Capítulo 18 #2
Busco algún atisbo de broma en su rostro, pero no hay nada. Habla en serio y está tan afectada como yo por la forma en la que nos han ignorado. Por lo menos no estoy sola con todo esto…
Mis dotes culinarias hoy se reducen a unos sándwiches bien tostados de queso, aguacate y jamón serrano. Y debe de saberle a gloria a Diana que lo engulle en unos minutos. O quizás yo tardo más en comérmelo porque estoy revisando los últimos mensajes en mi bandeja de entrada.
—Marcos me ha escrito para preguntarme qué tal estamos —comento de pasada.
—Puedes decirle la verdad: que estamos hechas una mierda. Y que, mirando el lado bueno, por lo menos no nos matamos entre nosotras —bromea con una sonrisa cansada.
—Creo que eso le quedó claro cuando crucé medio globo terráqueo en avión para verte.
Me arrepiento de esas palabras tal y como salen de mi boca. Levanto la cabeza para comprobar si por un casual Diana no se ha enterado. La forma en la que ha parado la copa de camino a sus labios me hace temer que lo ha escuchado muy clarito.
—Así que admites que volviste por mí —suelta con una sonrisa que le está llenando todo el pecho de ego.
—Sé que te mueres por oírme decirlo en voz alta, pero no te voy a dar el gusto —respondo rodando los ojos.
Ya bastante me he delatado yo sola como para darle a ella más armas contra mis sentimientos.
Ella se ríe porque sabe que estoy esquivando el tema y…
Dios, cuánto echaba de menos esa risa a diario.
Me muerdo el labio y sigo comiendo sin decir nada más.
Suerte para mí que Diana también continúe centrada en su pan durante un buen rato.
Y estamos cómodas, lo que no es una sorpresa del todo y a la vez sí.
¿Tiene sentido lo que digo? Supongo que no, pero nuestra dinámica de relación nunca la tuvo y volvemos a ella con una facilidad asombrosa.
—¿Te apetece ver una peli? —propone Diana mientras recogemos la mesa juntas—. Creo que nos merecemos una noche de relajación después de todo esto.
—Claro.
Sirvo otra copa de vino para cada una y la acompaño hasta el salón.
No puedo evitar preguntarme qué coño estoy haciendo dejándome llevar así a su alrededor como si yo no tuviera una vida en Nueva York a la que volver.
Hace días que se me acumulan los emails cuando yo no he dejado que mi bandeja tenga más de dos emails sin responder en los últimos tres años.
El efecto Diana sigue activo, hace que se me olvide todo porque me gusta cómo me siento con ella, tanto como para no tener que centrar toda mi atención en distracciones y entretenimientos externos.
Y mira que me tiene la cabeza hecha un lío.
Al menos hasta que la vuelvo a ver con su pijama de dibujos tirada en el sofá y la vida me parece un poco menos complicada.
Aun así, yo no sé cómo comportarme a su alrededor y, después de dejar las copas sobre la mesa baja del sofá, empiezo a dar vueltas sin saber dónde plantar el culo.
—Podríamos ver esa película —digo señalando la pantalla que está colgada de la pared—. La estrenaron el otro día y tiene buena pinta.
—O puedes venir aquí y dejar de dar vueltas —se burla mientras señala el hueco que ha dejado a su lado en el sofá con una sonrisa—. No te voy a morder y ya has comprobado con tu siesta lo cómodo que es este sofá.
Gracias al señor que tú sabes gestionar esto mejor que yo, Diana.
Voy a darle naturalidad a esto, venga, si ella lo hace yo también puedo.
Con toda mi cara, le robo la manta en cuanto me siento a su lado y ella se limita a dejarme ganar esa batalla mientras le da al botón de reproducir la película.
Juro que yo intento centrarme en las imágenes que salen en pantalla porque llevo semanas leyendo noticias sobre este estreno y viendo entrevistas de la protagonista, de la cual llevo años enamorada, y no lo consigo por la maldita chica que tengo a mi lado.
Parece muy tranquila, relajada, y a mí me encantaría sentirme así.
Espero que por dentro estés tan extrañada con todo esto como yo, Diana…
Veo cómo se remueve el pelo con su mano sana y el desastre que ha hecho hace que su melena caiga en la dirección contraria a la que suele llevarla.
Le da un toque de chica mala muy llamativo y que hace que me muerda el labio por lo que se me acaba de pasar por la cabeza al vernos así.
Voy a volver a centrarme en la pantalla por mi propia salud aunque me guste más esta vista.
Y no sé si es porque se ha dado cuenta de que no paro de mirarla o es pura casualidad, Diana se gira para mirarme.
—¿Puedo preguntarte algo? —susurra moviéndose un poco hacia mí.
—Siempre te decía que…
—«Si tienes que pedir permiso para preguntar es porque no me va a gustar la pregunta» —dice ella con una sonrisa radiante, completando una frase que yo siempre le decía de broma.
—Exacto —río.
—¿Puedo hacerlo igualmente? —insiste.
Hay dos opciones y creo que ninguna me gusta.
O quiere hablar, ahora sí, sobre nuestra relación, o quiere retomar la conversación de la cocina sobre mi vuelta a España.
En cualquier caso salgo perdiendo porque ambas respuestas están muy ligadas entre ellas.
Y, sin embargo, me está mirando con unos ojitos que no puedo decirle que no, especialmente cuando estira la mano y la posa sobre mi rodilla con cuidado.
—Adelante.
El permiso se escapa de mi boca antes de que pueda ni meditar lo que quiero decirle.
—¿Por qué has vuelto? —pregunta.
Ya sabía yo que no iba a dejarlo pasar. Quiere comprobar si de verdad he vuelto por ella…
¿Tiene algún sentido que a estas alturas le siga mintiendo?
¿Hay alguna lógica en intentar mantener esa fachada fría de chica que no quiere saber nada de su ex cuando no podría estar más equivocada?
No quita los ojos de cada uno de mis movimientos y lo entiendo porque esta respuesta puede ser clave para lo que quiera que sea que está pasando aquí.
—Si la pregunta es si volví por ti, sí.
Ya está. Ya lo he dicho. ¿Contenta? ¿Podemos pasar página?
—¿Por qué?
Nada, que no le vale con esa respuesta a la niña, que me va a hacer justificarla como en el colegio.
Y lo entiendo porque sus ojos siguen llenos de dudas.
No me extraña. Después de portarme como una gilipollas en mi viaje a Madrid 1.
0, ver ahora mi actitud en Madrid 2.0 tiene que ser, cuanto menos, confuso.
—Yo… ¿por qué quieres saberlo? —pregunto en un intento de ganar tiempo.
—Porque no es lo mismo saber que has vuelto porque te sentías culpable de haberte marchado por todo lo de Hugo, que porque querías verme a mí y estabas preocupada —explica ella.
Tengo delante a una persona que hace cinco años era incapaz de mantener una conversación sobre sus sentimientos y ahora está intentando desgranar mi decisión de volver para entender qué está pasando entre nosotras. Tremendo desarrollo de personaje, ¿no? Gracias Hugo por tu terapia, I guess.
—Volví porque… porque no podía concebir que te pasara algo malo y no haber estado ahí para ti.
Es una versión bastante suavizada de mis sentimientos, pero bastante real.
—Podría haberme pasado cualquier cosa durante estos cinco años y tampoco habrías estado, Álex.
No es un reproche y entiendo de dónde viene ese comentario, de verdad que lo hago, pero no me lo esperaba ahora.
¿Cómo te digo que ha hecho falta que volvieras a mi vida para dejar de fingir ser la chica fuerte que todos creen conocer? ¿Cómo te cuento que me siento frágil e indefensa a mis sentimientos por ti ahora mismo?
—No tienes que contestarme si no quieres, era mera curiosidad. No pasa nada, de verdad —dice Diana antes de que tenga tiempo de responderle.
Le da al botón de reproducir la película de nuevo y yo lo aprecio.
Al igual que yo siempre supe dónde estaban los límites para hablar de nuestra relación, ella siempre supo cómo protegerme de todo y creo que es lo que está haciendo ahora mismo.
No ha querido continuar la conversación porque me ha visto en un debate interno muy difícil y me quiere proteger de mí misma.
A pesar de todo el daño, siempre me pone a mí primero y no lo entiendo porque no me lo merezco.
Exígeme respuestas. Grítame. Dime que fui una gilipollas y lo sigo siendo… Algo, pero no me muestres que sigues teniendo esa debilidad por querer crear una burbuja a nuestro alrededor porque yo me derrito aquí mismo.
—No podía quedarme en Nueva York y hacer como si nada hubiera pasado después de volver a verte —confieso, siendo yo ahora la que para la película—. Sé que no tiene sentido alguno todo lo que he hecho y te he dicho, pero volver a verte otra vez fue…
¿Cómo lo describo? ¿Como cuando Moisés partió las aguas en dos?
¿Como cuando el Real Madrid remontó al Manchester City en aquella eliminatoria del uno por ciento?
¿Como cuando escuché por primera vez el « should we kiss » en aquel reality de música?
¿Como cuando Taylor recuperó sus másters?
¿O mejor como la primera vez que ella apareció en mi vida?
—Lo entiendo —responde Diana antes de que yo encuentre las palabras que quiero para definir este sentimiento. ¿Cómo vas a entenderlo? ¿CÓMO? Si no lo hago ni yo—. Yo también sentí eso cuando volvimos a vernos.
Ah. Mira por donde, la que parecía segura y confiada estaba temblando tanto como yo con todo esto.
Pues a lo mejor no es mala idea ser un poco sincera…
Decirle algo que le haga entender que no está loca y hemos sentido las mismas cosas este tiempo.
Desde la confusión hasta las mariposas en el estómago.
—Di… —Se le escapa la sonrisa en cuanto escucha el apelativo cariñoso—. Me importas y no podía quedarme en Nueva York sin hacer nada sabiendo que estabas mal.
No digo nada más, cojo el mando y subo el volumen de la película.
Tiro de la manta para cubrirme hasta la barbilla, dando a entender que es todo lo que voy a confesar hoy.
Se puede dar por satisfecha y… ¿qué hace?
¿por qué quita la película? ¿dónde va ahora?
Mis ojos la siguen hasta que veo que rellena las dos copas de vino una última vez, terminando la botella, y me ofrece una de ellas.
—Gracias.
Doy un sorbo y en cuanto la vuelvo a posar sobre la mesa, Diana coge mi mano y se acerca en el sofá.
—A mí también me importas, Álex.
Menos mal que se ha esperado a que terminara de beber o lo habría escupido todo por la sorpresa.
No se queda ahí, porque con ella nunca sabes qué es lo siguiente.
En este caso, lo siguiente es dejar un dulce beso en la mejilla, prolongando el contacto con mi piel más de lo necesario, antes de volver a su esquina en el sofá y no hablar más en toda la noche.
Fuck… ¿y yo ahora qué hago con todo lo que estoy sintiendo?