Capítulo 23. Formalidad #3
El desacuerdo se repetía desde el comienzo de las reparaciones. Cada casa necesitaba reservar un margen suficiente para cumplir sus obligaciones, pero ninguna controlaba completamente los pasos que utilizaban los demás.
Cuando Philostratos entró acompañado de un hombre que llevaba varias tablillas, todos se apartaron para dejarle llegar a la mesa.
—La indicación de esta mañana es provisional —comenzó—. Necesitan retirar parte de la piedra desplazada junto al paso. No podrán mantener abiertos todos los recorridos mientras trabajen allí.
Leontios preguntó cuánto tiempo necesitarían.
—Todavía no lo saben —respondió Philostratos—. Han encontrado una dificultad mayor de la prevista. Antes de volver a permitir el paso de carros deben examinar la parte que queda.
Titus señaló la relación utilizada durante los días anteriores.
—Entonces tendremos que revisar este reparto. Depende de que el acceso esté disponible durante más tiempo del que podemos garantizar.
Sophia levantó la vista.
Titus había trabajado mucho en aquella distribución. Concentraba las decisiones principales en unos pocos espacios de reserva, con el propósito de evitar que cada casa modificara sus movimientos sin avisar a las demás.
El sistema había resultado útil mientras las restricciones se mantuvieron dentro de lo previsto.
Ahora una parte de sus condiciones había cambiado.
Leontios aprovechó la ocasión.
—Llevo días diciendo que necesitamos más libertad para utilizar nuestros espacios. No tiene sentido esperar una respuesta común para cada movimiento.
—Si cada casa actúa por su cuenta, volveremos a encontrar carros ocupando el mismo paso —replicó Menandros.
—No he dicho que debamos dejar de avisarnos.
Sophia esperaba una defensa más firme del reparto original. Titus podía señalar, con razón, que había reducido algunos conflictos y permitido cumplir varias retiradas difíciles.
En cambio, recorrió con el dedo las partidas anotadas.
—Leontios tiene razón en una cosa —dijo—. Hemos dejado demasiados movimientos pendientes de la misma autorización. Si un paso queda cerrado, se retrasan incluso las cargas que podrían utilizar otro recorrido.
Leontios guardó silencio.
—Eso no significa que cada casa pueda entrar cuando quiera —continuó Titus—.
Podemos separar los movimientos que dependen de la zona en reparación de aquellos que tienen otras posibilidades.
Las casas que compartan estos últimos accesos deberán ajustar entre ellas sus turnos y comunicar las modificaciones.
Las partidas más difíciles seguirán requiriendo una revisión conjunta.
Philostratos le pidió que señalara cuáles podían separarse sin afectar a los trabajos.
Titus comenzó a recorrer la relación.
Menandros añadió dos partidas de su casa. Leontios corrigió una fecha que no coincidía con lo prometido a uno de sus depositantes.
Sophia intervino cuando advirtió que una propuesta adelantaba una entrada a costa de desplazar una retirada antigua.
—Esa fecha no podemos modificarla sin consultar antes al propietario —explicó—. Lleva años trabajando con nosotros y aceptó sus condiciones contando con que retiraríamos la mercancía ese día.
Titus examinó la anotación.
—Entonces dejaremos esa partida fuera de la modificación hasta recibir su respuesta.
El acuerdo pasó a otra cuestión.
Sophia agradeció que nadie hubiera interpretado su observación como una objeción personal a Titus.
Se trataba de una dificultad real, y él la había tenido en cuenta.
Durante aquellas semanas lo había visto corregir propuestas de otros comerciantes. Aquella mañana, en cambio, estaba modificando una parte importante de su propio trabajo.
No pidió que conservaran cada condición anterior para justificar las horas dedicadas a prepararla. Fue señalando los movimientos que todavía podían cumplirse y aquellos cuya organización necesitaba cambiar.
Leontios continuó defendiendo el interés de su casa.
Quería aprovechar los espacios disponibles para recibir más mercancías mientras las restricciones impidieran otros movimientos.
Titus no le pidió que renunciara a ese beneficio, pero le exigió distinguir entre las cargas que podía custodiar y las que necesitarían una salida cuya fecha todavía nadie podía asegurar.
—Si aceptas más de lo que puedes guardar —le dijo—, dentro de tres días tendrás el mismo problema que intentas evitar hoy.
—También perderé dinero si dejo vacío un espacio que podría utilizar.
—Entonces acepta las partidas que puedas conservar sin prometer una retirada imposible.
Leontios examinó sus anotaciones.
—Puedo reservar una parte para cargas pequeñas durante un plazo breve. Después necesitaría retirar las mías antes de recibir otras.
Philostratos se inclinó hacia la mesa.
—No puedo concederte prioridad sobre un acceso cuya disponibilidad todavía desconocemos.
—No te estoy pidiendo eso —respondió Leontios—. Quiero que las otras casas sepan que no puedo comprometer ese espacio durante más tiempo.
Titus tomó una tablilla.
—Podemos dejar constancia de esa condición entre quienes utilicen los mismos accesos. No como un derecho sobre el paso, sino como un límite a las reservas que Leontios acepta. Si las reparaciones continúan, tendremos que volver a examinar las fechas.
Sophia observó cómo Leontios releía las condiciones.
Había reducido la amplitud de su primera propuesta. Ya no pretendía recibir tantas mercancías como permitiera el espacio mientras confiaba en conseguir después una salida preferente.
Su nuevo ofrecimiento era más limitado.
También parecía mucho más sencillo de cumplir.
—Eso puedo aceptarlo —dijo finalmente.
La discusión continuó bastante más de lo previsto.
Antes de darla por terminada, Philostratos pidió que no se comunicaran fechas nuevas como definitivas hasta que todos los representantes recibieran las copias corregidas.
—Los hombres necesitan terminar las reparaciones sin carros esperando detrás de ellos —recordó—. Si deben interrumpirse cada vez que una casa reclama el paso, tardarán más.
Los presentes comenzaron a recoger sus documentos.
Sophia guardó las relaciones familiares. Menandros había salido al corredor para hablar con uno de los encargados y ella quedó unos momentos junto a Titus mientras este ordenaba las tablillas destinadas a Leontios.
—La nueva distribución permite más cambios —comentó.
Titus levantó la cabeza.
—También exige que cada casa los comunique con cuidado.
—La anterior era más fácil de vigilar.
—Mientras los recorridos previstos siguieran abiertos.
Él entregó dos tablillas a un mensajero.
—Tendremos que aceptar algunas modificaciones durante el trabajo. Si intentamos impedirlas por adelantado, acabaremos retrasando movimientos que podrían hacerse.
Sophia sostuvo sus documentos.
La frase se refería a los accesos y las mercancías. Titus llevaba toda la mañana discutiendo esas cuestiones. No había ninguna razón para interpretarla como una alusión a la conversación que mantenían pendiente.
Sin embargo, recordó el patio donde habían decidido separarse durante unos días.
Titus había dicho que no sabía si Lykos aceptaría otra distribución de sus encargos. Ella había reconocido que tampoco podía garantizar una reorganización de las responsabilidades familiares.
Ambos necesitaban comprobar qué modificaciones eran posibles antes de prometer algo.
Sophia estuvo a punto de preguntarle si había hablado de nuevo con Lykos.
Sabía que su asociado había permanecido unos días en Éfeso y que después tendría que atender asuntos en otras ciudades. Tal vez habían encontrado tiempo para discutir las condiciones iniciales.
Pero aquella pregunta habría abierto precisamente la conversación que decidieron aplazar.
Sophia recogió la última tablilla.
—Menandros enviará las relaciones corregidas esta tarde.
—Las revisaré en cuanto lleguen.
—Bien.
Titus se apartó para dejarla pasar.
Sophia salió al corredor.
Habían trabajado juntos durante varias horas sin una palabra áspera. Titus la había escuchado cuando señaló una dificultad y ella había observado cómo él modificaba sus propias propuestas cuando encontraba motivos para hacerlo.
Ninguno había utilizado las obligaciones profesionales como excusa para acercarse ni para herirse.
Aquella formalidad era la que habían acordado.
Lo doloroso era cuánto echaba de menos lo que antes la acompañaba.
El tercer día comenzó con noticias contradictorias.
Un encargado anunció que la retirada de Philon había terminado antes de lo previsto. Poco después llegó otro hombre para advertir que una carga procedente del sur continuaba detenida porque el transportista había retrasado su recorrido.
Sophia examinó ambas informaciones.
Era necesario que Menandros conociera los cambios antes de modificar ninguna reserva, de modo que fue a buscarlo al tercer edificio.
No estaba allí.
El encargado le explicó que había salido con uno de los transportistas para comprobar un espacio que podrían utilizar provisionalmente mientras continuaran las reparaciones.
—Dijo que volvería antes de la comida —añadió—. Ha dejado instrucciones para recibir la partida pequeña si llega a tiempo.
Sophia pidió verlas.
La relación indicaba quién debía comprobar las marcas, dónde colocar los recipientes y a quién avisar si faltaba alguno. Había previsto también que no se aceptara otra carga hasta comprobar el espacio libre después de la entrada.
—Seguid lo acordado —dijo.
El encargado volvió a sus tareas.
Sophia recorrió el interior del edificio.
Entre las partidas más antiguas quedaban zonas vacías. Los soportes estaban en buen estado y el suelo había sido barrido después de la retirada del día anterior. La luz entraba por la puerta abierta y alcanzaba varios recipientes apilados junto a un muro.
Podía aprovechar aquella espera para examinar las condiciones de la próxima temporada.
Sacó la relación de reservas.