Capítulo 13 #2
Un paseíto de un lado a otro de mi despacho mientras repaso los puntos más importantes a destacar y cómo vender este diseño me ayudan a bajar pulsaciones y que mi cabeza se centre y deje de sentir náuseas.
Ni un momento de tranquilidad en este cuerpo que somatiza todos los síntomas de mi ansiedad por una cosa u otra.
A ver, querido organismo, yo entiendo que te sientas culpable porque Diana pueda haber estado en peligro por ignorarla o no coger esa llamada.
Yo lo entiendo, pero vamos a intentar que no nos consuma y superar esta reunión.
Te prometo que luego me voy a casa a tirarme en el sofá hasta que sepamos qué ha pasado. ¿Trato?
—¿Me vas a contar ya qué coño te pasa? —pregunta Jack entrando sin llamar.
Tiendo a olvidar que las paredes son de cristal y el espectáculo que he tenido que dar dando vueltas y hablando sola habrá llamado la atención de media plantilla.
—No me pasa nada —respondo.
No lo creo yo, no lo cree él y no lo cree ni el apuntador aquí.
—Estás actuando de una forma rarísima desde que has llegado y tienes mala cara. Cuéntamelo, por favor.
Está preocupado por mí. No por el trabajo, le importo yo en estos momentos y es algo que valoro mucho. Los entornos laborales son algo hostiles y tener a gente que te quiere ver bien es una alegría.
—No me pasa nada —miento de nuevo.
—Si no me quieres contar a nivel personal lo que te pasa, lo entiendo —dice con paciencia—. Lo que pasa es que sabes lo que nos jugamos hoy y no puedo dejar que entres en esa sala en este estado.
—No me vas a apartar ahora del proyecto —advierto antes de que se atreva a usar ese argumento en mi contra—. Sabes que nadie lo hará mejor que yo.
Tengo razón y no puede discutírmelo. Si quiere que todo vaya bien con el cliente, me necesita dentro de esa sala.
Está dudando y la duda se va a inclinar a mi favor en la balanza.
Seré un desastre en lo personal, no lo discuto, pero si hablamos de lo laboral…
Ahí soy un lince, especialmente en presentaciones así.
No necesito mirar mis notas, ni siquiera la pantalla con las diapositivas, porque me lo sé todo al milímetro.
Esto me permite observar las caras de los clientes en busca de rasgos y gestos que denoten su opinión.
Uso esos pequeños detalles para improvisar siempre y sacarme información de la manga que haga que terminen por salir muy felices de la sala y nosotros tengamos otro contrato sobre la mesa.
Jack sabe que dejarme fuera es la peor decisión que puede tomar a pesar de cómo esté yo ahora mismo.
Sacude la cabeza y señala mi carpeta como aprobación para que le siga.
¡Bien! Vuelta al ruedo, baby , aunque no es que haya estado fuera de él en ningún momento por mucho que Jack lo piense.
En cuanto entramos veo que, para variar, estamos ante una reunión en la que hay más hombres que mujeres.
Qué sorpresa, ¿no? Nadie lo esperaba… Me da rabia que hoy en día sigan pensando que las mujeres no tenemos esa capacidad para estar en puestos de poder.
Reconozco que este hecho siempre me da una motivación extra para exponer y dejarles con la boca abierta.
Jack hace las presentaciones, nos saludamos todos educadamente y me cede la palabra.
Showtime .
Estoy un poquito tensa y nerviosa, cosa que no acostumbro en estas situaciones, así que me cuesta coger el ritmo de la presentación.
En cuanto lo hago voy como una bala exponiendo las razones por las que deberían confiar en que nuestro diseño va a revolucionar la forma en la que concebimos el trabajo de oficina.
Agradezco que Jack intervenga para hacer algunos apuntes clave que me ayudan a seguir con el hilo de lo que tenemos que contar.
Genial, concentración pura, no sé cómo lo estoy haciendo, ya que…
Ring, ring…
¿Quién coño tiene el móvil encendido en una reunión?
Bueno, más bien quién tiene el móvil en sonido en esta época.
Espera, hablando de móviles, ¿dónde está el mío?
Palpo los bolsillos de mi pantalón y no lo encuentro.
Echo un vistazo a la mesa y la zona del proyector y tampoco lo veo.
He debido de dejármelo en el despacho sin querer con tantas prisas.
¿Y si me ha llamado Marcos? ¿Y si hay nueva información de lo que ha pasado?
—Álex…
Jack llama mi atención para que continúe por donde lo he dejado.
El problema es que he perdido el hilo por completo y ahora las palabras se me traban.
No ayuda que me haya equivocado con un dato que Jack tiene que corregir al instante.
Menos mal que está atento mirando la presentación antes de que la cague más.
No me estoy sintiendo muy bien ahora mismo… me tiemblan las manos y…
—Vamos a hacer un pequeño descanso —anuncia Jack en la sala, avisando a una de las secretarias para que pase a servir cafés—. Vamos a traer unos papeles que nos hacen falta y continuamos.
¿De qué papeles habla?
Se acerca a mí y tira de mi brazo de forma disimulada para que nadie note que está improvisando sobre la marcha.
No entiendo qué está pasando y tampoco me voy a molestar en hacerlo antes de echar a correr hacia mi despacho a por mi teléfono móvil.
Ahí está, sobre la mesa esperándome. Lo chequeo y veo que no hay nada nuevo. Cero llamadas y cero mensajes.
—Joder…
—¿Se puede saber qué te pasa? —pregunta Jack cerrando la puerta del despacho tras de sí—. Álex, estás totalmente ida y no podemos seguir así.
—Yo… Yo… Es que…
No hay manera de explicar todo lo que estoy sintiendo y quizás sea lo mejor. Mi cabeza es un caos y resumirle todo en los cinco minutos de descanso que vamos a tener parece muy ambicioso.
—Álex, reacciona. —Chasquea los dedos frente a mi rostro, tratando de sacarme de mi trance—. No vas a volver a esa sala. Me ocupo yo desde aquí.
¿Soy sincera? Lo último que me apetece es tener que volver ahí dentro.
Llevo tanto tiempo volcando mi vida en el trabajo que he dejado de lado mis propios sentimientos.
Esos mismos que ahora solo quieren saber qué le ha pasado a Diana y cómo estará.
¿Cómo explicarle a alguien que no haya vivido mi historia con ella todo lo que está pasando por mi cabeza?
¿Cómo decirles que todo lo que quiero es hablar con ella, saber que está bien y resolver lo que quiera que nos ha tenido alejadas tanto tiempo?
Y no puedo hacerlo porque estoy a miles de kilómetros de distancia.
Un puto avión directo a Madrid solucionaría esto y…
Un momento. ¿Cómo de locura sería…? Quiero decir…
Total, apartarla de mi vida no ha sido una solución muy efectiva.
Podría intentar verla, hablar con ella, solucionar de raíz lo nuestro para bien o mal y…
¿Habrá vuelos ahora? ¿Debería hacerlo? ¿Debería por una vez hacer lo que siento y no lo que creo que debo hacer?
Jack sigue mirándome extrañado, sin entender este repentino silencio en el que no estoy protestando porque me haya apartado del proyecto. En realidad, estás haciéndome el mayor regalo que podrías. Acabas de quitarme lo único que podría retenerme aquí un poco más.
Se acabó. Hora de hacer lo que quiero, y lo que quiero es verla a ella.
—Mejor, porque me tengo que ir. —La idea que tengo ahora mismo en la cabeza es una puta locura, sin embargo, mi cuerpo me pide que lo haga. Por una vez me pide que haga lo que siento. Recojo mis cosas, tiro del abrigo y me paro a su lado—. Lo siento mucho, Jack.
—¿Cómo que te tienes que ir?
Sigue mis pasos por el pasillo que lleva al ascensor sin entender qué hago.
—Lo siento. Siento mucho dejarte así sin aviso, pero ha pasado algo muy importante en mi vida.
—Pulso el botón del ascensor, maldiciendo la cantidad de plantas que tiene este edificio—.
Confío en ti, tienes el proyecto controlado.
A la vuelta me pones al día ¿vale? Y no te preocupes, ya aviso a Recursos Humanos de que necesito el resto de mis vacaciones.
Por fin se abren las puertas metálicas en tonos dorados y le dejo ahí con la palabra en la boca sin entender nada.
—No me jodas, Álex.
Es lo último que escucho antes de que el ascensor empiece su descenso a la planta cero. Tengo que ir cuanto antes a casa, coger cuatro cosas, reservar el primer vuelo con destino a Madrid y salir corriendo al aeropuerto.
Sí, ese es el plan. Sencillo, ¿no?
Es hora de volver.
Y, esta vez, no pienso marcharme hasta saber la verdad.