Lo que dejaste en mí (Restos de mí 1) CAPÍTULO CUARENTA Y UNO
86%

CAPÍTULO CUARENTA Y UNO

UNTIL YOU – AHÍ

Ha pasado un año desde que me fui a Italia. Un año desde que conocí a Leone. Y algo más de un año desde que Jairo cerró la puerta y me dejó sentada en el borde de la cama, mirando el móvil apagado. Si lo pienso ahora, me parece otra vida.

Antes vivía esperando mensajes. Esperando que alguien eligiera quedarse. Pensando que el amor era una prueba que había que superar. Medía mi valor en función de cuánto aguantaba y creía que querer era insistir.

Cuando Jairo se fue, lo primero que aprendí fue el significado de silencio.

Al principio dolía físicamente, no sabía qué hacer con su compañía, pero después entendí que no venía a castigarme simplemente venía a vaciar lo que ya no encajaba en mi vida y entonces ahí me dice su amiga.

Aprendí a estar sola sin sentirme abandonada, que no es lo mismo.

Empecé a desayunar sin mirar el móvil cada cinco minutos.

A pasear sin pensar en quién me estaría echando de menos.

A tomar decisiones —qué comer, dónde sentarme, qué leer— sin consultarlas mentalmente con nadie.

Irme a Italia fue menos valiente de lo que parecía, fue más bien una huida. Cambié de idioma, de calles y de gente, aquí fue mis primeros pasos con el silencio, pero el ruido seguía dentro.

Descubrí que el amor no tiene por qué doler para ser intenso. Con Leone no hubo mariposas en el estómago al principio y con él he aprendido que la paz no es sinónimo de aburrimiento.

Y con el tiempo entendí que no era amor lo que defendía, sino la versión de mí que se sentía elegida en medio del caos. Y esa versión ya no me representa.

También he cambiado en las cosas normales.

Ahora digo lo que necesito sin darle tantas vueltas.

Si necesito un poco de espacio, lo pido.

Si algo me duele, intento decirlo en lugar de esconderlo detrás de una broma o de la ironía.

Y cuando estoy feliz, procuro disfrutarlo sin pensar todo el tiempo que puede acabarse.

Con el tiempo he entendido que no todo el mundo está destinado a quedarse, y eso no significa que mi historia sea un fracaso.

Hay personas que llegan para recordarte lo que ya no quieres volver a vivir, y otras que aparecen para demostrarte que puedes confiar, bajar la guardia y seguir siendo fuerte.

Miro atrás y veo a una chica que confundía la intensidad con el amor de verdad, que pensaba que soltar era rendirse y que se castigaba por no saber hacerlo antes. Hoy sigo teniendo dudas, sigo sintiendo miedo algunas veces, pero ya no negocio con mi paz.

Hace un año me fui rota y orgullosa al mismo tiempo.

Hoy no estoy entera —supongo que nadie lo está del todo—, pero estoy más alineada conmigo, soy más consciente de lo que merezco.

Y he aprendido que el amor no viene a salvarte ni a destruirte.

Viene a encontrarte cuando tú ya has decidido quedarte contigo.