Capítulo 24. La racha favorable #2
Pero aquella mañana los representantes estaban consultando los mismos documentos para cualquier cambio, por pequeño que fuera.
Mientras aguardaban una confirmación, los carros seguían ocupando los patios.
—No puedes quedarte aquí —le dijo al conductor—. Pero tampoco puedo ofrecerte un espacio que no pertenece a mi familia.
—¿Adónde voy, entonces?
Sophia llamó al encargado.
—Haz venir a alguien de la casa de Leontios. Que traiga las relaciones de esa carga. Si tienen otro acceso disponible, podrán resolverlo sin esperar una nueva reunión.
El hombre se marchó a buscarlo.
Sophia se apartó para dejar pasar a los porteadores.
Había identificado una solución posible, pero no tenía autoridad para disponer de aquel espacio. Comprometerlo habría significado resolver una dificultad creando otra.
Recogió sus tablillas y fue a buscar a Titus.
Lo encontró junto a una mesa rodeada de representantes.
Leontios discutía con otro comerciante acerca de una reserva, mientras un escribiente copiaba las modificaciones recibidas durante la mañana. Dos encargados aguardaban instrucciones sobre cargas que ya se encontraban en los accesos.
Titus levantó la vista cuando Sophia se acercó.
—¿Has conseguido adelantar alguna retirada?
—Todavía espero la respuesta del transportista. Necesito saber qué espacio consideras más urgente liberar.
Él le mostró una relación.
—Si despejamos el patio del segundo edificio, podremos enviar allí algunas cargas pequeñas que ahora están esperando cerca del paso. Las partidas mayores tendrán que mantenerse en los depósitos donde ya se anunciaron.
Sophia examinó las cantidades.
—Ese patio no estará libre hasta que salgan las mercancías de dos depositantes.
—Lo sé.
—Uno de ellos tiene un acuerdo antiguo. No puedo modificar la fecha sin hablar con su representante.
Titus señaló otra anotación.
—¿Y esta retirada?
—Necesita los mismos carros que Menandros ha reservado para el tercer edificio.
Leontios se acercó.
—Mis hombres pueden retirar una parte de esas mercancías, pero tendrán que cruzar el acceso restringido. Philostratos no ha confirmado que podamos utilizarlo.
—Podríamos recurrir al paso interior —propuso Titus.
—Ya hay dos carros aguardando allí. Si mando otro, bloquearé la salida de los vuestros.
Sophia recorrió las tablillas.
Cada propuesta parecía razonable mientras se examinaba por separado. Al reunirlas, todas necesitaban las mismas horas, los mismos hombres y los mismos caminos.
Titus pidió al escribiente que suspendiera la copia.
—Primero separaremos los movimientos que no pueden aplazarse.
Los representantes comenzaron a señalar sus compromisos.
Uno tenía una entrega que debía completarse antes de la noche. Leontios necesitaba realizar dos retiradas para conservar libres los espacios comprometidos para la jornada siguiente.
Sophia señaló las reservas antiguas de su familia y explicó cuáles requerían autorización antes de modificar las fechas.
Cuando terminaron, quedaba muy poco espacio disponible para las entradas nuevas.
Titus examinó la relación.
—Si intentamos mantener todas estas cargas dentro de los mismos turnos, acabaremos retrasándolas juntas.
Leontios apoyó la mano sobre la mesa.
—Eso llevo diciendo desde que llegaron los avisos.
—También has propuesto recibir nuevas mercancías sin comprobar cuándo podrías retirar las que ya tienes —respondió Titus.
—Y tú has querido que esperemos una confirmación común antes de modificar cualquier entrada.
—Con las condiciones de la semana pasada, funcionaba.
—Hoy no.
Sophia observó a Titus.
Había pasado buena parte de las últimas semanas preparando aquella distribución. Sabía cuánto trabajo costó conseguir que las casas aceptaran los mismos procedimientos.
Titus dejó la relación general a un lado.
—Hoy no —reconoció—. Tenemos que distinguir las decisiones que cada casa puede tomar dentro de sus depósitos de las que afectan a los accesos compartidos.
Leontios se inclinó sobre la mesa.
—Mis encargados pueden organizar las salidas menores sin venir a consultar cada carro.
—Siempre que no utilicen los recorridos comprometidos por otras casas.
—Eso tendremos que acordarlo con ellas.
—Sí.
El reconocimiento de Titus no resolvió los retrasos que ya se habían producido.
Pero Sophia lo vio apartar la relación que había utilizado como referencia durante días y pedir al escribiente otras tablillas para separar las condiciones.
Aquella mañana no habría una distribución única que sirviera para todos los edificios.
Necesitaban acuerdos más limitados.
Un mensajero llegó con una nueva consulta antes de que terminaran de examinarlos.
Los propietarios de una carga pequeña querían saber si podían enviarla al patio próximo al segundo edificio. Titus escuchó el mensaje y pidió que no comprometieran aquel espacio hasta comprobar las salidas previstas.
—Dicen que no pueden esperar mucho más —insistió el muchacho.
—Entonces tendrán que hablar con la casa que aceptó su reserva. Si no puede cumplirla, habrá que negociar otra condición.
El mensajero se marchó.
Leontios recogió sus documentos.
—Voy a consultar con mis encargados. Puedo ofrecer algunos espacios por un plazo breve, pero todavía necesito saber cuáles.
Titus asintió.
—Cuando tengas las cantidades, podremos discutirlo con las casas afectadas.
Sophia guardó las relaciones de su familia.
Había querido preguntarle si había hablado con Lykos, pero la mesa seguía llena de documentos sin resolver.
Titus estaba trabajando con una concentración que ella conocía bien. Una de las anotaciones debía corregirse antes de que regresara el siguiente mensajero.
Sophia dejó pendiente la pregunta.
—Mis encargados necesitan saber qué entrada conserva prioridad —dijo.
—La que ya habéis comprometido. No aceptéis otra porque haya espacio durante unas horas. Antes debemos saber cuándo podrá retirarse.
—Eso les he dicho.
—Entonces será mejor que Menandros organice los movimientos de vuestro tercer edificio. Conoce sus recorridos mejor que yo.
Sophia asintió.
La observación era correcta. Menandros llevaba semanas ocupándose de aquel espacio y había preparado sus entradas con más detalle que cualquier otro miembro de la familia.
Sin embargo, todavía había reservas cuya autorización dependía de ella.
—Hablaré con él —respondió.
Encontró a su hermano junto a la puerta interior del tercer edificio.
Dos trabajadores acababan de colocar varias ánforas sobre sus soportes. Había restos de paja en el suelo y marcas de humedad donde habían apoyado algunos recipientes durante la descarga.
Menandros llevaba una de las llaves sujetas al cinturón. Sophia se la había entregado semanas atrás, cuando empezó a confiarle una parte mayor de aquel espacio.
Él terminó de contar las ánforas antes de acercarse.
—¿Han cambiado los turnos? —preguntó.
—Están preparando otra distribución. Titus cree que debemos separar las decisiones de cada depósito de las que afectan a los accesos.
—Eso ayudaría.
—Siempre que sepamos quién responde por cada espacio.
Menandros la miró.
—Aquí puedo responder yo.
Sophia señaló la sala interior.
—Por esta dependencia, sí. Pero hay otras reservas cuyas condiciones todavía no hemos terminado de repartir.
—Precisamente quería hablar contigo de eso.
Menandros pidió al encargado que continuara la comprobación de las marcas y condujo a Sophia hacia una mesa apartada del movimiento de los porteadores.
Había preparado dos relaciones.
Una recogía las entradas ya aceptadas. La otra contenía las cargas adicionales que les habían ofrecido durante la mañana.
Sophia las examinó.
—No podemos recibirlas todas.
—No pretendo hacerlo. Si conservamos las reservas comprometidas, podremos cumplir con un margen pequeño. Si adelantamos una retirada, quizá admitamos alguna partida más.
Sophia señaló una de las anotaciones.
—Este depositante lleva años trabajando con nosotros. Nunca acepta que cambiemos una condición sin avisarlo.
—Lo sé.
—Si trasladamos sus recipientes a otra dependencia, tendremos que consultarle.
—No propongo modificar la custodia que le hemos prometido. Quiero reorganizar la disposición interior para recibir las partidas que ya están aceptadas.
Menandros extendió la otra tablilla.
Había separado una zona para las mercancías del cliente antiguo y previsto un acceso que permitiera retirarlas sin mover las demás.
Sophia recorrió las cantidades.
La distribución parecía viable.
—¿Y si mañana llega su transportista antes que los demás carros?
—Podrá sacar la partida por el corredor interior.
—Siempre que el acceso esté libre.
—Entonces tendré que coordinarlo con la casa vecina.
Sophia guardó silencio.
Menandros esperaba su respuesta.
Desde la sala contigua llegó la voz de un trabajador que pedía ayuda para levantar una de las ánforas más pesadas. Dos porteadores acudieron sin interrumpir a los hermanos.
—Sophia —dijo Menandros—, necesito encargarme de este edificio completo.
Ella alzó la vista.
—Ya llevas una parte importante.
—Puedo abrir esta sala y organizar las entradas que conocemos. Pero cuando necesito consultar el armario de marcas o cambiar la disposición de una reserva antigua, tengo que esperar a que vengas.
—Porque esas reservas tienen condiciones particulares.
—Algunas. Otras requieren las mismas comprobaciones que cualquier carga nueva.
Sophia miró hacia la puerta.
Otro carro acababa de detenerse en el exterior. El conductor preguntaba cuánto tardarían en recibirlo.
—Podemos discutirlo esta noche —propuso.
Menandros permaneció junto a la mesa.
—Esta noche ya habremos tenido que decidir qué mercancías entran hoy.
Sophia volvió hacia él el rostro.
Su hermano había solicitado más autoridad semanas atrás, cuando empezó a encargarse de aquel espacio. Entonces ella le entregó una llave después de comprobar varias veces unas condiciones que Menandros ya había tenido en cuenta.
Todavía conservaba otras dos.
Una abría el armario donde guardaban las marcas de las reservas. La otra correspondía a la dependencia utilizada para las mercancías sujetas a compromisos más antiguos.