Lluvia de sombras y finales (Legado 1) Capítulo 45
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Capítulo 45

Tessa

—Sujétala —dijo Theon , haciendo girar la daga negra en la mano.

—¡ Theon , no! ¡Por favor, no lo hagas! —sollozó.

—Shh, pequeña —la tranquilizó Luka —. Pronto, todo habrá terminado.

El dragón estaba cerca de su cabeza, presionándole los hombros contra el suelo. Axel se encontraba junto a ella y sus sombras se le enroscaron en las piernas, inmovilizándoselas.

—No nos queda más remedio, preciosa —dijo Theon , aún cernido sobre ella, con la brisa alborotándole el pelo.

Caía una llovizna y truenos retumbaban a lo lejos.

—Sigo pensando que hay otra forma de interpretar esto.

La cabeza de Tessa se giró de golpe hacia un lado y se encontró con un hombre alto.

Por algún motivo, le resultaba familiar, pero estaba segura de que no le conocía.

Tenía una espada sujeta a la espalda, al igual que la mujer que estaba a su lado.

Llevaba el pelo rubio rojizo recogido en una trenza sobre el hombro y llamas titilaban en sus ojos.

—La vida otorga y la muerte quita —dijo Theon —. No hay otra forma de interpretar eso. No si queremos salvar nuestro mundo.

Durante mucho tiempo Tessa había deseado morir y, ahora, en ese momento, no quería hacerlo. Por fin había encontrado algo por lo que luchar y hasta eso pensaban arrebatarle.

—¡ Theon , no lo hagas! —volvió a chillar—. ¡Es más que un vínculo! Ahora lo sé.

Unos ojos esmeralda se desviaron hacia ella.

—Tienes razón y ahora entiendo lo que significa: soy el único que puede hacer esto.

Estaba retorciéndose en el suelo, intentando zafarse de Luka y Axel , pero de nada servía. Eran demasiado fuertes, y el anillo que llevaba en el dedo le impedía acceder a sus dones.

—¡ Theon , por favor!

—Es un error —estaba diciéndole la mujer de fuego al otro hombre—. Lo cambiará todo.

—No podemos intervenir —respondió este mientras hacía el amago de tocarla—. Alterará el…

—Que le den al equilibrio —dijo la mujer, iracunda, y le apartó las manos de un manotazo.

—Hazlo ya, Theon —le ordenó Luka con las pupilas verticales y los ojos brillando.

Axel se negaba a mirar a ninguno de los dos, pero eso que resplandeció en sus ojos cuando se cruzaron con los suyos era arrepentimiento.

—Lo siento, muñeca —murmuró antes de darle la espalda.

—Puede venir aquí —estaba diciendo la mujer con la voz cargada de pánico—. Puede parar esto.

—Ni siquiera ella sería lo bastante rápida —respondió Theon .

Se dejó caer junto a Tessa y le apartó el pelo de la frente.

—Siempre serás mía, Tessa . Sea en esta vida o en el Después.

—Por favor, no me mandes a la oscuridad sola —susurró. Ya había dejado de resistirse, pero le temblaba el cuerpo.

El hombre y la mujer estaban discutiendo, pero no podía oírlos. No cuando se perdió en unos ojos esmeralda oscuro y su pelo negro. En un pequeño hoyuelo y en unos labios a los que había besado tantas veces que había perdido la cuenta.

—Siento haberte fallado, pequeña tormenta —dijo Theon y la tristeza atravesó sus ojos.

—Siento haberte amado demasiado tarde. Pero soy tuya. Cada pedacito de mí lo es.

Theon no dijo nada más.

Solo alzó la daga sobre su pecho y se la clavó en el corazón.

Parpadeando, Tessa abrió los ojos. La visión final de su última evaluación todavía se repetía en su cabeza.

Putas sacerdotisas.

Hacían todo lo que se les ocurría con tal de forzar a que sus dones se manifestaran. Hasta tratar de hacerle creer que podría llegar a amar al hombre que la abrazaba.

La respiración de Theon era profunda, pero no la había soltado ni un poco. Por ella, bien. El vínculo resultaba reconfortante mientras zumbaba de la alegría en su pecho. Le parecía gracioso que se hubiera pasado tanto tiempo resistiéndose a él cuando podría haber estado usándolo desde el principio.

Necesitaba levantarse y estirar las piernas, así que se removió, pero Theon murmuró:

—¿Adónde vas?

—A por una copa —susurró y apartó con cuidado el brazo con el que la rodeaba.

Él resopló, pero no volvió a moverse, y ella se escabulló de la cama. Se puso la térmica que había dejado fuera. Se dirigió a la salita de estar con la esperanza de encontrar una botella de alcohol, pero no había nada. Menuda decepción.

Se encogió de hombros y atravesó la habitación en la otra dirección, rumbo a un ven tana l.

Abrió la pesada cortina y, bajo el brillo tenue del amanecer, solo pudo distinguir las tierras más oscuras de las llanuras Sombrías, que empezaban a volverse visibles a lo lejos.

Se había dado cuenta de que las mansiones de las familias gobernantes en realidad se encontraban en sus correspondientes reinos, justo al límite de las fronteras de la Acrópolis.

Demasiado inquieta para volver a la cama, arrastró una silla del vestidor y tomó asiento cerca de la ven tana . Con el codo contra el alféizar, apoyó la barbilla sobre la mano, deseando que esa habitación tuviera balcón. ¿Qué clase de mansión no tenía aposentos con balcón?

Seguro que la del lord de Achaz tenía balcones en todos los dormitorios. Con vistas al río Wynfell , en vez de a oscuras tierras áridas.

Soltando un suspiro, por fin se permitió plantearse algunas de las cosas que Rordan Jove le había dicho.

No era fae. Ni siquiera mitad fae.

Entonces, ¿qué era?

Eso era lo que le había preguntado al lord.

Estaba claro que tenía dones de Achaz . Había dado por hecho que era un legado de Achaz , pero Rordan no había parecido muy convencido.

Cuando le había preguntado por qué, él le había dicho que no solo la fuerza de sus dones sugería lo contrario, sino que, además, no estaban limitados a Achaz .

Achaz no podía invocar una tormenta en un lugar cerrado.

Le había hecho más preguntas, algunas simples y otras más complejas, y él le había respondido todas y cada una de ellas. Hasta las que no podía contestarle del todo, llegando incluso a decirle lo que pensaba y de dónde sacaba esas teorías.

Sin secretos.

Sin ocultarle nada.

Respuestas honestas y genuinas.

O eso había parecido.

Los legados nunca podían ser honestos y genuinos. Siempre querían algo. Siempre tenían en mente lo que podía ofrecerles.

Se quitó la goma del final de la trenza para deshacérsela y dejar que el pelo todavía húmedo le cubriera los hombros.

No se dio cuenta de que había empezado a tararear hasta que cruzó los brazos sobre el alféizar, apoyando la barbilla encima.

La letra de la canción daba vueltas en su cabeza, al son de la melodía que tarareaba suavemente.

«Todo debe tener un equilibrio. Principios y finales. Luz y oscuridad. Fuego y sombras. El cielo, el mar, los reinos».

Una y otra vez, tarareó la balada mientras sus pensamientos pasaban de un tema a otro.

Ya no sabía en quién confiar, así que no confiaría en nadie.

No hasta que le hubieran demostrado que podía hacerlo.

No hasta que le hubieran dado una razón para creer que no había un motivo oculto tras cada palabra y acción.

«Pero cuando se inclinen las balanzas y se desate el caos, ¿quién luchará? ¿Y quién caerá?».

Dex había estado allí, asignado al Reino de Achaz .

Con el pelo blanco roto curvándose en torno a los hombros, suave y lleno de plumas.

Espera, no. Eso no había tenido sentido.

En eso se había equivocado, pero había estado allí.

Lo cual seguía siendo raro. Incluso aunque le hubieran seleccionado pronto, ¿qué hacía en la casa privada del lord de Achaz ?

«No me he pasado los últimos veinte años en este mundo olvidado para fracasar ahora».

Olvidado.

Olvidaron al mundo.

La olvidaron a ella.

«Pues la oscuridad debe doblegarse; y la luz gobernar. Pero el caos no escogerá. Controlad lo incontrolable o la única ganadora la furia será».

El vínculo pareció soltar un quejido dentro de su alma, en busca del tacto de Theon una vez más.

Qué vínculo más estúpido. Pero eran más que eso.

Theon no paraba de repetirlo. Y ella no paraba de negarlo.

Más que amo y fuente. ¿Qué era lo que Luka había dicho?

Que eran dos fuerzas que deberían repelerse.

Pero que, sin embargo, se sentían constantemente atraídos el uno por el otro.

Opuestos que solo creaban caos cuando entraban en contacto.

«La vida otorga y la muerte quita, pero el sino necesita más».

Más. Siempre querían más. Nunca era suficiente. Ni para madre Cordelia . Ni para Dex . Ni para Axel , Luka o Theon . Siempre presionándola, diciéndole que se esforzara más, que diera más y más y más. Que, si tan solo pudiera controlarse, no ser tan rebelde, su vida sería más fácil.

Todos eran una panda de mentirosos.

Se enderezó de repente y se tiró de uno de los brazaletes que tenía en las muñecas para sacárselo.

El otro se lo dejó. Había sentido alivio cuando Theon le había quitado los que Rordan le había puesto.

Luego, había entrado en pánico cuando había sacado un par nuevo.

Pero esos no eran como los de Rordan . Los brazaletes con los que el lord de Achaz la había contenido habían parecido drenarle poco a poco la magia.

Esos… Bueno, esos solo parecían atrapar su poder dentro y, por lo visto, el resto creía que no podía quitárselos a su antojo.

Así que dejaría que siguieran pensándolo hasta que descubriera por qué. Necesitaba que mantuvieran su magia bajo control hasta que aprendiera a hacerlo ella misma, pero estaba acostumbrada a pensar sobre la marcha.

A improvisar planes.

A fin de cuentas, mentía genial.

«El destino llama y el sacrificio exige. ¿Quién quedará en pie cuando el caos reine?».

Una y otra vez tarareó la balada.

Una y otra vez pensó en todos los secretos que le ocultaban.

Los encontraría. Los descubriría del primero al último. Y no solo sobre ella. Sobre Theon . Luka . Axel .

Sobre el lord de Achaz y el lord de Arius .

Sobre todos los reinos.

Sobre Devram .

Descubriría todos sus secretos y, entonces, decidiría qué hacer con ellos. Entonces, decidiría si lo que el lord de Achaz le había dicho era cierto.

Que la habían olvidado allí con un objetivo.

«Todo debe tener un equilibrio. Principios y finales. Luz y oscuridad. Fuego y sombras. El cielo, el mar, los reinos».

Con una pequeña sonrisa curvándole los labios, echó un vistazo al cuerpo dormido de Theon .

Lo había conseguido. La había roto, la había hecho sangrar. Había destrozado tanto su alma que no había forma de repararla.

Así que se construiría una nueva. Una que nadie pudiera tocar, que nadie pudiera romper. Una que hacía lo que tenía que hacer sin sentir remordimiento. ¿No era eso lo que le había dicho Theon ?

Se levantaría.

Sería la puta tormenta.

Porque la luz tenía una particularidad.

Cuando era lo bastante fuerte, podía destruir la oscuridad.