Lo Mejor de Dyna Grant (Momentos Especiales de las Highlands 5) Capítulo siete
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Capítulo siete

La historia fue larga, pero ella tenía mucho en lo que pensar.

Miró al hombre sentado frente a ella.

—Te agradezco tu paciencia, Maitland. A veces, me veo obligada a ordenar todas las visiones y los acontecimientos en mi mente.

—Soltó un suspiro porque la historia estaba a punto de terminar, y la parte importante que tenía que transmitir estaba a punto de llegar.

Ella y Maitland habían estado sentados juntos toda la mañana porque le había llevado todo ese tiempo contarle la historia completa.

Nunca le había contado todo de forma tan directa a nadie, excepto a su padre y a Derric.

Pero ahora se sentía más tranquila tras haberle explicado todo a Maitland, sabía que él necesitaba esa información para comprender lo que tenía que decirle a continuación.

—¿Y por qué has venido a contarme todo esto, Dyna? —preguntó Maitland.

—Ya casi he terminado, Maitland. Hay una pieza más del rompecabezas que debes entender.

—Te escucho. —Cogió su jarra de ale y dio un largo trago antes de volver a dejarla sobre la mesa.

—Anoche me desperté empapada en sudor frío y salté de la cama.

—Cuéntamelo todo.

Ella repasó todos los detalles en su mente antes de contárselo a Maitland.

—Me desperté sobresaltada. —Repasó mentalmente todo lo que había sucedido para poder filtrar lo que era importante. Maitland no necesitaba saber todo lo que había pasado.

Cuando se despertó, Derric le dijo:

—Diamond, ¿qué te pasa?

—No lo sé. Algo en mi sueño —dijo, saliendo de la cama para apoyarse contra la pared, como si la fría piedra fuera a devolverla al mundo real y sacarla del sueño en el que acababa de estar.

Se pasó ambas manos por la cara, tratando de recordar todo lo que le habían dicho mientras dormía. —La misma mujer.

—¿Quién? —preguntó Derric—. ¿La de los cabellos dorados de hace mucho tiempo?

—Sí. Era ella, sin duda. Su pelo nunca se mueve. ¿Te lo había dicho alguna vez? —Miró a su querido marido, que tenía esa extraña sonrisa en el rostro.

—Sí, me lo has contado. ¿Qué te dijo esta vez?

Dyna cogió la manta y se envolvió en ella, ya que no quedaba fuego en la chimenea, y luego se acercó para sentarse en una de las sillas.

—Fue muy parecido a la última vez, excepto que esta vez me dijo que tenía a alguien más a quien cuidar.

—¿Qué te dijo exactamente? —preguntó Derric, cruzando los brazos.

—Le dije que creía que ya había terminado, pero no respondió como esperaba.

La mujer de cabello dorado se acercó a ella y le rodeó los hombros con un brazo.

—Dyna, hiciste un buen trabajo con tu abuelo. Y ten por seguro que se siente muy feliz de estar de nuevo con su querida Maddie. Pasan el tiempo observando a todos sus descendientes ocuparse de sus tareas diarias.

—¿Te ayudan? —preguntó Dyna.

—No, no me ayudan en absoluto. Se han ganado el derecho a relajarse y disfrutar el uno del otro.

—Entonces, ¿qué te trae por aquí? Creía que ya había terminado.

—Nosotros también pensábamos que habías terminado, pero ha surgido algo más, y estás bastante cerca de quienes necesitan protección.

—¿Porque podrían sufrir graves daños?

—No. Porque sus vidas tienen mucho valor. Tienen tareas importantes que cumplir, por lo que te pedimos que hagas lo que puedas por ellos, tal y como hiciste con Alexander Grant. ¿Estás de acuerdo?

Derric preguntó:

—¿Sabes quién es la persona que ella quiere que protejas?

—Sí, todos ellos.

—¿Todos ellos? ¿Cuántos? —La sorpresa en el rostro de Derric reflejaba la reacción de Dyna ante este nuevo giro de los acontecimientos.

—Tres.

Derric escuchó y dijo:

—Si alguien puede hacerlo, esa eres tú. Iré dondequiera que debas ir.

—¿Estás seguro, Derric? Cuando nos casamos, no sabía que se me encargarían tales tareas. Sabía lo del abuelo, pero esto es más. —El pobre Derric había tenido que sustituirla tantas veces con los pequeños…

Derric dijo:

—Diamond, el día que me tiraste al suelo y me pusiste la bota en el pecho supe que ibas a ser todo un reto. Y sigo encantado con los retos. Este suena interesante para ti.

Dyna salió de su silencio y se volvió hacia Maitland para terminar la historia.

—Derric es tan bueno conmigo, y ha accedido a acompañarme allá donde me necesiten.

—¿Adónde vas, Dyna? ¿Y a quién tienes que proteger?

Dyna soltó un gran suspiro y luego sonrió.

—Tres personas: Alaric y Eli.

Maitland dijo:

—No me sorprende. Forman una pareja poderosa. Pero son sólo dos personas. ¿Quién es la tercera?

Dyna sonrió y se acercó para ponerle la mano en el hombro.

—Tu hijo que todavía no ha nacido, Maitland. Me han encargado proteger a tu hijo.