CAPÍTULO 25 — NORA
Diego sugiere, un viernes por la tarde de finales de mayo, que hagamos un viaje corto de fin de semana hacia Sevilla, "por razones puramente nostálgicas", según sus propias palabras exactas al proponerlo, aunque hay algo particular en su expresión mientras lo propone que sugiere considerablemente más planificación deliberada de la que admite abiertamente ante mí.
—¿Sevilla otra vez? —pregunto, mientras empacamos juntos una maleta pequeña para el viaje corto—. Hace exactamente un año completo que estuvimos ahí para la boda de Marina y Tomás, ¿no es demasiado pronto para volver?
—Exactamente un año completo —confirma, con una sonrisa que no logro interpretar completamente en ese momento—. Pensé que sería apropiado regresar juntos al lugar donde técnicamente reconstruimos todo esto entre nosotros dos.
Llegamos a Sevilla un viernes por la tarde soleada, el calor de finales de mayo considerablemente más suave que el verano intenso que recordamos vívidamente de nuestra visita anterior, y Diego nos lleva directamente hacia el mismo barrio de Triana donde compartimos aquel apartamento diminuto durante la semana transformadora de la boda de nuestros amigos.
—¿Reservaste el mismo apartamento exacto? —pregunto, reconociendo inmediatamente el edificio familiar mientras caminamos hacia la entrada conocida.
—Marina insistió considerablemente en ayudarme a coordinarlo todo. Aparentemente todavía disfruta considerablemente de su papel autoproclamado como manipuladora oficial de nuestra historia de amor compartida.
El apartamento se siente extrañamente familiar al entrar, aunque considerablemente menos cargado de la tensión incómoda que definió nuestros primeros días compartiendo este mismo espacio hace exactamente un año atrás.
Cenamos esa noche en la misma taberna diminuta donde tuvimos nuestra primera conversación honesta hace un año, el dueño reconociéndonos inmediatamente con una sonrisa cálida y genuina de bienvenida.
—La pareja del compromiso falso que se convirtió en real —dice, aunque considerablemente confundido sobre los detalles exactos de nuestra historia particular—. Me alegra genuinamente verlos de vuelta juntos por aquí, celebrando algo bueno espero.
Reímos ante la descripción imprecisa pero curiosamente apropiada de nuestra historia compleja, y mientras cenamos tranquilamente, Diego parece considerablemente más nervioso de lo habitual en él, revisando constantemente su teléfono y sugiriendo repetidamente que caminemos hacia la Plaza de España después de cenar "para ver el atardecer juntos. "
La plaza está considerablemente menos concurrida que durante nuestra visita del año anterior en pleno verano, la luz dorada del atardecer bañando suavemente el semicírculo monumental de ladrillo y cerámica tradicional, y mientras caminamos juntos hacia el mismo banco donde nos tomaron aquellas fotos hace exactamente un año, siento una sensación creciente de anticipación que no logro nombrar completamente en ese momento.
—¿Recuerdas este lugar exacto? —pregunta Diego, deteniéndose junto al banco familiar con cierta ceremonia evidente.
—Por supuesto que lo recuerdo perfectamente. Aquí fue donde me dijiste que necesitabas contarme algo importante, aunque terminaste posponiendo la conversación completa hasta el día siguiente por nervios.
—Exactamente aquí mismo. —Sonríe, con una expresión que combina nerviosismo genuino y una determinación evidente en sus ojos—.
Nora, hace un año exacto, en este mismo lugar preciso, empecé a entender que todavía te amaba profundamente, a pesar de cinco años enteros intentando convencerme a mí mismo activamente de lo contrario.
Se arrodilla lentamente frente a mí sobre la piedra antigua, y siento que el corazón se me detiene completamente al entender exactamente lo que está a punto de suceder ante mis ojos incrédulos.
—Diego...
—Déjame terminar completamente, por favor te lo pido.
—Su voz tiembla ligeramente con la emoción contenida evidente—.
Llevo exactamente un año completo reconstruyendo cuidadosamente, junto a ti a mi lado, algo que pensé genuinamente que había perdido para siempre por mi propia cobardía personal.
Aprendí, de la manera más dolorosa posible, exactamente cuánto vale la pena luchar activamente por las personas que amamos genuinamente, en vez de huir silenciosamente cuando el miedo se vuelve abrumador e incontrolable.
Saca un pequeño estuche de terciopelo cuidadosamente de su bolsillo, abriéndolo lentamente para revelar un anillo sencillo pero genuinamente hermoso, con una piedra pequeña que captura perfectamente los últimos rayos dorados del atardecer sevillano reflejándose en su superficie.
—Nora Aguilar, quiero pasar el resto completo de mi vida demostrándote, con acciones concretas diarias y honestidad completa sin ninguna excepción, exactamente cuánto significas genuinamente para mí.
Quiero construir contigo la vida estable y genuinamente comprometida que ambos merecíamos desde el principio mismo, hace tantos años atrás, antes de que mi propio miedo interrumpiera temporalmente nuestro camino compartido hacia esa vida juntos. ¿Te casarías conmigo, Nora?
Las lágrimas corren libremente por mi rostro mientras asiento repetidamente con la cabeza, incapaz momentáneamente de articular palabras coherentes ante la emoción abrumadora del momento presente.
—Sí —logro decir finalmente, con voz temblorosa—, sí, Diego, absolutamente sí quiero casarme contigo.
Se levanta rápidamente con una sonrisa radiante, deslizando el anillo cuidadosamente en mi dedo con manos ligeramente temblorosas antes de besarme profundamente, mientras algunos turistas cercanos que presenciaron la escena aplauden espontáneamente ante el momento romántico que acaban de presenciar sin ningún contexto completo sobre nuestra historia complicada de amor.
—Un año exacto —digo, cuando finalmente nos separamos del beso, contemplando el anillo brillando en mi dedo bajo la luz dorada del atardecer sevillano—. Desde que empezamos genuinamente a reconstruir esto juntos en este mismo lugar.
—Un año exacto —confirma Diego, con una sonrisa que ilumina completamente su expresión facial—, para demostrarte finalmente que aprendí exactamente cómo elegir activamente el amor genuino cada día, en vez de huir silenciosamente del miedo que alguna vez me paralizó completamente por dentro.
Caminamos de regreso hacia el apartamento tomados de la mano con felicidad compartida, mi nuevo anillo brillando suavemente bajo las luces de las calles de Sevilla, y mientras marco mentalmente llamar inmediatamente a Marina para compartir la noticia extraordinaria con ella, entiendo que finalmente hemos completado exitosamente el círculo que comenzó, de manera tan inesperada al principio, en esta misma ciudad exactamente un año atrás completo.