Lo que dejé en Madrid Paciente D.A. #2
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Paciente D.A. #2

—No pasa nada, es tu amiga y puedes hablar de ella tanto en las sesiones como cuando quedamos fuera de aquí. Te lo digo muy en serio. Si ella es feliz ahora, me vale, aunque yo ya no esté en su vida.

Presentaba una madurez emocional por la que muchos pagarían.

Hugo le devolvió la sonrisa con sinceridad. Era un privilegio ver cómo alguien avanzaba tanto en su proceso personal, especialmente cuando el cambio no solo se veía en las palabras, sino también en la manera en la que Diana se desenvolvía en la vida.

—Lo tendré en cuenta, Diana —dijo antes de coger de nuevo su bloc de notas para retomar el tema de la sesión—. Hoy volvamos al tema de tu familia, ya tendremos tiempo de hablar de ella más adelante. Te sugería que hablaras con tu hermano antes que con tus padres para ver cómo te sentías.

Había pasado de evitar cualquier conversación sobre su familia y su sexualidad a tomar las riendas y decidir enfrentarlo. Hugo no podía hacer más que sentirse orgulloso.

Diana suspiró, cruzando los brazos sobre su pecho.

—El problema es que mi hermano es un bocazas y, si se lo cuento, va a tardar una hora en contárselo a mis padres.

No por chivato, sino porque se le escapan las cosas sin pensar.

Preferiría arrancar la tirita con ellos y ya luego si mi hermano se lo toma bien, eso que me llevo —justificó Diana —.

¿Crees que estoy preparada para hacerlo?

—Has evolucionado mucho en los últimos meses, de verdad. Y creo que sí que puedes estar preparada para afrontar una posible reacción negativa por su parte, pero solo tú sabes cuándo es el momento adecuado para hablar con ellos, Diana.

Levantó su mano derecha a modo de juramento para transmitirle confianza.

—Voy a tener que invitarte a cenar para agradecértelo. —Hugo se lo tomó a broma, pero ella lo decía en serio—. ¿Cómo crees que será mi vida después de esto?

—¿A qué te refieres exactamente?

Apoyó el codo sobre el reposabrazos de su sillón y la miró con curiosidad.

—A que… si todo sale mal con mi familia y mi relación con ellos se rompe, ¿cómo se sigue adelante con algo así?

Diana evitó su mirada. Por mucho que intentara aparentar fortaleza, el miedo al rechazo seguía ahí, acechándola como una sombra.

—Diana, la vida sigue. Y sigue para mejor. Sé que ahora parece el peor escenario posible, pero quiero que pienses en esto: ¿qué es más doloroso, perder la relación con tus padres o vivir para siempre escondida y sin poder ser quien eres? —preguntó con mucho acierto.

Silencio.

Uno bastante elocuente teniendo en cuenta el tema que tenían entre manos.

—Sé la respuesta —admitió en voz baja.

—Lo sé. Y ese es el verdadero avance.

—Pero… ¿y si un día me arrepiento?

Hugo la observó con paciencia antes de responderle.

—¿Te arrepentiste alguna vez de haber amado a Álex?

—No, claro que no.

Diana resopló, como si la pregunta le pareciera absurda y es que, en parte, lo era para ella.

—¿Te arrepientes de haber entendido y aceptado tu sexualidad? —continuó.

—No.

—Entonces, ¿por qué ibas a arrepentirte de decidir vivir sin miedo?

Se mordió el labio, perdida en sus pensamientos y ahí Hugo supo que la había hecho reflexionar en serio sobre ese tema.

—¿Cómo lo haces? —preguntó con una pequeña sonrisa.

—¿Hacer qué?

—Hacer que me dé cuenta de cosas que parecían imposibles de aceptar hace solo unos meses.

—Es mi trabajo.

Y lo cierto es que era uno de los mejores en lo que hacía.

—Eres bueno, lo admito.

—Lo intento.

Diana le dedicó una sonrisa antes de dejarse caer más cómodamente en el sofá.

Desde que se había dado cuenta de su sexualidad, por fin empezaba a sentir que la idea de enfrentar a sus padres no la ahogaba.

No la hacía temblar de miedo. Seguía siendo una montaña difícil de escalar, pero ya no se veía incapaz de hacerlo.

—Bueno, ahora solo falta fijar una fecha para que lo hagas —soltó Hugo con naturalidad, devolviéndola a la realidad.

Diana se tensó.

—¿Qué?

—Sabes que lo vas a hacer. Pero si no te pones una fecha límite, lo seguirás posponiendo.

Diana gruñó, enterrando el rostro en sus manos.

—Te odio.

Hugo se echó a reír.

—Lo aceptaré como un cumplido.

Diana negó con la cabeza, pero una sonrisa luchaba por aparecer en su rostro. Era el principio de un cierre que llevaba años postergando.

—Gracias, Hugo, no estaría en este momento de mi vida sin ti —dijo emocionada por lo que estaba avanzando.

—No he hecho tanto, Diana.

—No te quites mérito —se quejó ella.

—De verdad. Yo solo estoy aquí para escucharte y ayudarte a entenderte a ti misma.

A Hugo no le gustaba nunca quedarse con los méritos de las mejoras de los pacientes.

Diana negó con la cabeza.

—Puede que sí, pero me has acompañado en todo este proceso. Y eso ya es mucho.

Hugo sintió un ligero calor en las mejillas.

No estaba acostumbrado a recibir halagos de sus pacientes.

Le gustaba mantener una buena relación con ellos, pero con Diana había algo más que solo una buena relación.

Era una de las pocas personas con las que había conseguido romper la barrera entre psicólogo y paciente.

Era su amiga.

Como lo era Álex.

—No sé qué habría hecho sin ti todo este tiempo, Hugo.

Él sonrió, esta vez con gratitud.

—Con la evolución que he visto en ti desde que te conozco… no solo en mi consulta, sino en todo lo que viviste con Álex… —Sostuvo su mirada y concluyó con una sinceridad aplastante—: El placer ha sido mío, Diana.