Capítulo 28 #2
—¿Más importante que lo que sea que pasa entre Diana y tú? —pregunta dudando de que haya algo más importante que nuestra relación—. Lo dudo.
—Sí, mucho más importante.
Parece que empieza a entender que el motivo de mi llamada no era mi vida amorosa cuando me ve el rostro serio y la forma en la que me he cansado de tirar del carro con sus tonterías.
—¿Qué pasa, Álex? —pregunta y su tono ha cambiado por completo.
Ahora sí está preocupado de verdad.
—Hugo está vivo.
Soy capaz de ver su cerebro funcionando a tope para intentar saber de qué hablo. Parpadea varias veces y abre la boca, pero la cierra al instante. Se me ha roto el amigo.
—¿Puedes… puedes repetir eso?
Anda, mira, sabe hablar otra vez.
—Hugo está vivo.
A ver si a la segunda le queda más claro.
—No bromees con estas cosas que…
—No es una broma —interrumpo para que vea que voy en serio con este tema—. Hugo está vivo. Está viviendo en Barcelona y hemos estado dos días con él. Está vivo, Marc. Nuestro mejor amigo está vivo.
—No entiendo nada… Necesito otro café, o quizás tres —dice mientras llama a la camarera para pedir otra ronda para los dos.
Genial, más cafeína que active mi ansiedad y nervios con todo lo que estoy viviendo…
El caso es que no me espero a que nos sirvan para empezar a narrar lo acontecido en los últimos días.
La historia no tiene un orden lógico, ni siquiera dentro de mi cabeza, así que voy soltando, más o menos, lo que creo que es importante y Marcos me escucha sin interrumpir.
Tiene los ojos como platos y los abre un poco más conforme avanza la historia.
Como siga así se le van a salir de las órbitas…
Yo también estaría así si fuera él quien me cuenta que un paciente aparentemente normal ha resultado ser el culpable de todo este lío porque es un loco acosador agresivo.
Al llegar a la parte de Hugo echándonos, literalmente, de Barcelona porque ya van a detener a su paciente se lleva las manos a la cabeza.
Está viviendo la historia y se está guardando sus comentarios ingeniosos porque sabe que no es el momento.
Solo cuando le digo que eso es todo entiende la magnitud de todo lo que le he contado y de lo que hemos vivido casi sin quererlo. Porque yo no buscaba un misterio, ni perseguir fantasmas, yo quería saber qué le había pasado a mi mejor amigo, que mira por dónde está vivo. Un win , win .
—Estoy flipando —dice procesando toda la información que he soltado en tan poco tiempo—. Buah, flipando a unos niveles… No te imaginas cuánto me alegro de que Hugo esté vivo.
—Yo también he pasado por todas esas emociones —respondo riendo al recordar mis ganas de pegarle a Hugo cuando le vi—. Fue como ver un espejismo cuando lo tuve delante.
—Un fantasma mal peinado, seguro —apunta él—, porque cuando voy a su casa sin avisarle lleva unos pelos…
—Tiene el pelo bastante largo, sí —admito riendo porque le tiene calado.
—¿Puedo hablar con él? —pregunta ilusionado.
—No, es imposible ahora mismo contactarle —niego con la cabeza resignada—. Tiene que quedarse allí hasta que detengan a ese paciente. Se supone que va a pasar casi ya, así que no creo que tarde en volver.
—Vale, bien, entonces puedo esperarme —acepta mientras inclina la cabeza para observarme con detenimiento. Fuck . Va a volver a su tema favorito porque ya le está saliendo la sonrisita en el rostro—. Todo esto con Diana ayudándote y sin que os matéis, eh.
—Ajá.
No solo eso, Marc… Es que hemos hecho un dream team envidiable. Y no solo a la hora de descifrar el caso, sino en cualquier momento. Desde decidir qué comíamos a la música en el coche. Una compenetración que… Ay, no. No quiero pensarlo que me hundo porque no lo voy a volver a tener.
No pasa nada. Yo sigo adelante con mi decisión. No puedo ahora echarme atrás y volver a caer en lo mismo.
—Genial, pues resuelto el lío de Hugo, procede a explicarme qué pasa entre vosotras —pregunta sin rodeos.
—No pasa nada —miento, sujetando la taza con ambas manos para esconder mis nervios—. Me vuelvo a Nueva York y ya está.
—Pues no suenas muy convencida con esa decisión.
Maldito lince que me conoce como la palma de su mano y sabe perfectamente cuándo estoy haciendo algo porque quiero y cuándo porque creo que debo.
—Porque no lo estoy —reconozco.
Ni él se ha visto venir que iba a ser tan sincera con este hecho.
—Entonces, ¿por qué te vas? —pregunta echándose hacia delante para estar más cerca de mí cuando la formula.
¡NO LO SÉ!
Marcos se cree que todo es tan fácil como para responder con una razón y ya, que le pregunten a Meryl qué sintió cuando tuvo que hacer La decisión de Sophie.
De verdad, ¿tan difícil es entender que alguien tome una decisión sin estar basada en un argumento súper elaborado y convincente que le dé la razón?
Es que lo quiero decir en voz alta, ¿vale?
No quiero porque esa respuesta es tan simple como insoportable: me voy porque soy una cobarde de mierda.
Lo fácil es volver a mi vida, aparentemente, perfecta y organizada en Nueva York, donde no hay nada ni nadie que me desestabilice como lo hace ella.
Que sí, que vivir sin ella duele, pero es que vivir dejándome llevar por lo grandes que van a ser mis sentimientos me da más miedo aún.
En esta vida hay que ser muy valiente para amar.
Así de simple y así de doloroso, porque el amor duele. Sí, duele.
No voy a adornarlo, ni a fingir que todo es perfecto porque no lo es ni cuando sale bien, ni cuando te quieren y todo es perfecto.
Amar duele porque es exponer tu forma más desnuda y no físicamente hablando. Esa persona te va a hacer daño si hace algo que no quieres, si dice algo que no te esperas o si le pasa algo y la pierdes. Es que hay mil razones por las que te puede herir aunque lo haga sin querer.
Yo no soy nada valiente, lo sé. Dejé de serlo el día que me marché de esta ciudad y no he vuelto a tener una gotita de valentía en mi cuerpo desde entonces.
Y mucho menos lo estoy siendo ahora con esta decisión de coger la salida fácil.
Esa salida no es otra que la de volver a la ciudad donde he creado espacios seguros y sin recuerdos de ella.
La misma donde me convencí de haber pasado página y de que el amor no era para mí.
Y lo acepté.
Pasé a ser una nueva versión de Álex. ¿Mejorada?
No lo creo. ¿Se puede ser mejor sin permitirte vivir una parte tan bonita como compartir tu vida con la persona que lo daría todo por ti?
Pues eso. Hace ya días que he aprendido que la vida sin ella es a medias y que voy a irme a sobrevivir al otro lado del charco.
Ay… Diana…
Ojalá no me hubieras destrozado en aquel momento.
Ojalá volviera a mi yo más irracional y elegirte como ya lo hice la primera noche que te besé y que supe que no había vuelta atrás con mis sentimientos.
Aún recuerdo cuando a la mañana siguiente intenté hacer una lista pros y contras sobre confesar lo que me pasaba contigo y tuve que entender que lo que sentía era tan intenso que no había manera de catalogarlo en un papel.
Porque el amor es algo que hay que sentir y no analizar, no como lo estoy haciendo yo ahora…
Ojalá alguien te sepa querer como yo, Diana, porque te juro que nadie te va a querer tanto…
—Porque tengo que hacerlo —suspiro.
La mirada de pena de Marcos en este momento me indica que está igual de roto con esta decisión como yo.
Lo siento, Marcos, la he decepcionado a ella y ahora a ti.
Y sé que también a Hugo cuando se lo cuente.
Todos esperabais que fuera capaz de entregarme a ella por completo, aun sabiendo que eso era confiar plenamente.
La quiero demasiado para intentarlo y arriesgarme a que salga mal porque de esa ya sí que no voy a recuperarme.
—No te voy a insistir ni decir nada más al respecto —acepta Marcos—. No va a servir de nada porque ya has tomado la decisión y no hay quien te baje del burro.
—Ella ha dicho lo mismo…
—Te conocemos bien —dice encogiéndose de hombros—. Y si a mí me da pena todo esto no quiero imaginarme cómo estará ella. Se te nota a kilómetros que sigues enamorada de Diana. Me jode ver que no te atreves a intentarlo porque sé que quieres hacerlo, solo que tú solita te convences de que no.
—Es lo que debo hacer por mi bien, Marcos, no puedo dejarla entrar de nuevo y que salga mal y…
—¿Y si sale bien? —me corta.
Quizá eso sea lo más triste de todo, saber que si sale bien podríamos serlo todo, pero si sale mal… Ay, si sale mal no podremos hacer nada y sufriré por el resto de mi vida el haberla perdido una segunda vez.
—No lo sabemos.
—Mira, Álex, yo no soy quien tiene que vivir tu vida en Nueva York —añade algo cansado de ver que habla con una pared que devuelve todas las bolas en direcciones diferentes y sin control—. Tú decides qué haces.
—Marcos, por favor, deja el tema porque de verdad no puedo más —ruego sin atreverme ni a mirarle porque si lo hago se me van a saltar las lágrimas.
—No voy a hablar más de ella, pero al menos prométeme que no te vas a ir hoy mismo a Nueva York —dice cambiando de tono—.
Quédate unos días en mi casa antes de volver.
Tengo un sofá cama comodísimo y comida de sobra para que pasemos unos días tranquilos.
Además, nadie te hace reír como yo cuando estás modo drama queen .
—Eres idiota.
—Di que sí, venga —insiste.
—Está bien, me quedaré contigo unos días y así aprovecho para ir a ver a mi familia —acepto porque sé que no va a parar hasta que lo consiga.
Quizás puedo posponer unos días más la vuelta a Nueva York y, con ello, mi intención de empezar de nuevo sin Diana.