Lo que dejamos en Éfeso (Bajo el águila de Roma nº 6) Capítulo 20. La próxima temporada #4
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Capítulo 20. La próxima temporada #4

Titus llegó a media tarde. Sophia oyó primero la voz del criado que lo acompañaba por el patio y después su saludo a Herakleon, que regresaba de una visita cercana.

Cuando levantó la cabeza, Titus estaba en el umbral de la estancia con un estuche bajo el brazo.

Traía polvo en el borde de las sandalias y había recogido una esquina del manto para que no le estorbara al andar.

—Leontios ha aceptado cambiar el segundo turno —dijo—. Quería traer la copia antes de que hicierais otra con la hora antigua.

Sophia se levantó para recibirlo.

—El enviado se llevó nuestra respuesta al mediodía. Espero que no le hayamos prometido algo que contradiga tu tablilla.

—Solo afecta a una entrada de Philon. Podemos comprobarlo ahora.

Se sentaron uno junto a otro, con las cuentas extendidas entre ambos.

La corrección consistía en adelantar una retirada y dejar libre la puerta pequeña para un carro que llegaría desde el camino de Magnesia.

Titus indicó el margen que habían aceptado los encargados; Sophia comparó la nota con el acuerdo familiar.

No había contradicción. Podían conservar la reserva siempre que se informara al depositante de que la hora de entrada no podía modificarse por su cuenta.

—Menandros sabrá a quién avisar —dijo ella.

—Lo he visto antes de venir. Se ocupaba ya de otra entrega.

Sophia apartó las tablillas para que Titus pudiera cerrar el estuche.

A través de la ventana les llegó una breve disputa entre dos criados que movían un banco.

El tono de las voces cambió cuando uno encontró el modo de hacerlo pasar por la puerta.

Titus miró hacia el corredor y sonrió apenas, sin interrumpir lo que estaba diciendo.

—¿Habéis decidido algo sobre la temporada próxima? —preguntó.

Sophia había previsto contarle las condiciones, pero aquella pregunta le mostró que no había pensado por dónde empezar.

Podía describir las cifras, explicar los gastos y dejar para el final la distribución de tareas.

Eso la habría obligado a escuchar su propia decisión después de convertirla en una consecuencia inevitable de los números.

Prefirió decirlo en el orden en que había ocurrido.

—Hemos aceptado conservar parte de las cargas adicionales. Padre ha enviado la respuesta a Leontios esta mañana. El espacio del tercer edificio seguirá limitado a lo que Menandros ha calculado, y los depositantes antiguos conservarán sus fechas.

—Me alegro. Habéis conseguido que una dificultad de estas semanas os deje algo útil.

—Sí. Menandros ha preparado una propuesta muy buena.

Titus dejó el estuche sobre la mesa. Sophia continuó antes de que pudiera preguntarle nada más.

—Quería encargarse de la gestión diaria del tercer espacio y de los transportistas, mientras yo conservaba las relaciones antiguas.

Pero he decidido supervisar todo el conjunto durante la próxima temporada.

Así podremos corregir lo que falle al principio sin esperar a que una dificultad afecte a varias casas.

La pausa que siguió fue breve, aunque Sophia tuvo tiempo de ver cómo él dejaba de recoger sus notas.

No la interrumpió. Ella reconoció de pronto que acababa de usar el mismo tono con el que anunciaba una visita ya concertada o una compra necesaria para los depósitos.

La palabra temporada abarcaba meses. Lykos había hablado de meses también.

—No voy a dirigir cada entrada —aclaró—. Menandros conservará su trabajo. Yo responderé por las revisiones y por las decisiones que afecten al conjunto.

—Entiendo.

Titus apoyó una mano sobre el borde de la mesa.

Sophia recordó cómo había estado junto a ella la noche de la cena familiar, cómo había aceptado detenerse cuando ella se lo pidió, y la conversación junto al patio en la que ninguno quiso decidir por el otro.

Había aprendido a confiar en aquella prudencia.

Ahora, sin embargo, esperaba de ella algo que no sabía nombrar: una objeción, quizá, o una pregunta que la obligara a explicar qué lugar había dejado para el resto de su vida.

—He querido decírtelo yo —añadió—. No quiero que te llegue como una noticia entre otras. Pero tampoco te estoy pidiendo que cambies tu trabajo. La propuesta de Lykos es buena y tienes derecho a considerarla sin pensar que has de responder por lo que yo haya decidido aquí.

Al terminar oyó la frase con una claridad desagradable.

Siete años antes le había dicho algo muy parecido, de pie cerca de otra puerta, cuando Titus preparaba su partida.

Entonces había deseado que él entendiera sus obligaciones con la familia y que no renunciara por ella a un camino que había trabajado para conseguir.

Habían hablado con cuidado, convencidos de que respetar la elección ajena consistía en no ponerle obstáculos.

Sophia recordó la seguridad con que se había despedido de él, y cuánto tiempo tardó en admitir que también había deseado pedirle otra cosa.

Titus seguía frente a ella. No mencionó a Lykos ni intentó corregir la decisión de Herakleon. Retiró despacio la mano del borde de la mesa y la dejó junto al estuche cerrado.

—¿Ya has aceptado? —preguntó.

—Sí.