—Vale, solo quería dejarte claro que si tu decisión es irte… te acompañaré al aeropuerto y te daré un abrazo de despedida —promete el psicólogo—. Y si tu decisión es quedarte, os invitaré a cenar a Diana y a ti. Elijas lo que elijas… que no sea por miedo. Eso es lo único que te pido.

Mucho pides tú, Hugo.