Capítulo 44 #3
—Todos tenéis muchas marcas. ¿Por qué antes no podía verlas? Me dijiste que quienes tenían sangre de un dios podían verlas.
Sí que se lo había dicho y, ahora que lo mencionaba, tenía razón.
Debería haber podido verlas desde el principio.
La única explicación que se le ocurría era que quienquiera que hubiera confinado su poder había dejado sin efecto de alguna forma toda la magia de su estirpe.
Ciertos retazos de su poder se habían abierto paso cuando sus emociones se habían intensificado y, siendo sincero, a Theon le preocupaba un poco que ocurriera lo mismo incluso con los brazaletes puestos.
—¿Cada una tiene un significado distinto? —preguntó cuando Theon no respondió.
—Sí.
—¿Puedes hablarme de ellas?
Enarcó una ceja y se metió las manos en los bolsillos de los pantalones holgados.
—¿Quieres saber más sobre las marcas?
—Sí, por favor.
La expresión de cortesía hizo que ambas cejas se le alzaran.
—Puedo hablarte de las marcas.
—¿Y mis lecciones? ¿Cuándo empiezan?
Theon les echó un vistazo a Luka y Axel , que se encogieron de hombros.
—Los fae comienzan las clases dentro de tres días. Tú también las empezarás entonces.
—¿Contigo?
—Algunas —respondió con un asentimiento.
—¿Y madre Cordelia ?
—Creo que es algo que tendríamos que reconsiderar, pero no lo haremos esta noche.
—¿Y entrenar con mis poderes?
— Tessa —suspiró Theon —. ¿Podemos dejarlo para mañana, cuando todos hayamos podido descansar un poco?
—Claro —murmuró, sin parar de alisar el tejido del reposabrazos con los dedos.
Reinó el silencio, pero Axel solo tardó unos segundos en romperlo.
—Me voy a la cama —dijo y se levantó a duras penas—. Juro que todavía puedo sentir las descargas fantasmas del poder de ese capullo. —Se giró hacia Tessa —. ¿Todo bien, muñeca?
Dejó de mover los dedos para alzar las muñecas.
—Estaría mejor si me quitaras esto.
Él soltó una carcajada.
—Dentro de nada no te harán falta —respondió y se agachó para darle un beso en la mejilla—. Que descanses.
—Igualmente —murmuró, volviendo a bajar las manos a su regazo. Cuando Luka se puso de pie, alzó la vista, llena de esperanza—. ¿Mañana entrenamos?
Luka la estudió un buen rato. Theon conocía esa mirada; estaba intentando encontrar una solución. Finalmente, le dijo:
—Espera a ver cómo te encuentras por la mañana, ¿vale?
Ambos sabían que no entrenaría al día siguiente.
Tessa no respondió y, cuando Luka y Axel se fueron de la habitación, cerrando la puerta con cuidado a su espalda, Theon se acercó a ella. Se acuclilló delante del sillón y alzó la vista a esos ojos grises y violetas.
—Sé sincera, Tessa . ¿Cómo estás?
Ladeó la cabeza.
—Me dijiste que te mintiera.
—Pero ahora necesito que me digas la verdad.
—Mentira y verdad. No se pueden tener las dos. Como tampoco se pueden tener luz y oscuridad, principios y finales.
Alzó la mano y le acunó la mejilla.
—Pequeña tormenta, estás agotada. Dentro de nada amanecerá. Vayámonos a la cama y ya mañana hablaremos de todo eso.
Ella murmuró y empezó a pasar los dedos por el reposabrazos otra vez. Lentamente, bajó la mano de su mejilla para cubrirle los dedos.
—¿Te duele la cabeza? Axel ha dicho que le dolía mucho. Puedo intentar curarte.
—No puedes curarme, Theon .
—Eres mi fuente. Claro que puedo.
Sus labios se curvaron en una sonrisa escalofriante.
—Tendrías que encontrar todos los pedazos de mi alma y está demasiado destrozada como para repararla.
Lo que decía no tenía ni pies ni cabeza y debía estar exhausta después del día que había tenido.
Se levantó y, cogiéndola de la mano, la puso de pie de un tirón antes de llevarla hasta la cama.
Se subió al colchón detrás de ella y se quedó atónito un instante cuando se acurrucó contra él y apoyó la cabeza en su pecho.
Pero rápidamente la rodeó con un brazo, inhalando su aroma, disfrutando de la sensación de tenerla presionada contra el torso desnudo.
Ella empezó a trazarle las marcas con un dedo.
—Yo ahora también tengo esta —dijo mientras trazaba la que tenía en el brazo, idéntica a la suya. Su aliento le hizo cosquillas en la piel, que, de repente, notaba demasiado caliente.
—Así es —concedió.
—Y esta —dijo, recorriéndole con el dedo la marca de trato en sus costillas.
—Sí —respondió, tenso por el contacto.
Solo le hizo falta un puñetero dedo para desatar los recuerdos de las noches en que le había dejado tener pedacitos de ella.
Su mano se deslizó por su torso hasta el otro costado. Trazó el triángulo invertido atravesado por tres líneas horizontales que se encontraba en el lado opuesto a la marca de trato que compartía con ella.
—Esta no la tengo.
—Jamás la tendrás.
—¿Qué significa?
Le dio un beso en la frente y le acarició el pelo con la mano.
—Mañana, Tessa .
No volvió a decir nada más y él lo agradeció, porque no sabía cómo responder a todas sus preguntas repentinas. Necesitaba algo de tiempo para resolver todo eso e investigar algunas teorías. Pero ni siquiera entonces le diría lo que era esa marca.
No le diría el trato que había tenido que hacer con su padre a cambio de su ayuda.