Capítulo 28. Sin repetir el pasado #4
Tendría que regresar a casa antes de que sus padres terminaran de cenar. No porque la estuvieran esperando para resolver alguna urgencia, sino porque deseaba compartir también con ellos parte de aquella jornada corriente.
La diferencia le resultó agradable.
Encontrar las horquillas llevó más tiempo del previsto.
Una había caído bajo el banco y la otra quedó prendida en un extremo del manto. Titus localizó la primera mientras Sophia examinaba la tela y deshacía un nudo que se había formado cerca del borde.
—Deberías guardarlas siempre en el mismo lugar —comentó él.
Sophia alzó la cabeza.
—Es un consejo excelente, viniendo de un hombre que deja tablillas junto a las puertas.
—He corregido esa costumbre.
—Porque he estado a punto de tropezar.
—Es una forma eficaz de aprender.
Sophia rio y recogió ambas piezas.
Se sujetó el cabello sin intentar reconstruir el peinado de la mañana. Una de las trenzas había quedado demasiado suelta y decidió dejarla así.
Titus la observó desde el borde de la cama.
—¿Quieres que te acompañe?
—Todavía hay luz. Conozco el camino.
—Lo sé.
Él no insistió.
Sophia agradeció la oferta. También le gustó poder decidir que prefería regresar sola, pasear un rato y ordenar las impresiones de aquella tarde antes de entrar en casa.
No deseaba alejarse de Titus.
Simplemente había elegido hacerlo de aquella manera.
Se acercó a la mesa para recuperar el manto.
Junto a la jarra vio una relación de contactos de Esmirna, parcialmente cubierta por el papiro que Titus estaba leyendo cuando ella llegó.
Reconoció dos nombres.
Uno pertenecía a una casa que había mantenido relaciones comerciales con Herakleon.
Sophia recordaba un acuerdo antiguo relacionado con mercancías que atravesaban los puertos de Asia y las islas.
La familia no poseía dependencias permanentes en Esmirna, pero conocía a comerciantes que podían necesitar sus espacios de Éfeso o prestar ayuda cuando las cargas debían cambiar de destino.
Miró nuevamente la tablilla.
Hasta entonces había considerado el viaje como una obligación que Titus tendría que cumplir por su trabajo.
Él iría a Esmirna, atendería las reuniones necesarias y regresaría cuando terminara.
Sophia permanecería en Éfeso.
Era lo que habrían hecho otras veces.
Sin embargo, desde que reorganizó sus responsabilidades había empezado a descubrir cuánto dependían algunas de sus antiguas costumbres de decisiones que ya no seguían siendo necesarias.
Menandros dirigía el tercer edificio. Herakleon había aceptado un reparto permanente y los encargados conocían sus atribuciones.
Si Sophia se ausentaba durante unos días, la casa podía continuar trabajando.
Eso no significaba que debiera acompañar a Titus cada vez que viajara.
El acuerdo que habían alcanzado no exigía que compartieran todas sus jornadas.
Pero tampoco tenía que excluir la posibilidad de marcharse por considerar, sin examinarlo, que su presencia era imprescindible en Éfeso.
Sophia volvió a mirar los nombres.
Uno de aquellos comerciantes conocía acuerdos que afectaban a las reservas antiguas de su familia. Tal vez existiera alguna cuestión pendiente que mereciera una visita. Quizá fuera posible combinar una negociación útil para Herakleon con las gestiones que Lykos tenía previstas.
No quería inventarse una ocupación para seguir a Titus.
Si viajaba, sería porque también tuviera trabajo que hacer allí.
Él se había levantado y se acercaba a la mesa para recoger los documentos.
Sophia señaló una de las anotaciones.
—Has dicho que Lykos necesita hablar con varias casas de Esmirna.
—Sí.
—¿Sabes cuáles?
Titus tomó la relación.
—Algunas. Las demás tendrán que confirmarse cuando lleguen las respuestas.
Sophia indicó uno de los nombres.
—A esta casa la conozco. Tratamos con uno de sus representantes cuando tuvimos que modificar unas reservas antiguas.
—Tu padre mencionó aquel acuerdo.
—También recuerdo que tenían dificultades para organizar ciertas retiradas cuando las mercancías continuaban hacia las islas.
Titus examinó la anotación.
—Eso podría interesarles todavía. Lykos quiere hablar de algunos movimientos que requieren depósitos intermedios.
Sophia permaneció junto a él.
No sabía si las condiciones serían convenientes para su familia. Tendría que averiguar qué mercancías pretendían transportar, cuánto tiempo necesitaban mantenerlas bajo custodia y quién respondería por los cambios de recorrido.
Eran precisamente las cuestiones que acostumbraba a examinar.
Titus dejó la tablilla sobre la mesa.
—¿En qué estás pensando?
Sophia lo miró.
Había pasado siete años organizando su vida alrededor de las obligaciones que necesitaba cumplir en Éfeso. Muchas habían sido importantes. Algunas seguían siéndolo.
Pero acababa de pasar una tarde con Titus sin abandonar ninguna responsabilidad, y durante los últimos días Menandros había demostrado que podía dirigir un edificio entero sin tenerla a su lado.
No necesitaba decidir todavía si viajaría.
Primero podía preguntar.
—¿Hay algún asunto de nuestra casa que pudiera requerir mi presencia en Esmirna?