Lo que dejamos en Éfeso (Bajo el águila de Roma nº 6) Capítulo 23. Formalidad #4
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Capítulo 23. Formalidad #4

La primera correspondía a un depositante antiguo. Sophia conocía a su familia y sabía que prefería recibir avisos antes de que se modificara cualquier fecha de retirada. Aquella relación exigía atención personal, pero sus condiciones estaban bien establecidas.

La segunda reserva era reciente.

Menandros había intervenido desde el comienzo y negociado sus condiciones directamente con los transportistas. También había señalado un margen para posibles variaciones de recorrido y el momento en que una modificación tendría que consultarse con Herakleon.

Sophia repasó la anotación.

No tenía nada que corregir.

Había aceptado supervisar toda la próxima temporada imaginando que debía conocer personalmente cualquier cambio antes de comunicarlo a los interesados. Incluso en asuntos cuya ejecución correspondía a su hermano, se había reservado la última revisión.

Ahora Menandros organizaba entradas, corregía errores y establecía límites de gasto sin necesitar su presencia continua.

Sophia volvió a mirar el espacio vacío.

Recordaba bien por qué había empezado a hacerse cargo de tantas obligaciones.

En 106, cuando un colaborador veterano se retiró de los negocios, Herakleon necesitaba ayuda para atender relaciones que llevaban años abiertas. Menandros tenía entonces veintitrés años y carecía de experiencia suficiente para asumirlas.

Sophia se quedó en Éfeso porque su trabajo era necesario.

Aquel recuerdo conservaba su importancia.

Pero los años transcurridos habían cambiado la casa.

Menandros seguía siendo su hermano menor. En los depósitos ya era un hombre capaz de negociar, equivocarse y corregir sus propios errores. Durante la mañana anterior lo había demostrado sin necesidad de pronunciar grandes discursos.

Sophia guardó la tablilla.

Mientras cerraba el estuche oyó a un encargado llamar a otro desde el patio. Estaban preparando la entrada de una carga y necesitaban comprobar dónde debían colocar los recipientes.

Por un instante se dirigió hacia la puerta.

Después reconoció que los dos hombres estaban siguiendo las instrucciones de Menandros.

No tenía nada que añadir.

Regresó a casa antes de la comida.

Herakleon estaba revisando unas cuentas con un escribiente cuando Sophia llegó.

Le preguntó si había recibido respuesta sobre la carga que debía salir por el acceso compartido.

—Menandros está comprobando el espacio disponible —respondió—. No quiere confirmar la retirada hasta tener la cantidad exacta.

—Entonces hablaré con él cuando vuelva.

Sophia se sentó frente a su padre.

Había acudido con la intención de examinar una cuestión que llevaba varios días aplazando.

—Quería hablarte de la próxima temporada.

Herakleon dejó el instrumento con el que señalaba las cantidades.

—¿Hay alguna dificultad con lo acordado?

—Todavía no. Pero he estado revisando las responsabilidades que acepté.

Su padre la observó.

—¿Y?

Sophia había preparado parte de aquella conversación mientras regresaba.

Podía reconocer que la supervisión que había asumido era demasiado amplia. Menandros ya había demostrado que podía dirigir más tareas, y el reparto que presentó merecía una nueva discusión.

Sin embargo, no deseaba ofrecer una distribución alternativa sin escuchar primero a su hermano.

Había rechazado su propuesta delante de Herakleon. Si pretendía revisarla, debía concederle la oportunidad de explicar nuevamente qué estaba dispuesto a asumir y bajo qué condiciones.

—Quiero que examinemos el trabajo que llevará cada uno —dijo—. La responsabilidad general está acordada, pero quizá podamos distribuir mejor algunas tareas.

Herakleon apoyó las manos sobre la mesa.

—Pensé que eso había quedado decidido.

—También yo.

Sophia sostuvo su mirada.

—Pero durante estos días he visto que Menandros puede ocuparse de más cosas de las que le confiamos. No quiero cambiar una obligación que ya hayamos prometido a otra casa. Quiero comprobar si necesitamos mantener todas las autorizaciones en mis manos.

Su padre miró las tablillas que tenía delante.

—Menandros tiene sus propias ideas.

—Lo sé.

—Y no todas coinciden con las tuyas.

Sophia sonrió.

—Eso también lo sé.

Herakleon volvió a tomar su instrumento de escritura.

—Habla con él. Si encontráis una distribución mejor, escucharé vuestras razones.

No preguntó por Titus.

Sophia agradeció que su padre no relacionara inmediatamente aquella revisión con los sentimientos que ella pudiera tener por otro hombre. La familia necesitaba un reparto eficaz, con independencia de lo que ocurriera entre ambos.

—Lo haré —respondió.

Salió de la estancia sin haber modificado ninguna condición.

Pero ya había pedido examinarla.

La diferencia no resolvía por sí sola sus dudas. Todavía tenía que hablar con Menandros y aceptar que su hermano quizá quisiera una distribución distinta de la que ella imaginaba.

Al menos había dejado de tratar la decisión inicial como si fuera imposible revisarla.

El aviso de Philostratos llegó a última hora.

Pedía que los representantes de las casas afectadas acudieran de nuevo a la estancia donde se habían reunido el día anterior.

Los responsables de los trabajos habían enviado noticias que modificaban algunas previsiones, y era necesario comunicarlas antes de que comenzaran los movimientos de la jornada siguiente.

Sophia acudió con Menandros.

El corredor estaba más concurrido de lo habitual. Leontios hablaba con dos hombres que habían llegado desde los accesos próximos al puerto. Titus permanecía junto a una mesa, examinando las relaciones del día.

Cuando Sophia se acercó, levantó la vista.

—Philostratos ha recibido noticias de los trabajos. Nos las explicará cuando estén todos.

—¿Sabes si han despejado el paso?

—Todavía no.

Titus volvió a sus documentos.

Sophia dejó los suyos sobre la mesa.

La respuesta había sido suficiente. No necesitaban otra conversación mientras aguardaban.

Philostratos entró poco después, con el manto recogido sobre un hombro y varias tablillas en la mano. Había polvo en la parte inferior de su túnica.

Esperó a que terminaran las conversaciones.

—Los responsables de las reparaciones han revisado esta mañana la zona que todavía estaba pendiente —anunció—. No podrán terminar en el plazo que nos indicaron al principio.

Leontios hizo un gesto de disgusto.

—¿Cuánto más?

—Todavía no lo saben con precisión. La parte que deben asegurar necesita más trabajo y no pueden dejarla abierta al paso de carros mientras retiran piedra y colocan los nuevos apoyos.

Uno de los presentes dejó su tablilla sobre la mesa.

—Llevamos días organizándonos según las indicaciones que nos dais.

—Y os hemos comunicado los cambios cuando los hemos conocido —respondió Philostratos—. Pero no puedo daros una fecha que los trabajadores todavía no están en condiciones de cumplir.

Sophia observó las relaciones que habían llevado las distintas casas.

Todas tenían movimientos pendientes. Algunas habían conseguido liberar espacio; otras mantenían mercancías que debían salir antes de que llegaran nuevas partidas. Las restricciones podían sostenerse durante unos días si las entradas continuaban produciéndose con suficiente separación.

Lo difícil sería mantener aquella organización provisional cuando cada retraso empezara a ocupar el espacio reservado para una carga posterior.

Titus pidió que Philostratos indicara qué parte seguiría restringida.