El deber de un líder escocés #5
Maitland obedeció, y Eva se desvió, rodeando el bote hacia el otro lado. Aún llevaba los lazos. No podría con Maeve y Grant a la vez, pero sí con el niño, y Sloan se ocuparía de Maeve.
El bote de Thane estaba a punto de llegar cuando estalló el combate. Uno de los botes se inclinó peligrosamente. Maeve gritó de nuevo, lo que ayudó a Eva a ubicarla.
Al llegar, tiró del vestido de Maeve y susurró:
—Entrégamelo. Maitland viene. Quédate cerca de Sloan. Él te salvará.
Nadie les prestó atención. El bote de Thane había llegado y el estruendo del choque de espadas y gritos de dolor resonaba en el agua como una guerra desatada.
Maeve, entre sollozos, le entregó al niño. Le ayudó a asegurar el lazo en su pecho, le dio un beso en la cabeza a su hijo y le dijo a Eva:
—Ve. Antes de que se me resbale. Hay agua en el bote… vamos a volcar.
Eva se alejó nadando, calmando a Grant hasta que dejó de retorcerse. Lia le dio algo a Maeve:
—Lo encontré. Los noruegos lo usan para mantenerse a flote. Sujétalo fuerte y salta. Yo me encargo de los demás.
Maeve miró al agua y se paralizó.
—No puedo.
Eva flotaba, sosteniendo a Grant sin dificultad.
—Tienes que hacerlo. Si volcamos, podrías golpearte la cabeza. Yo te mantendré a flote. Maitland llegará pronto. Te lo prometo. Él y Connor ya están cerca.
Maeve negó con la cabeza.
—No puedo. Ve con Grant. Dile que le amo.
Eva iba a insistir, pero vio a Lia lanzarse sobre Maeve con fuerza. La madre de Grant voló por la borda con un grito, pero sujetaba el artefacto con fuerza y volvió a la superficie de inmediato.
—¡Cogedla! —gritó O, de pie en el bote, ordenando a los hombres que saltaran.
Pero Lia alzó los brazos y del fondo emergió una criatura.
Eva sintió que se le helaba la sangre. Su cuerpo se deslizaba por el agua más rápido que cualquier nave.
Eva se acercó a Maeve para evitar que entrara en pánico, la cogió del vestido y tiró de ella, pataleando juntas hacia la orilla con todas sus fuerzas.
La criatura tenía cabeza de serpiente y la cola cortó el agua en un gran arco hasta impactar contra el bote, volcándolo por completo y lanzando a todos sus ocupantes al agua.
Eva nadaba y nadaba mientras los hombres gritaban, las espadas chocaban, los puños crujían y la sangre teñía las aguas del canal. ¿Qué demonios estaba viendo? Maeve sollozaba, pero mantenía la cabeza por encima de la superficie.
Y, para acabar de asustarla, la cara de Sloan emergió del agua, pero jamás se alegró tanto de ver a alguien.
—¿Eva, lo llevas bien sujeto?
—Sí, pero coge a Maeve, está entrando en pánico.
Con un par de brazadas, él estaba a su lado.
—Maeve, ya estoy aquí. Te sostengo.
Sloan le pasó un brazo por encima del pecho y deslizó el cuerpo bajo el de ella para mantenerle la cabeza fuera del agua.
—Te tengo. Pero no luches contra mí o nos hundiremos los dos. Relájate, Maeve.
La voz de Connor resonó:
—¡Vamos hacia vosotros! Dyna y Maitland están a punto de llegar. ¡Aguantad!
La criatura volvió a salir del agua, y Grant soltó una carcajada, saludando al monstruo reptiliano.
¿Qué demonios estaba ocurriendo?
Maitland apareció entre Sloan y Eva.
—Estoy aquí, Maeve. ¿A quién debo llevarme?
Sloan respondió:
—A ninguno, Maitland. Grant está atado a Eva con seguridad, así que nada junto a ella hasta que toque fondo. Maeve está tranquila conmigo, y no me arriesgaré a moverla. Hay demasiado fuego y caos como para detenerse.
—Maitland, estoy bien. Sloan y Eva nos han salvado a los dos —dijo Maeve.
Connor y Dyna nadaban a ambos lados del grupo, y Dyna preguntó:
—Papá, ¿estás viendo a tu sobrino con la criatura?
—Ya me he fijado —contestó Connor—. Se lo está pasando bien, ¿no?
—Un poco demasiado bien, diría yo —replicó Dyna.
Maitland miró a su alrededor y preguntó:
—¿Dónde está Lia?
—Estaba todavía en el barco cuando saltamos —respondió Eva.
Dyna giró sobre sí misma, escudriñando en todas direcciones antes de continuar:
—No la veo en el agua, pero no me preocuparía por ella. Creo que está controlándolo todo.
—Me empujó al agua justo antes de que apareciera la criatura —dijo Maeve—. No la he vuelto a ver desde entonces.
Grant señaló a la criatura y pronunció la primera palabra que le habían escuchado jamás:
—Wia. —Y luego soltó otra risita—. Wia.
Capítulo Cuarenta y dos
Dyna descubre más cosas sobre las habilidades especiales de sus niños.
—Diamante, si vuelve a pasar, nos iremos de Mull.
Alasdair soltó una risita desde la escalera, y Dyna negó con la cabeza.
—Soy la señora de estas tierras, Derric. Nos quedamos.
Entonces echó un vistazo hacia sus padres, que acababan de entrar en el salón.
Alasdair dijo:
—Yo me voy a casa, a ver si Emmalin quiere regresar con nuestros pequeños.
Sela preguntó:
—¿Y crees que todos estos secuestros le impedirán venir?
Alasdair bufó.
—Emmalin cree que yo los salvaré de todo. No se preocupará, pero ya veremos. ¿Y tú, jefe? ¿Vas a volver?
Antes de que Derric respondiese, Alaric bajó volando las escaleras, corriendo hacia la cocina para volver con algo de beber y un cuenco vacío.
—¿Está bien Eli?
Alaric se encogió de hombros.
—Otra vez devolviendo el alma por la boca esta mañana. Le prometí algo de beber, así que me marcho.
—¡Yo apuesto por un varón! —gritó Alasdair.
Dyna dio un pequeño chillido.
—¡No, será una niña!
Alaric subió los peldaños de dos en dos, riéndose.
Tora, Sandor y Sylvi estaban ocupados haciendo juguetes para sus nuevos amigos, preparándose para la fiesta que se avecinaba. Les llevaría un buen rato fabricar los animalillos de trapo y una espada para Magni.
—¿Dónde está Logan? —preguntó Connor.
—Tenía una reunión. Gwynie fue con él. Se llevó su arco también.
—¡Faisán! Estoy deseando que traigan uno bien gordito —gritó Dyna.
Justo en ese instante, Sandor se levantó del suelo y empezó a correr en círculos. Tora hizo lo mismo, pero en dirección contraria.
—¿Qué haces, Sandor? —preguntó Connor.
—¡Abelo me pesigue! —dijo entre risitas.
—No, no te persigo. Necesito descansar al menos un día de tanta emoción. Ya soy un hombre mayor.
Tora dijo:
—No tú, abuelo. Abuelo Alex persigue a Sandor.
Connor alzó la vista hacia Dyna, quien le susurró:
—Él también los vio en Ulva. Dijo que cuidaban de ellos.
—¿Ellos? ¿Quiénes? —preguntó Alasdair.
Tora respondió:
—Abuelo Alex y abuela Maddie. Abuelo nadó con Eva y Sandor. Abuela nadó con Eva y conmigo.
—¿Eva tuvo ayuda nadando? —Alasdair miró de uno a otro, pero ninguno de los adultos dijo nada. Los dos pequeños corrían y reían.
Connor dijo:
—Yo no vi a nadie más. Solo a Eva nadando con todas sus fuerzas, con los dos pequeños atados al torso.
Le costaba, pero sus brazadas eran potentes.
No había nadie visible con ellos en el agua.
Pero pregunta a Maeve. Ella cree que mamá y papá estaban con ellos en el calabozo.
Dijo que olía a manzanas… y a lavanda. Le resultaba reconfortante.
—¡No, Shakie, no!
Con los ojos como platos, Alasdair preguntó:
—¿Quién te persigue ahora, Sandor?
—¡E’ tío Shakie me pesigue!
Alasdair se quedó de pie, inmóvil, observando al pequeño correr en círculos por el salón mientras gritaba el nombre de su padre, Jake. John Alexander Grant, apodado Jake por su hermano gemelo Jamie. Muerto hacía ya tiempo.
—¿Papá? —susurró Alasdair, y entonces Sandor se detuvo y lo miró.
Señaló en su dirección y dijo:
—Tío Shakie e’tá ahí.
El aire alrededor de Alasdair se impregnó con el potente aroma a hojas de menta, el mismo que su padre masticaba cada mañana. Y ese olor le llenó el pecho de todo lo que Jake Alexander Grant había sido… en cuestión de segundos.
—Papá…
Connor se colocó a su lado y le susurró:
—Sí… está aquí. Jake, te echamos de menos.
Sela tenía lágrimas corriéndole por las mejillas.
—Connor, nos quedamos. Alasdair, cuando vuelvas a buscar a Emmalin, tráete también a Hagen y Morgan. Astra les echa de menos. Nos quedamos donde estén tus padres. Emmalin y tus pequeños deben estar donde está Jake.
Alasdair asintió.
—Volveremos, tía Sela. No puedo llevarte la contraria.
Y entonces alzó la vista hacia los ojos de su tío.
—¿Tú lo crees?
Connor asintió, lento.
—También lo sentí, Alasdair. Era mi hermano.
Tan rápido como se habían levantado, los dos pequeños regresaron a sus juguetes en mitad del salón. Sandor agitó la mano al aire.
—Ados, tío Shakie.
Pero entonces se detuvo, volvió corriendo y dijo:
—¿Qué, tío Shakie?
Alasdair se quedó congelado, como si viese a su querido padre frente a él. Sandor volvió a correr, se paró y dijo:
—Tío Shakie dice que vo’veá.
Y salió disparado otra vez hacia sus juguetes, saludando con la mano a algo.
O a alguien. A Shakie. A Jake. A su padre.
El salón quedó en silencio, todos digiriendo lo que acababan de presenciar. Hasta que Dyna preguntó:
—Sandor, si el abuelo Alex te ayudó a ti, y la abuela Maddie ayudó a Tora… ¿quién ayudó a Grant?
Sandor respondió:
—Eva y tío Shakie aiudaon a Gwant.
Tora asintió, pero añadió:
—Y Lia.
Connor murmuró:
—Nos quedamos. Le prometí a Logan que le ayudaría con una última tarea. Le dimos nuestra palabra a un muchacho, y tenemos que hacer lo que esté en nuestras manos.
—¿A Magni? —preguntó Dyna.
—Sí —respondió Connor, levantándose y acercándose al aparador para servirse un trago rápido del licor ámbar que Sloan les había dado.
—¿Para qué exactamente, papá? —preguntó Dyna.
—Para ayudarle a descubrir qué ocurrió con sus padres.