Lo que dejamos en Éfeso (Bajo el águila de Roma nº 6) Capítulo 23. Formalidad #5
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Capítulo 23. Formalidad #5

El hombre extendió una relación y señaló el recorrido por el que los carros habían tenido que desviarse durante toda la semana.

—Este paso continuará limitado. Los demás podrán utilizarse con las condiciones que ya conocéis, pero habrá momentos en que deban quedar libres para los materiales de las reparaciones.

Menandros tomó nota.

—¿Seguiremos avisándonos antes de enviar los carros?

—Será imprescindible. No habrá espacio para que permanezcan esperando junto a los trabajos.

Leontios preguntó si podían utilizar temporalmente un patio que hasta entonces había permanecido libre.

Philostratos negó.

—También podría necesitarse para guardar materiales. No puedo prometer que esté disponible.

Las preguntas continuaron.

Sophia intervino cuando uno de los representantes propuso adelantar una entrada que coincidía con una reserva antigua de su familia.

Titus señaló que debían comprobar primero si existía otro lugar donde recibirla.

Menandros ofreció examinar una alternativa para una carga pequeña, y Leontios aceptó consultar con sus encargados antes de comprometer ningún espacio.

Sophia advirtió que la discusión avanzaba con mayor dificultad que el día anterior.

Los márgenes se reducían.

Philostratos esperó a que terminaran de anotar las primeras correcciones.

—Hay otra noticia.

Sophia levantó la cabeza.

El hombre tomó una tablilla distinta.

—Han llegado avisos de varias embarcaciones que llevan días demoradas en distintos puntos de la costa y de las islas. Algunas no pudieron continuar cuando esperaban. Otras han aguardado condiciones favorables para completar la travesía.

Titus dejó la tablilla que estaba examinando.

—¿Cuántas?

—No tengo una relación definitiva. Una embarcación puede retrasarse por muchas razones, como bien sabéis. Pero los avisos indican que varias podrían alcanzar Éfeso con poca separación entre ellas.

Leontios frunció el ceño.

—¿Por qué ahora?

—Los hombres que han traído las noticias hablan de vientos favorables para continuar la ruta. Si se mantienen, las embarcaciones que llevan días esperando podrían aprovecharlos al mismo tiempo.

Sophia volvió a mirar las reservas.

Hasta entonces habían calculado el espacio suponiendo que las llegadas continuarían distribuyéndose de forma semejante a las semanas anteriores.

Algunas partidas se retrasaban; otras encontraban sitio mientras se completaba una retirada.

Incluso con los accesos limitados, los encargados habían conseguido evitar que demasiadas mercancías necesitaran entrar al mismo tiempo.

Si llegaban varias embarcaciones con poca separación, aquel equilibrio podía desaparecer.

—¿Cuándo podrían presentarse? —preguntó Menandros.

—En los próximos días. No puedo precisar más.

Philostratos miró a los representantes.

—Por eso os he convocado. Revisad las reservas que podáis liberar y hablad con vuestros transportistas. Si esas embarcaciones llegan casi a la vez mientras continúan los trabajos, no podremos atender cada carga esperando a que termine la anterior.

Titus acercó la relación general de espacios.

Leontios pidió una copia. Menandros empezó a distinguir las partidas cuya retirada podía adelantarse sin perjudicar los compromisos ya asumidos.

Sophia examinó la capacidad disponible en los depósitos familiares.

Podían recibir algunas mercancías. No tantas como para aceptar todas las que quizá solicitaran entrada, y menos todavía si los carros encontraban dificultades para completar las retiradas.

Había reservas antiguas que debía proteger. Otras podrían modificarse, pero necesitaban consultar antes con sus propietarios.

En varios edificios seguía siendo ella quien tenía la última palabra sobre los cambios importantes.

Philostratos recogió la tablilla.

—No os pido que prometáis espacio que no tenéis. Os pido que sepáis quién puede decidir sobre él antes de que lleguen las cargas.

Sophia miró la relación del tercer edificio.

Menandros conocía sus movimientos mejor que ella después de las negociaciones de aquellos días. Había preparado los turnos, hablado con los transportistas y corregido sus propias equivocaciones.

Sin embargo, algunas reservas antiguas todavía requerían su autorización.

Si las embarcaciones llegaban con poca separación, quizá no tuviera tiempo de acudir a cada edificio antes de que sus encargados necesitaran una respuesta.

Philostratos terminó de hablar:

—Los próximos días podríamos necesitar más espacio y una coordinación mucho mayor de la prevista.

En torno a la mesa comenzaron las preguntas.

Sophia no intervino enseguida.

Tenía delante las mismas relaciones que había revisado tantas veces, pero ahora cada espacio disponible parecía depender de otro movimiento, de otro transportista o de una retirada que todavía no estaba confirmada.

Miró a Menandros, ocupado en anotar las cargas que podían adelantarse, y después a Titus, que había comenzado a separar las partidas según los accesos que necesitarían.

La urgencia todavía no había llegado.

Cuando lo hiciera, habría decisiones que no podrían esperar a que todos se reunieran alrededor de la misma mesa.