CAPÍTULO 24 — DIEGO
Los primeros meses de Nora viviendo oficialmente en Barcelona conmigo transcurren con una facilidad considerable que ninguno de los dos había anticipado completamente al principio, como si nuestros cuerpos y nuestras rutinas cotidianas recordaran instintivamente cómo compartir espacio genuinamente juntos, a pesar de los cinco años enteros de separación que habían interrumpido temporalmente esa familiaridad natural entre nosotros.
—Definitivamente necesitamos establecer reglas claras sobre el espacio del armario —dice Nora una mañana, intentando infructuosamente encontrar espacio suficiente para su colección considerable de ropa entre mis propias posesiones considerablemente más modestas—.
Tienes literalmente cinco camisetas en total y ocupas la mitad del armario completo de todos modos, no tiene ningún sentido lógico.
—Tengo un sistema de organización eficiente y funcional. Tú simplemente tienes considerablemente más ropa de la que cualquier persona razonable necesita para vivir cómodamente.
—Eso es completamente injusto de tu parte, Diego Salcedo, y lo sabes perfectamente bien.
Reímos juntos ante esta discusión trivial, negociando pacientemente el espacio compartido con la misma facilidad natural con la que hemos estado negociando cada aspecto de esta convivencia renovada entre nosotros: con humor genuino, con paciencia considerable, y con una comunicación considerablemente más abierta que la que compartíamos durante nuestra relación original hace tantos años atrás.
Mi trabajo fotográfico en Barcelona se estabiliza gradualmente hacia proyectos considerablemente más significativos que los encargos comerciales vacíos que definieron mis últimos años en Buenos Aires: colaboro activamente con una revista cultural catalana en un proyecto documentando comunidades de inmigrantes en la ciudad con considerable profundidad, empiezo a enseñar clases ocasionales de fotografía en un centro cultural local del barrio, encuentro gradualmente el equilibrio saludable entre trabajo significativo y una vida personal estable que nunca había logrado completamente durante mis años anteriores de viajes constantes sin descanso.
Nora, mientras tanto, se integra rápidamente en la escena periodística barcelonesa local, colaborando activamente con publicaciones locales mientras mantiene simultáneamente sus contactos madrileños establecidos, construyendo gradualmente una carrera considerablemente más flexible geográficamente de lo que había sido posible anteriormente en su vida profesional.
—¿Sabes qué es lo más extraño de toda esta situación completa?
—dice una noche, mientras cenamos juntos en el pequeño balcón de nuestro apartamento compartido, la vista parcial hacia el Park Güell iluminada suavemente por las luces distantes de la ciudad—.
Estamos viviendo genuinamente una versión de la vida que planeábamos hace cinco años enteros, cuando mencioné por primera vez lo de mudarnos juntos a Barcelona en aquella cena memorable.
—Es curioso considerablemente cómo el destino ocasionalmente nos da segundas oportunidades genuinas para hacer las cosas correctamente, considerablemente más tarde de lo planeado originalmente pero quizás exactamente en el momento apropiado para ambos.
—¿Crees en el destino como concepto, Diego? Nunca me habías mencionado eso antes.
—No estaba seguro anteriormente, honestamente hablando contigo.
Pero después de todo lo que hemos vivido juntos recientemente, después de la manipulación deliberada de Marina reservando ese apartamento en Sevilla hace meses, después de reconstruir cuidadosamente algo que pensé genuinamente que habíamos perdido para siempre entre nosotros...
empiezo a considerar seriamente esa posibilidad ahora.
Marina y Tomás vienen a visitarnos un fin de semana completo, aprovechando un viaje de negocios de Tomás a Barcelona por trabajo, y la cena que compartimos juntos se convierte rápidamente en una celebración animada de todo lo que ha cambiado considerablemente durante el último año transcurrido.
—Todavía no puedo creer que mi pequeña manipulación resultara en todo esto que veo ahora —dice Marina, levantando su copa hacia nosotros con esa satisfacción evidente que nunca se cansa de expresar abiertamente sobre su papel decisivo en nuestra reconciliación completa.
—Fue considerablemente más que una pequeña manipulación simple, Marina —corrige Nora, riendo genuinamente ante el recuerdo—. Fue una manipulación elaborada y completamente premeditada de tu parte, no finjas lo contrario ahora.
—Que resultó exactamente como esperaba secretamente, debo añadir con orgullo considerable de mi propia astucia.
Tomás sonríe ampliamente, observando cuidadosamente cómo su esposa disfruta genuinamente tomando crédito completo por nuestra felicidad renovada entre nosotros dos.
—Honestamente, estamos considerablemente agradecidos por eso —digo, tomando la mano de Nora bajo la mesa con cariño—. Sin importar cuán manipuladora fuera la estrategia inicial empleada, el resultado final vale absolutamente la pena todo el proceso.
Esa noche, después de que Marina y Tomás regresan a su hotel para pasar la noche, Nora y yo nos quedamos despiertos hasta tarde en nuestra cama compartida, conversando tranquilamente sobre el futuro que estamos construyendo juntos con considerable cuidado.
—¿Alguna vez piensas en lo diferente que sería todo actualmente si Marina no hubiera reservado deliberadamente ese apartamento compartido? —pregunta Nora, acurrucada contra mi pecho cómodamente.
—Constantemente, honestamente te lo digo. Probablemente habríamos pasado la boda entera manteniendo una distancia educada superficial, fingiendo civilidad meramente cortés, y luego regresando cada uno a nuestras respectivas vidas separadas sin ninguna resolución genuina entre nosotros.
—Es aterrador considerablemente pensar en cuán cerca estuvimos de perder permanentemente esta oportunidad que tenemos ahora.
—Pero no la perdimos finalmente. —Beso su cabello suavemente, sintiendo una gratitud profunda asentándose en mi pecho—.
Y ahora tenemos algo considerablemente más sólido que lo que teníamos originalmente hace años, precisamente porque tuvimos que trabajar activamente para reconstruirlo juntos, en vez de simplemente asumir que sobreviviría automáticamente sin ningún esfuerzo consciente de nuestra parte.
Nora se queda en silencio un momento considerando esto, y cuando habla de nuevo, su voz suena considerablemente más seria que antes.
—Diego, ¿alguna vez has pensado seriamente en el matrimonio entre nosotros?
No necesariamente pronto en el tiempo, entiendo completamente que todavía estamos reconstruyendo cuidadosamente nuestra relación paso a paso.
Pero eventualmente, ¿es algo que consideras seriamente para nuestro futuro compartido a largo plazo?
La pregunta me llena de una calidez profunda inmediata, y sonrío ampliamente en la oscuridad de nuestra habitación compartida sin que ella pueda verme completamente.
—Nora, llevo considerándolo seriamente desde aproximadamente el segundo mes de estar viviendo juntos aquí contigo. Simplemente estaba esperando pacientemente el momento correcto para mencionarlo abiertamente, sin presionarte hacia ninguna decisión apresurada de tu parte.
—¿Y cuándo crees exactamente que sería el momento correcto para eso?
—Honestamente, creo que ya casi hemos llegado ahí, considerando todo lo que hemos construido juntos.