Lo Que Dejamos en Sevilla CAPÍTULO 26 — DIEGO
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CAPÍTULO 26 — DIEGO

La noticia de nuestro compromiso se extiende rápidamente entre nuestros amigos y familiares cercanos, con reacciones que oscilan considerablemente entre la alegría genuina y comentarios ocasionales sobre la naturaleza inesperada pero hermosa de nuestra reconciliación completa después de tanto tiempo separados.

—Sabía que esto pasaría exactamente así, sin ninguna duda —dice Carmen, cuando Nora le muestra el anillo brillante durante una videollamada grupal con Marina también presente—, aunque debo admitir que la propuesta en la Plaza de España tiene un nivel de dramatismo romántico considerablemente alto para tus estándares habituales, Diego.

—Diego siempre tuvo tendencias dramáticas ocasionales bien escondidas —bromea Nora, aunque su sonrisa evidente sugiere que aprecia profundamente el gesto tan significativo que hice.

Mi propia familia recibe la noticia con una emoción considerable, especialmente mi hermana, quien insiste firmemente en volar inmediatamente desde Madrid para celebrar personalmente con nosotros en Barcelona lo antes posible.

—Finalmente, después de tanto tiempo esperando —dice, abrazándome con una fuerza considerable en cuanto llega al apartamento—.

Cinco años enteros observándote desde la distancia con preocupación genuina, preocupada sinceramente por lo aislado emocionalmente que te habías vuelto durante ese tiempo.

Estoy considerablemente feliz de verte así de completo otra vez como persona.

Planear la boda se convierte en un proyecto compartido considerablemente más sencillo de lo que anticipábamos inicialmente, en parte porque ambos, después de haber presenciado de cerca la boda elaborada y compleja de Marina y Tomás, decidimos conjuntamente que preferíamos algo considerablemente más íntimo y considerablemente menos logísticamente complicado para nuestra propia celebración.

—¿Qué te parece si nos casamos aquí mismo en Barcelona?

—sugiere Nora, una tarde mientras revisamos posibles locaciones disponibles—.

Un lugar que represente genuinamente nuestra nueva vida compartida juntos, en vez de intentar recrear artificialmente algo relacionado específicamente con nuestro pasado en Madrid o en Buenos Aires.

—Me parece absolutamente perfecto, honestamente. Barcelona representa exactamente el nuevo comienzo que ambos elegimos activamente construir juntos con tanto esfuerzo consciente.

Elegimos finalmente un pequeño jardín botánico ubicado en las afueras de la ciudad, con vistas hermosas hacia las montañas circundantes, un espacio íntimo que puede acomodar cómodamente a nuestros amigos y familiares más cercanos sin la escala elaborada que definió considerablemente la boda anterior de nuestros amigos.

—Nada de mil invitados presentes ni logística compleja de fusión empresarial como aquella otra boda —bromeo, recordando conversaciones anteriores sobre la boda considerablemente elaborada de Marina y Tomás que presenciamos—.

Simplemente las personas que genuinamente importan realmente en nuestras vidas, celebrando algo completamente real entre nosotros.

—Exactamente así de simple. —Nora sonríe, revisando cuidadosamente la lista de invitados considerablemente más modesta que estamos construyendo juntos con calma—.

Aunque definitivamente Marina va a insistir considerablemente en tener un papel considerable en la planificación general, sin importar cuánto intentemos mantener las cosas relativamente simples entre nosotros.

Su predicción resulta completamente acertada poco después: Marina se involucra entusiásticamente en cada aspecto disponible de la planificación, desde sugerencias detalladas sobre el menú hasta recomendaciones específicas sobre fotógrafos profesionales —aunque considerablemente innecesarias en mi caso particular, dado que yo mismo insisto en fotografiar personalmente gran parte de nuestra propia celebración importante, con la ayuda ocasional de colegas profesionales de confianza para los momentos específicos donde necesito aparecer yo mismo directamente en las imágenes finales.

—¿Alguna vez pensaste seriamente que terminaríamos exactamente aquí?

—pregunta Nora, una noche mientras revisamos juntos muestras de invitaciones sobre la mesa—.

Hace apenas un año completo, cuando llegamos juntos a ese aeropuerto en Sevilla, completamente furiosos el uno con el otro sin ninguna esperanza real.

—Honestamente, no lo pensé en absoluto en ese momento.

Pensé genuinamente que pasaríamos esa semana entera evitándonos cuidadosamente el uno al otro, cumpliendo mínimamente con nuestras obligaciones asignadas de padrinos, y luego regresando cada uno a nuestras respectivas vidas separadas sin ninguna resolución real entre nosotros dos.

—¿Y ahora, un año después de todo eso?

—Ahora no puedo imaginar ninguna versión posible de mi vida futura que no te incluya centralmente en ella.

—Tomo su mano sobre la mesa donde estamos trabajando juntos, sintiendo una gratitud profunda asentándose firmemente en mi pecho—.

Nora, gracias genuinamente por darme esta segunda oportunidad, a pesar de todo el dolor considerable que causé hace cinco años enteros con mi cobardía.

—Gracias a ti también por finalmente tener el valor suficiente de contarme la verdad completa, en vez de seguir permitiendo que el silencio nos mantuviera separados indefinidamente sin ninguna esperanza de reconciliación.

Nos besamos suavemente, envueltos en la comodidad familiar de nuestra vida compartida actual, mientras planificamos cuidadosamente el próximo capítulo importante de una historia que, hace apenas un año completo, ninguno de los dos habría anticipado completamente que terminaría exactamente así de bien entre nosotros.

La fecha se fija finalmente para principios de septiembre próximo, cuando el calor intenso del verano catalán empieza a ceder gradualmente hacia una temperatura considerablemente más amable y agradable, y mientras los preparativos avanzan constantemente durante las siguientes semanas transcurridas, siento una certeza profunda sobre el camino que hemos construido juntos con tanto esfuerzo, considerablemente más sólido precisamente porque ambos elegimos activamente reconstruirlo con honestidad completa y esfuerzo consciente compartido, en vez de simplemente asumir ingenuamente que el amor genuino sobrevive automáticamente sin ningún trabajo intencional de nuestra parte.